Agricultura digital

Parecen ser dos polos opuestos: agricultura y tecnología digital. Pero si miramos hacia las profesiones del futuro, el acercamiento entre ambas es más que evidente: ingeniería ambiental, gestión de residuos, técnica de energías renovables, economía agrícola, gestión de granja urbana, genética agrícola o informática agrícola. Incluso no hace falta ir tan lejos.

El confinamiento derivado de la pandemia, marcado por una inmersión nunca antes vista en el mundo digital, hizo que las ciudades añoraran el campo. Cuando terminó, el alquiler de huertas urbanas vivieron un boom, al igual que la compra de plantas para balcones y jardines; y el famoso best-sellar de Hope Jahren, “La Memoria Secreta de las Hojas” volvió a estar en primeros lugares de venta.

Estamos en la era digital y tenemos un cambio climático que cada día nos golpea con mayor fuerza. Es evidente que necesitamos del campo y de una producción agrícola que podamos controlar con mediciones y herramientas que podemos manejar desde nuestros teléfonos. Empresas y entidades de todo el mundo caminan en esa dirección. Bueno, en realidad caminan desde hace años. En 1998 ya habían robot aplicados a los procesos agrícolas y hoy los drones son de uso común.

Pero detrás de este factor de desarrollo se esconde un problema: no todos los agricultores tienen acceso a la tecnología, y en muchísimos casos el desconocimiento es lo más común. Michael Kremer, Premio Nobel de Economía en 2019, dice que la agricultura digital podría revolucionar la forma en la que las comunidades protegen y mejoran sus medios de vida, pero que aún hay una enorme brecha de ingresos que ha frenado desde tiempo atrás a las áreas rurales.

En gran parte eso se debe al factor producción. Lo importante para una gran empresa es producir, pero en cambio la pequeña empresa (o la familia, según el caso) tiene que reconocer sus límites y no cosechar cantidades que luego no se pueden vender o aprovechar. El campo colombiano es muy agradecido y el de Nariño aún más. La gran mayoría de la población se dedica a la agricultura, pero la tecnología no ha llegado hasta allá.

Uno de los grandes retos de MinTic es ampliar poco a poco su proyecto de inteligencia artificial, para que los agricultores obtengan recomendaciones de fertilización para sus tierras antes del inicio de la siembra. Esto se hace mediante sensores remotos que capturan datos del cultivo, suelo, humedad, precipitaciones, crecimiento de las plantas y de posibles plagas y fertilizantes adecuados. Se necesita Wi-Fi, se necesita Bluetooth y, según la Precision Agriculture for Development, se necesita asesoramiento personalizado y específico para cada tipo de cultivo.

En un artículo publicado por el diario El País de Madrid, Gilbert F. Houngbo, presidente del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de las Naciones Unidas, dice que “los agricultores que son empoderados con información digital aumentarán los rendimientos de sus cosechas, sus ingresos, y su resiliencia frente a las crisis”. Michael Kremer dice por su parte, “que los agricultores que recibieron recomendaciones brindadas digitalmente tuvieron un 22% más de probabilidades de adoptar los insumos agroquímicos recomendados, lo que produjo 10 dólares en beneficios por cada uno gastado”.

Pero insisto en el problema. En una entrevista para Portafolio, Manuel Otero, director del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, IICA, afirma que “el gran desafío se da en materia de educación, de capacitación, para que los productores agropecuarios puedan hacer un uso adecuado de estas nuevas herramientas que ofrece la agricultura digital”. Su propuesta es entablar una relación entre los sectores públicos y privados, a lo que la sociedad en general se encamina. Que los gobiernos no pueden actuar solos es algo que ha quedado en evidencia en los diferentes acontecimientos sociales de los últimos años.

Educar en lo digital debería ser una meta en estos frentes, pero como siempre, se requiere voluntad, inversión y pensar a largo plazo. El problema de Nariño y el problema de Colombia es que cada uno va por su lado. “¡Ah! Es que eso es privado, ahí no nos metemos”, “ah!, es que eso es del Estado, ahí no nos podemos meter”. Sin diálogo no hay entendimiento. La era digital avanza y los beneficios de la agricultura no están totalmente bien aprovechados.

La otra fuente de apoyo es el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de las Naciones Unidas, FIDA, al que bien se le podría pedir una asesoría e, incluso, apoyos concretos. Se sabe que ya ha ayudado a comunidades con sensores remotos para optimizar los niveles de agua y fertilizantes en sus cultivos.

Y para volver a lo de las profesiones del futuro, Javier Bihugas, del portal Puentes Digitales, dice que “Los ingenieros especializados en robótica, aeronáuticos, de telecomunicación, instrumentación, automatización y sistemas, podrán ayudar al mundo a mejorar la productividad técnica del proceso de cosecha. Por supuesto, cómo no, serán clave los ingenieros agrícolas”. Y eso es parte de nuestro presente.

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