Cuando sobra la IA

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Por: José Arteaga
(X-Twitter: @jdjarteaga)
Desde que tenemos la Inteligencia Artificial al alcance nuestras manos, nos sentimos capaces de hacer cualquier trabajo digital y uno de los campos donde más se nota es en la publicidad comercial y la comunicación institucional. Un afiche, hoy en día, por ejemplo, está lleno de datos, nombres, logos, dibujos, relieves, sombras, brillos, números, fechas, direcciones postales, urls de webs, emails, horarios, números de teléfono, redes sociales y rostros que parecen dibujos animados. Hay una evidente saturación en esta tendencia visual de la que todos somos partícipes.
El perfil RoastBrief en Instagram reniega de esta tendencia: “Es la nueva basura visual…. Cada vez vemos más campañas generadas con inteligencia artificial. Mismos estilos, mismos Renders, misma estética de impacto, se pierde la textura de una fotografía real, el trazo de un ilustrador, una dirección de arte imperfecta”.
Pensando en ello, busqué información más detallada. Cogí un cartel que anunciaba un evento musical y la sometí a una aplicación de chatbot, que me arrojó el siguiente resultado: Tiene 313 letras (sin contar números ni símbolos). Tiene 79 palabras. Utiliza 16 imágenes principales, incluyendo tres logotipos superiores, tres platos de vinilo, dos equipos de sonido, tres pilas de discos, una pila de cintas, un mezclador, dos ciudades rodeadas de llamas y el logo central.
No contento con la respuesta, sometí una campaña de la Alcaldía de Pasto sobre prevención de accidentes de tránsito a la misma prueba. Resultado: tiene 50 palabras. Hay 12 colores predominantes. Si contamos cada tonalidad diferente de los píxeles, habría miles de colores, debido a las fotografías, sombras, degradados y antialiasing (suavizado de bordes).
Pero quise más precisión. De modo que cogí el anuncio de un curso online sobre el marco normativo de la IA, hecho precisamente con IA (ignoro si intencional o no). ¿Resultado? La ilustración tiene 316.159 colores RGB diferentes en total, contando cada variación de píxel. Con RGB se refiere a la mezcla de luz de los colores primarios. ¡316.159! Una locura.
Es verdad que una tendencia atrae al público porque está de moda y porque ha normalizado ese tipo de información. Pero también es verdad que la mayoría de elementos sobra. Pero es mi opinión, así que le pregunté a la IA que tenía que decir sobre esto y esto fue lo que me dijo: “Las ilustraciones generadas por inteligencia artificial suelen verse tan recargadas porque los modelos matemáticos priorizan la densidad visual y la acumulación de detalles para impresionar al ojo humano y evitar zonas vacías que delaten errores”.
El asunto es que la IA no sabe qué elemento es importante y cuál sobra, por lo cual intenta rellenar cada espacio con texturas, luces y adornos porque calcula que una imagen “completa” tiene muchos elementos.Pero el resultado que ofrece la IA se basa en modelos anteriores, en referencias digitales que, según ella misma “ya son complejas, barrocas o hiperdetalladas (como el arte fantástico o el Concept Art comercial), por lo que la IA replica esa misma saturación”.
Ahora bien, hay un dato adicional: Los generadores de campañas por IA están optimizados para llamar la atención en pantallas de teléfonos móviles y en redes sociales. Un diseño recargado con brillos intensos, contrastes altos y muchos objetos tiene la intención de parecer “asombroso” en un primer vistazo antes de hacer Scroll. Y a esto se suma a lo que el portal Opiniones Polémicas define como incapacidad para sintetizar: “Como la IA no comprende el significado real de lo que dibuja, prefiere saturar la escena con ornamentos antes que arriesgarse a dejar un fondo limpio o minimalista”.
Pero llegados a este punto, podría pensarse que abogo por no usar la IA nunca más. No. La IA se puede y debe utilizar, pero hay que tener claro que su uso gráfico no nos convierte en artistas. RoastBrief lleva razón cuando dice que no todo tiene que verse perfecto para conectar con el público, y que “el problema no es la herramienta, sino cuándo se usa sin una idea detrás. Todos pueden generar contenido, pero es la creatividad la que hace la diferencia”.
¿Qué dicen quienes defienden la IA? Muchas cosas, pero casi todas en torno a una premisa básica: que esté al alcance de la mayoría. Uno de ellos argumenta: “Me parece muy bueno que todo el mundo tenga acceso a herramientas que le permitan salir adelante más rápido e intentar hacerse una vida trabajando. ¿Qué los diseñadores van a sentir el cambio? Puede ser. Pero no son los custodios de la estética”. Y otro manifiesta. “Entiendo que ellos estudiaron. Comprendo también que otros como en mi caso , estamos recién emprendiendo y no tenemos un mango para invertir. Y cuando entro, lo invierto en mercadería, no lo voy a invertir pagando a un diseñador si después no voy a tener para reponer mercadería”.
El problema de estas críticas es que, por un lado, desdeñan la importancia del diseño, convirtiéndolo en un proceso suntuario y no básico de la comunicación. Por otro, consideran que es un problema económico, cuando instituciones y empresas con bastante capital también lo usan de la misma forma. Y sobre todo, infieren una discusión: ¿Podría la IA reemplazar el diseño gráfico?
La respuesta es No, porque el factor humano ofrece criterio, ética, empatía, intuición y visión estratégica, ve y analiza factores que no están en Internet. Y si algo no está en Internet, la IA no lo considera. Sin embargo, todo esto ha hecho que el diseñador gráfico replantee su papel laboral, llevando su conocimiento a labores de estrategia y dirección. La IA combina datos, el nuevo diseñador busca un propósito para esa combinación, consiguiendo innovar. De allí que todo lo que vemos hoy en campañas publicitarias parezca repetitivo y hecho por una sola mano. Según la Escuela Superior de Artes Digitales de Madrid, Trazos, hay un lema en el diseño: “La IA no reemplazará a los diseñadores, pero los diseñadores que usan IA reemplazarán a los que no la usan”.
La falta de criterio de la IA, la recalca Carlos Aranzazu, uno de los mejores diseñadores que conozco y catedrático de Interfaces y Motion Graphics en la Universidad Militar, y advierte que esta problemática también acontece en el contenido escrito. “En Deporte Gráfico (la revista deportiva colombiana de los años 90), recuerdo, se seguía la regla de poder leer un titular, el “chapó” o resumen, los destacados y pies de foto, y quedaba uno informado del artículo. Ahora haya que bajar y bajar por la página hasta poder medio entender de qué se trata la cosa”.
En efecto, hay cosas que vienen de antaño. Hasta hace poco, cuando no había IA al alcance, los afiches de conciertos de salsa en Colombia padecían igualmente de exceso de información, ofreciendo demasiados elementos que competían por la atención y confundían a quien miraba el aviso. Encontrar la información necesaria en medio de tanto crédito a los patrocinadores, era una odisea. Con ello se demuestra que criterio, conocimiento y creatividad siempre han estado en el candelero.
Y aquí entra el tema de la educación visual.
La empresa de comunicación gráfica NaturPrint se ha mostrado en su web muy compresiva con el usuario: “es fácil cometer errores que pueden comprometer la efectividad de tu cartel. En este artículo, identificaremos los errores más comunes y proporcionaremos consejos sobre cómo evitarlos, para que puedas maximizar el impacto de tu publicidad”.
Así que hay algunas cosas para tener en cuenta antes de meterse en esta tarea con ayuda de la IA: 1. Jerarquizar, porque si todo resalta, nada destaca, y eso se hace con diferentes tamaños. Lectura adecuada, porque un afiche con mucho texto se ignora y no se descifra. Espacios en blanco, porque el diseño necesita “respirar” y sea más cómodo de leer. Pocas fuentes tipográficas, porque la armonía atrae. E imágenes claras, porque lo confuso se evita y cansa.
En fin, un tema complejo y que hace parte de esta avalancha de IA que vivimos con sus defectos y sus ventajas.

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