La puerta del despacho municipal en Ipiales cambió de manos y, con ello, también comenzaron a cambiar decisiones de fondo. Desde finales de febrero, la política local no solo está marcada por una suspensión disciplinaria, sino por un hecho que hoy inquieta a distintos sectores: la encargatura definida por el gobernador estaría reorientando asuntos estructurales de la administración municipal, con movimientos que muestran a Ipiales operando más como extensión de la Gobernación de Nariño que como un ente territorial autónomo.
El punto de quiebre fue la suspensión provisional por tres meses del alcalde José Amílcar Pantoja Ipiales, ordenada por la Procuraduría Provincial de Instrucción de Ipiales dentro de una investigación disciplinaria.
El encargo: un funcionario de la Gobernación al mando de Ipiales
Para dar cumplimiento a la medida, la Gobernación expidió el Decreto 035 del 24 de febrero de 2026, que suspende el ejercicio del cargo del alcalde y encarga como alcalde de Ipiales a Edgar Armando Rosero García, quien se desempeña como secretario de Planeación de la Gobernación de Nariño.
El decreto, además, recuerda que —según la Ley 136— el gobernador debe designar un alcalde encargado y solicitar una terna al partido, grupo o movimiento que avaló al alcalde electo, para proveer el cargo en propiedad durante el periodo de suspensión.
La lectura política en Ipiales: “una Alcaldía que dejó de ser autónoma”
En el terreno político, la discusión ya no gira solo en torno a la suspensión, sino al tipo de encargo y a los movimientos posteriores.
Sectores de la coalición que llevó a Amílcar Pantoja al poder sostienen que, desde el encargo, se han evidenciado decisiones y orientaciones que vendrían directamente desde la Gobernación, con un protagonismo que —según esa lectura— trataría a Ipiales no como un ente territorial con autonomía administrativa, sino como un “apéndice” departamental.
En esa misma línea, se cuestiona que no se habrían atendido solicitudes del alcalde suspendido para que el encargo recayera en un funcionario de su administración municipal. También se señala que el gobernador aún no se habría pronunciado frente a la terna remitida por la coalición, en la que —según fuentes políticas locales— figuran perfiles de alto reconocimiento: una empresaria, un empresario y un gestor cultural con visibilidad nacional.
¿Técnico o político? La tensión detrás del discurso
La Gobernación, por su parte, sustentó el encargo en el cumplimiento formal del procedimiento y en la necesidad de garantizar continuidad del servicio público. En el Decreto 035 se argumenta que el encargo se realiza “hasta tanto se designe alcalde conforme al procedimiento” previsto en la Ley 136.
Pero en Ipiales, el debate no es jurídico: es político.
La pregunta que hoy ronda en el municipio es por qué un asunto eminentemente político —el mando de la segunda ciudad más importante del departamento— estaría siendo manejado como un tema “técnico”, cuando el pulso real está en el control de decisiones, agenda local y conducción administrativa.
Y de fondo, otra inquietud: ¿qué pasó con la relación entre el gobernador y el alcalde? En sectores locales se habla de un quiebre en la comunicación y de una relación que, si existió como cercanía política, hoy parece haberse enfriado por completo.
Lo que viene: prudencia, señales y un municipio mirando hacia Pasto
Ipiales entra así en una etapa delicada: un alcalde suspendido que denuncia persecución política, un encargado que proviene del alto gobierno departamental y una ciudadanía que observa cómo las decisiones del municipio parecen alinearse —cada vez más— con el tablero de la Gobernación.
En un departamento con fracturas políticas visibles, la advertencia que empieza a escucharse en voz baja —y a veces en voz alta— es que una intervención excesiva puede ampliar rupturas, no cerrarlas.
Por ahora, la historia se resume en una escena que pesa: un municipio fronterizo, estratégico y con alto valor político, gobernado temporalmente por un secretario departamental, mientras se define la terna y el reemplazo en propiedad.
En Ipiales, la pregunta ya no es solo quién firma los actos administrativos.
Es desde dónde se toman las decisiones.




