Siendo muy niño buen estudiante de primaria y por mi enfermedad, ya era un privilegiado; mi madre me había premiado con un pequeño radio transistor que cabía en mi mano. Era dichoso, pocas emociones posteriores se podían comparar con el momento de ese regalazo; así hoy me dieran el celular más avanzado del mundo. Es increíble como los tiempos cambian ni siquiera teníamos televisión en blanco y negro, pero mi radio me hacía feliz.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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