¿Y nuestra industria, qué?

Por: Pablo Ernesto Vallejos Cifuentes

Estudiante de Ingeniería Industrial

Universidad Nacional de Colombia

 

 

Ningún nariñense, partícipe o no de los hechos, es ajeno al descalabre financiero de las pirámides y sus terribles efectos sobre la economía local, que de acuerdo a cifras oficiales, perjudicó a más del 60% de la población del Departamento de Nariño. Muchas de estas personas; gente que perdió los ahorros de sus vidas, vehículos de trabajo, activos de empresas, casas y hasta herencias, pasados ya 5 años de los hechos, aún no se recupera económica y socialmente de quizá el peor “crack” económico que ha vivido la región.

Volviendo a hechos más recientes, el Paro Cafetero del pasado mes de Marzo dio una fuerte estocada a la industria regional, afectando principalmente a los sectores hortifrutícola y lácteo con pérdidas cercanas a los $30.400 millones de acuerdo a un informe realizado por la Cámara de Comercio de Pasto. Pasados ya 3 meses de este acontecimiento, los industriales nariñenses sienten como si las pérdidas las hubiesen sufrido el día inmediatamente anterior.

 

Así como estas, varias emergencias han puesto en la cuerda floja a la economía regional; el desarrollo industrial ha avanzado a pasos bastante cortos en los últimos años a pesar de ser una zona fronteriza. La baja inversión en vías, el abandono estatal y departamental en zonas con gran potencial de explotación mineral y agropecuario, el contrabando y la constante fuga de capital intelectual hacia otras regiones del país quizá sean los principales factores para que Nariño no protagonice hitos en el campo económico.

 

La economía nariñense, como cualquier otra economía, siempre presenta altos y bajos, cifras en verde y números preocupantes en rojo. Lo malo es que ese “rojo” en muchos casos se vuelve vicioso, o bien se convierte en un “verde” que a nadie gusta; y se queda en los libros contables por un tiempo relativamente largo. De acuerdo a un informe del Banco de La República, entre 1990 y 2004 el departamento tuvo un dinamismo industrial superior al promedio nacional y tasas de crecimiento favorables, además de variaciones positivas del PIB superiores al promedio nacional entre 2001 y 2006.

 

A partir del 2007 esta tendencia cambia drásticamente, dándose el punto más bajo en el año 2008, añoen el cual se dio la crisis de las pirámides.Desde entonces, el crecimiento del PIB local ha estado por debajo del promedio nacional según cifras del DANE. La ola invernal de 2011 afecto considerablemente al sector agrícola, que en nuestro caso representamás de un tercio del PIB departamental.

 

Tanto el crack de las pirámides, los desastres de las lluvias de 2011 y las pérdidas sufridas por el reciente Paro Cafetero son reflejo de una realidad bastante observable y de la cual varios gobernantes locales no se han percatado por desviar su atención a asuntos de “mayor importancia”: La economía y la industria locales son  altamente frágiles y de una capacidad de recuperación incipiente.

 

Con anuncios de un nuevo Paro Nacional agrario previsto para el próximo 19 de Agosto, los temores de entrar en “recesión” a nivel local, de cuantiosas pérdidas y baja rentabilidad se hacen visibles en los empresarios nariñenses. Hasta el momento, no ha habido un interés por formular un pliego de políticas que fortalezca a la industria local frente a desastres ambientales y socioeconómicos, e incentive su desarrollo y crecimiento. La ausencia de talento humano experto en estos temas es altamente visible, a sabiendas que por fuera de Nariño se encuentra un gran número de paisanos altamente calificados que ven imposibilitado su regreso a la tierra propia por la ausencia de oportunidades para trabajar.

 

Queda esperar a que se fortalezca cada aspecto que imposibilita el desarrollo económico local. Igualmente los gobernantes deben actuar eficazmente contra los males económicos y la desindustrialización, pues mientras en otros departamentos los industriales se sientan despreocupados ante anuncios de bloqueos en vías y lluvias, sus homólogos nariñenses se encomiendan a la Virgen de las Lajas y pagan misa para que la pérdidas no sea cuantiosas.

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