Gustavo Castro Caycedo, un colombiano con alma

Mi encuentro con el periodista, escritor y animalista Gustavo Castro Caycedo sucedió en el año 2013.  Él acabada de publicar su libro “Historias humanas de perros y gatos” y en la carátula se podía observar la figura de un Beagle y un gato, que más tarde supe que se trataba de Chigüiro, un gato-arquero. Por mi parte mi familia vivía un duelo por la pérdida de Gandhi, un perro Beagle que fue durante su corta estadía un pequeño bribón que nos hacia los días más alegres y dulces.  Le gustaba jugar futbol y no existía balón que se resista a su llamado, era el invitado de honor en todos los partidos del barrio, nadie se atrevía a quitarle el balón cuando caía en su poder y únicamente se calmaba cuando algún jugador lograba realizar el cambalache de una galleta por su pequeño tesoro. Confieso que adoré a ese perro y sentimos mucho su pérdida.  Pero los días, que lo curan todo, permitieron que superemos en familia la ausencia de nuestro querido futbolista de cuatro patas y cola larga.  Hasta que llegó Rody y las cosas se pintaron de otro color, pues a un perro le sucedió un gato sagaz e inteligente hasta lo inimaginable.  Mi hijo, Juan Pablo, nos introdujo en ese maravilloso mundo de los gatos al punto de ya no poder vivir sin su compañía.  Hoy, es la tierna y llorona Danna esa grata compañera que nos regala risas y alegrías.

Es de caballeros confesar que fue gracias al escritor Gustavo Castro Caycedo que superamos nuestro duelo por Gandhi.  Lo escuchamos en un programa radial en una noche de insomnio y tristeza. Justamente hablaba sobre su libro dedicado a los animales, y vaya que no hicimos otra cosa que correr a comprarlo y disfrutar de su lectura. Fue tal la pasión que nos despertó sus historias en sus trescientas ochenta y dos páginas que no pudimos contener la curiosidad y se hizo necesario adquirir un nuevo texto que nos facilite su lectura.

Qué bello fue escuchar en la voz de este sensible y maravilloso escritor la historia de su gato Chigüiro, “el causante” e inspirador del libro. Comienza la gatografía de Chigüiro así: “Para muchos, un gato “es sólo un animal”. Para mí Chigüiro fue mi gran amigo, el compañero incondicional que terminó siendo una especie de nieto mío… el nieto que me faltaba y que en realidad lo fue…”, luego, aclara el gatografo, que en su casa cada uno de los miembros lo bautizaron como les dio la real gana: Barba Negra, Don Gato, Gaturro, Morringate, Mirringato y Gatobriand.

A diferencia de Platero, que sólo era peludo, Chigüiro “caminaba con paso elegante,  lento, sin afanes y daba media vuelta para ver si lo estábamos observando”. Confiesa nuestro buen amigo gatografo que “Chigüiro, que me examinaba con ojos investigadores, grandes y tiernos, fue el gato que hubiera querido tener de niño…”.  Basta saber que un hombre, por viejo que sea, pero que escribe de esa manera y que se entiende tan bien con los gatos, es un niño grande y arrugado, o por lo menos tiene alma de niño.  Eso es lo que nos transmitió Gustavo Castro Caycedo en su entrevista y posteriormente en su libro “Historias humanas de perros y gatos”, texto que nos cautivó y marcó nuestra ruta existencial.

La historia de Chigüiro termina en la tristeza infinita de su muerte y el pesar de su gatografo, pues bien lo expresa así: “Hoy daría todo porque estuviera vivo, pero sano, así fuera un solo día. Por sentirlo cariñoso, reiterándonos su amor; acostado sobre el teclado del computador como extasiado por los colores de las imágenes y los sonidos del televisor; acompañándome hasta las cuatro o cinco de la mañana; haciendo monerías; jugando con mis pantuflas y desconcentrándome por ratos…”. Únicamente quien tenga o haya tenido un gato entenderá en su real dimensión el significado de la pérdida de uno de ellos, que nunca se olvidan y siempre se recuerdan… hasta en los sueños.

Más tarde me enteré que Gustavo Castro Caycedo es un generoso autor de más de “33 libros y coautor de 9 más. Administrador de empresas, consultor y experto en planeación y dirección de medios de comunicación. Ha sido director de Inravisión, presidente de RCN Radio y del Círculo de Periodistas de Bogotá. Director del Noticiero Cinevisión, de la revista Al Día y de varios programas de radio y TV. Columnista de El Tiempo, El País y de otros medios. Asesor del Instituto Anticorrupción de la Universidad del Rosario. Comisionado por los presidentes, Virgilio Barco, Belisario Betancur y Ernesto Samper, para el empalme de sus gobiernos en el área de comunicaciones”.  Pero, en mi humilde criterio, considero que el título que más lo honra es el de animalista y gatologo, gatografo y hombre bueno.

Son muchas y positivas las cosas que se pueden decir y escribir de Gustavo Castro Caycedo, un hombre que hizo de las letras el mejor lugar para habitar y crecer. En una de sus biografías encontramos datos interesantes, como el siguiente: “Castro Caycedo estudió Administración de Empresa en la Tadeo, lo cual asegura él fue clave para su éxito en el periodismo, tanto que en 1979 trajo a Colombia al campeón mundial de boxeo del momento Mohamed Alí, convirtiendo al país en el único de Suramérica que Mohamed visitó en su carrera deportiva. También fue el creador del espacio radial “Nocturna RCN”, famoso entre los radioescuchas nocturnos. Dirigió Inravisión e hizo parte del gabinete presidencial de las administraciones Barco y Betancourt. Sin duda una figura importante en el periodismo nacional”.

En uno de sus libros exalta su infinito amor por Colombia y su anhelo de una paz que le permitió afirmar sin tapujo alguno “Grandes momentos de Colombia” es totalmente neutral, no se mete en temas políticos, trata la guerra pero sin hacer juicios. Personalmente tengo una posición política, soy liberal, demócrata. Creo que el periodismo y la política deben tener ese matrimonio”.  No nos queda duda alguna que su presencia y sus ideas alimentaron continuamente el anhelo de paz del pueblo colombiano y que siempre esa palabra encontró cabida en el oído de los dignatarios que dirigieron los destinos de nuestro país.

La pluma de Gustavo Castro Caycedo es exquisita, sensible, humanista y humanizante.  Y no es excluyente para un hombre como él armonizar política, amor o historia.  Sus grandes dotes intelectuales le permiten abordar con propiedad diversos y divergentes temas sin que pierda la tonalidad o el ritmo de sus historias.

Definitivamente es un honor contar con un escritor, periodista e intelectual como el que hoy nos ocupa en nuestra crónica.  Escucharlo, leerlo, analizarlo y asimilarlo es, de alguna manera, entrar en un mundo místico donde la sensibilidad aflora en cada uno de sus conceptos.

Hoy, ya sin su Chigüiro, continúa  tejiendo historias, labrando textos y proyectando sentimientos y sensaciones. Bien vale la pena aprovechar estos tiempos de confinamiento para adentrarnos en sus narraciones para dejar escapar una lágrima o una risa.  Si me lo permiten, deseo terminar esta crónica haciendo referencia a ese libro que se ha convertido en el compañero permanente de los animalistas de Colombia y gran parte del mundo: “No es exagerado decir que Historias humanas de perros y de gatos, de Gustavo castro Caycedo, es una enciclopedia rigurosa y sentida sobre las relaciones entre seres humanos y sus mascotas. El autor escoge historias que desvelan el amor, el sufrimiento, y sobre todo una gran lección que nos deparan los animales: su infinita lealtad, que logra despertar nuestras fibras más íntimas”.

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