Un estudio de aproximación a la décima cimarrona en Tumaco

 

Por: Genith Solis Peralta

Genithsolis23@hotmail.com

 

La modernidad nos brinda  la posibilidad vivir en medio de un universo informativo en el que el ser humano se encuentra sumergido, pero a veces tanta información conduce a que en ocasiones se viva de alguna manera confundido, por ello considero necesario  que para iniciar el camino investigativo hacia el estudio de la décima cimarrona es importante aclarar a qué nos estamos refiriendo cuando hablamos de la décima. Pues ella surge  de la interacción social entre sujetos que hacen parte de una cultura determinada, estas comunidades reciben diferentes nombres, unas veces son llamadas comunidades negras, otras comunidades afro-colombianas. Por lo que creo, llego el momento de reconocer las diferencias entre éstos dos términos, para lograr  usarlos adecuadamente.

En aras de aclarar este dilema nos apoyaremos  en los planteamientos aportados por el estudioso africanista Belga Jean Rahier, quien apoyado en el francés Roger Bastide hace algunos planteamientos, pero a la vez a precisa que a pesar de no ser un gran investigador de campo, estudió las supervivencias religiosas africanas entre los negros brasileños: Sus principales obras etnográficas son: “ Le Candomble de Bahía”(Paris,1958) y “Les Religions Africaines au Brésil”(Paris,1960). Bastide no es un gran teórico, sino un hombre dedicado a las clasificaciones; inventó unas categorías que, si bien conoció de cerca únicamente la situación del Brasil, declara válidas para todas las comunidades americanas.

El primer concepto de  categoría que me interesa tratar aquí son los de “sociedades africanas” y de “sociedades negras” en donde insiste Bastide que mientras no dispongamos de monografías exhaustivas que den cuenta de determinadas comunidades de negros americanos, quedará imposible trazar una línea divisoria objetiva y científica entre los dos tipos de “civilizaciones”(africanas y negras).(….) Sin embargo, tenemos ya monografías parciales y fragmentarias en cantidad suficiente, como para sacar algunas conclusiones seguras.

Estas conclusiones seguras son las definiciones que él da a las dos categorías de “sociedades”,”civilizaciones” o “comunidades” africanas y negras (él utiliza estos tres términos como sinónimos).

Las sociedades africanas son: aquellas donde los modelos africanos triunfan de la presión del medio englobe; por cierto, esos modelos tienen que modificarse para poder adaptarse, dejarse aceptar (R. Bastide, pág. 49:1973).

Las sociedades negras son: (“negra” es de nuevo la traducción del adjetivo francés ”negré” y no de “noir”). Son aquellas donde, en cambio, la presión del medio englobante ha sido más fuerte que los restos de la memoria colectiva debilitada por siglos de vida servil, pero en las cuales la segregación racial no ha permitido al descendiente del esclavo aceptar los modelos culturales de sus antiguos dueños. En este caso el negro tuvo que inventar nuevas formas de vida en sociedad, capaces de responder a su aislamiento, su régimen de trabajo, sus necesidades nuevas; las llamaremos “comunidades negras”, porque el blanco queda afuera, pero no “africanas ya que estas comunidades han perdido el recuerdo de sus antiguas patrias.” (R. Bastide,:1973 pág. 49).

Bastide precisa después que estos dos tipos de comunidades constituyen los dos polos de un continuum entre los cuales vienen a colocarse los distintos casos de la realidad concreta. Las comunidades que hubieran guardado más elementos culturales africanos se avecinarían al polo “africano” y los que hubieran guardado menos, se avecinarían al polo “negro”(J. Rahier :1980 pág. 10)

Estudios que nos permiten entonces afirmar que si bien es cierto reconocemos, defendemos y reivindicamos las raíces africanas, también es cierto que debemos reconocer que la colonia hizo muy bien su trabajo desligándonos de los antepasados, de tal manera que en nuestras comunidades que reconocemos como “negras” sólo quedan algunos vestigios de la cultura africana y que son a las que hoy nos aferramos para tratar que no desaparezcan del todo en la memoria colectiva.

Hechas las aclaraciones por parte de los africanistas  J. Rahier y R. Bastide; es pertinente entonces que en ésta investigación denominada Estudios de la décima cimarrona en Tumaco, identifica como centro de interés la oralidad, es decir a  la cultura vernácula.  Cuando hablamos de vernácula traemos al presente la idea de cultura, en donde las tradiciones heredadas de la africanía se hacen presente en  los saberes ancestrales, que surgen al interior de las comunidades negras, ellas  me sitúan en lo propio, es decir en sujetos concretos, contrario a sujetos cultos que dominan una cultura con relación al gran canon universal.

La décima cimarrona que podríamos llamar decima negra  según los aportes de Rhier, se nos convierte entonces es un género de creación verbal, que aunque se les reconoce a algunos creadores,  va más allá del ingenio del autor, lo que la hace verdaderamente significativa. Ella tiene un asidero social, es decir que se nutre y alimenta en forma creativa y renovadora por parte del colectivo, estamos más allá del arte literario estático y diferido, pues ella es dinámica porque tiene un  sujeto particular inserto en una cultura que la renueva permanentemente, permitiéndonos sacar a los sujetos más allá de la escuela física, el lenguaje puesto en contexto como elemento trasformador del  tejido social.

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