El gobierno contra la clase media: análisis de la Reforma Tributaria.

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Por: Manuel Alejandro Pantoja Rodríguez[1]

El vicepresidente Restrepo presentó una Reforma Tributaria que perjudica a la inmensa masa de la población colombiana y que, en términos generales, se resume en: más impuestos para la clase media y menos impuestos para los megáricos de Colombia.

El vicepresidente presentó la Reforma argumentando que el ajuste fiscal proviene del recorte del Estado. Algo que, en gran medida, fue el argumento de la campaña de Abelardo para convencer a la clase media: eliminar los gastos excesivos del Estado para no subir más impuestos. Incumplieron esta promesa. La Reforma Tributaria plantea un fuerte recorte del gasto público en contratistas y funcionarios, pero esto es apenas el 21% de los recursos contemplados en la Reforma (16,7 billones), la gran mayoría proviene de más impuestos al pueblo trabajador (60%), como se expondrá a continuación.

La principal medida para recaudar ingresos es gravar con IVA a los productos de consumo masivo. Se esperan 25 billones netos en impuestos (monto mucho mayor que lo producido por el recorte del gasto público). En concreto, con la Reforma Tributaria las familias colombianas deberán pagar un IVA del 19% por las frutas, las verduras, el café, el cacao, el azúcar y la gasolina. Esta medida es de gran inequidad. El IVA afecta a los colombianos de clase media por ser regresivo: quienes aportan no son los que más tienen. El impuesto lo que pagan las mujeres y hombres que menos beneficios del Estado reciben: la clase media agobiada por la mala seguridad, por la educación de baja calidad, por las vías en mal estado y el transporte público deficiente. A estos colombianos de clase media los pondrán a pagar casi 1 de cada 3 pesos que el gobierno plantea recaudar en esta Reforma Tributaria.

Como ejemplo de lo anterior, la segunda medida propuesta en la reforma es quitarle una buena tajada de sus ingresos a la clase media mediante el impuesto a la renta y el aumento del aporte a salud. El gobierno propone que los trabajadores que ganen más de 3.300.000 mensuales ahora paguen el 9% de impuesto a la renta y que este porcentaje crezca con los ingresos. Además, las contribuciones a la seguridad social aumentarán progresivamente. Como bien lo demuestra la Silla Vacía, un trabajador que gane 4 millones de pesos al mes, con la nueva Reforma tendrá que pagar 700 mil pesos más en impuestos al año. Quien gane 5 millones al mes, al finalizar el año pagará 1 millón 200 mil en impuestos. El trabajador que gane 6 millones de pesos tendrá que pagar al año 2,1 millones, el que gane 7 deberá “contribuir” con 2,8 y el que gane 10 con 4,3 millones en impuestos al año. Nótese que, las personas de estos rangos de ingresos en las ciudades capitales fueron los que, en su gran mayoría, votaron por Abelardo para que recortara el gasto público y redujera los impuestos. Al final, recortó notablemente el gasto, redujo impuestos a los ricos, pero puso a pagar las cuentas a sus votantes.

En esencia, lo que se le quita al pueblo de Colombia con impuestos se le da a los que más ingresos tienen. Las grandes empresas son las favorecidas por esta nueva reforma tributaria. El impuesto a la renta bajará del 35% al 33% en 2027 y al 31% del 2028. Con esto el Estado dejará de recaudar entre 9 y 12 billones de pesos, la mitad de lo que ahora se le quitará por IVA a la clase media. Esta medida sería acertada si ella consistiera en bajar los impuestos a las pequeñas y medianas empresas, que sobreviven con dificultad en nuestro país. Pero la medida del gobierno contempla a todos los contribuyentes y esto significa que los grandes beneficiados son las grandes empresas, porque serán ellas las que más acumulen ingresos por la reducción del impuesto. Mientras a una pequeña empresa la medida puede significar entre 3 a 15 millones de pesos más en utilidades por la reducción del impuesto, las grades cadenas comerciales van a aumentar sus beneficios en miles de millones.

Estoy convencido que era necesario bajar el impuesto a las empresas, como prometió en campaña Abelardo, pero a las pequeñas y medianas, que son parte también de la clase media, no a las mega compañías de Colombia que deben, por principio constitucional y ético, aportar más en la crisis. Ahora bien, es importante señalar que los pequeños y medianos empresarios no están tan beneficiados por la reforma. Deberán pagar más por parafiscales. Con la Reforma Tributaria deberán contribuir a Sena e ICBF por los trabajadores que ganen más de dos salarios mínimos.

En contraposición, los principales beneficiados por la Reforma de Abelardo son los megáricos de Colombia. La ley reduce el impuesto al patrimonio. Las personas que tengan un patrimonio entre los 3,700 millones y los 5.000 millones de pesos serán exentas del impuesto. A los que tienen patrimonios por encima de este valor se los exonerará definitivamente del impuesto en 2030 cuando se finalice. Mientras el colombiano de a pie ahora deberá pagar más por las frutas, el azúcar y el café, quienes tengan patrimonios de más de cinco mil millones, en 2030 pagarán menos impuestos.

La anterior medida va de la mano con la reducción de impuestos a las inversiones extranjeras. Ambas representan una creencia económica que ha dado pobres resultados para el país. La lógica es que bajar los impuestos a las grandes empresas motiva el empleo y el crecimiento económico. Falso. Décadas atrás Colombia aplica esta receta sin mayores impactos en la generación de trabajo, la formalización empresarial y el crecimiento económico. Lo que sí genera la medida es menor recaudo y mayores impuestos para la clase media. Tal creencia económica se pone de manifiesto con la fuerte agenda de privatizaciones y de venta del patrimonio público que bien se establece en el proyecto de ley: “se contemplan disposiciones orientadas a la enajenación de activos del Estado, tales como empresas, lotes y hundimientos” (p.3).

Por todo lo anterior esta reforma es inconveniente para la gran parte de la población colombiana. Si bien es cierto que el gobierno de Petro hizo un desastre financiero que el país debe corregir, esta medida de ajuste debe priorizar la economía del pueblo trabajador, de los pequeños y medianos empresarios, y poner a tributar a los grandes conglomerados económicos y al gobierno derrochador. Está bien la reducción en el impuesto a la renta de las empresas, pero a las pequeñas y medianas. El impuesto al patrimonio se debe aumentar y no reducir su recaudo, mucho menos acabarlo. Es vital mantener los impuestos a los bienes destructores de la salud, como las sustancias adictivas y los ultraprocesados; pero no grabar las verduras, las frutas y el café. Mucho menos ponerle impuestos al trabajo de los colombianos. Sin estos ajustes, la reforma será un duro golpe para quienes más aportan al desarrollo de la economía

[1] Excandidato a la Cámara de Representantes por Nariño. Estudiante del doctorado en Historia de la Universidad Nacional de Colombia. Magíster en Gerencia para el Desarrollo y profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Historiador de la Universidad Nacional sede Bogotá.

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