A pocos días de las elecciones legislativas del domingo 8 de marzo de 2026, el pulso por las curules afro en la Cámara de Representantes entró en una zona de alta tensión: no solo por la disputa electoral, sino por una controversia jurídica que, en cuestión de horas, comenzó a reordenar cálculos, respaldos y conversaciones en el territorio.
En el centro del debate quedó Benildo Estupiñán Solís, candidato de la Circunscripción Especial Afrodescendiente (tarjetón 301), luego de que —según informó Página 10— una “Veeduría Anónima” radicara ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) una solicitud de revocatoria de inscripción, alegando una posible doble militancia en modalidad de apoyo sustentada en publicaciones y videos divulgados en redes sociales.
Aunque por ahora no existe decisión del CNE y el trámite, si avanza, debe surtir el debido proceso y la defensa del candidato, el episodio ya generó un “remezón” político: en varios sectores comenzó a instalarse la idea de que la candidatura de Estupiñán entra en una franja de incertidumbre que puede impactar apoyos y estrategias en la recta final.
En ese vacío aparece una carta desde el Pacífico nariñense
En medio de esa turbulencia, en Nariño vuelve a sonar con fuerza una pregunta que se ha repetido en elecciones anteriores: ¿el departamento puede —o necesita— disputar con más decisión un espacio en la Cámara Afro?
En esa conversación, una figura empieza a consolidarse como opción “desde el territorio”: Juan Javier Jaramillo, nacido en Tumaco, con 49 años y una trayectoria de más de 17 años en el sector público. Jaramillo es abogado especialista en Derecho Administrativo, administrador de Recursos Humanos y con especialización en Derecho Internacional por la Universidad de Chile; además, plantea una agenda centrada en ser “eje articulador” entre la comunidad y el Gobierno nacional, con prioridades como salud, educación, conectividad e infraestructura vial para Nariño.
En círculos políticos locales, su nombre aparece asociado a una idea que, en campaña, pesa tanto como un discurso: la presencia sostenida. En el mensaje que circula en sectores afro y de base, se repite que Jaramillo lleva más de un año y medio recorriendo escenarios nacionales, haciendo gestión y construyendo reconocimiento fuera del ruido de última hora.
Curules afro: una elección nacional que se disputa a contrarreloj
La Circunscripción Especial de Comunidades Afrodescendientes elige representantes en un escenario altamente competido y nacional, con listas y movimientos buscando votos en distintas regiones del país. La existencia de estas curules especiales está reglamentada por normas que desarrollan el artículo 176 de la Constitución.
Pero en Nariño el debate no es solo jurídico ni técnico: es profundamente político. La tesis que plantean algunos líderes regionales es directa: cuando una candidatura se debilita, el territorio que no tiene una alternativa propia termina viendo la curul pasar de largo.
Por eso, en esta coyuntura, el argumento que gana espacio es que Nariño no solo puede, sino que debería apostar con mayor claridad por una representación afro con raíces en el Pacífico sur, especialmente en un momento en el que el departamento reclama interlocución real frente a los grandes temas nacionales: inversión social, infraestructura, conectividad y seguridad.
Lo que está en juego: más que una curul, una voz desde el Pacífico
Con la solicitud de revocatoria contra Benildo Estupiñán aún sin resolución, el nombre de Juan Jaramillo aparece para muchos como una salida política: una opción visible, con origen nariñense y con recorrido previo, en una elección que suele definirse por organización, narrativa territorial y capacidad de movilización.
En la recta final, lo que ocurra con el proceso en el CNE marcará el ritmo. Pero, con o sin decisión antes del 8 de marzo, la controversia ya dejó un mensaje para el Pacífico nariñense: en la Cámara Afro, el territorio que no se organiza a tiempo, llega tarde a la representación.




