Alertas costosas.

¿Por qué el mantenimiento de ciertos equipos es tan costoso? En principio por la complejidad que suelen tener estos y depende si ese mantenimiento es preventivo, predictivo o correctivo. En todo caso hace referencia a evitar que se dañen y puedan alargar su vida útil. Pero ¿Y si se fabricaran equipos de mayor fiabilidad y duración, bajaría ese costo? La lógica dice que bajaría el número de mantenimientos y por ende, el costo total; pero la realidad nos ofrece otra panorámica.

Es lo que sucede con algo tan vital para nuestra seguridad como son los sistemas de alerta de riesgos naturales, sea un tsunami, una erupción volcánica, una inundación o un terremoto. Los instrumentos que usan para esto son diversos: sirenas direccionales, sensores, medidores de gases, escáners, softwares, UVLCs… En fin.

Desde hace años Colombia invirtió en la compra de estos equipos básicos para nuestra protección, pero en los acuerdos de gestión de recursos técnicos redactados en su momento, se pusieron unas cifras enormes para su mantenimiento. Y hoy, pasados estos años y con una tecnología más fiable y duradera, y en plena era del internet de las cosas, eso no ha cambiado.

En Colombia más del 80% de la población está en condiciones de riesgo y el cambio climático ha incrementado esa condición. Debido a ello los sistemas de alerta temprana, SAT, son una necesidad prioritaria y son el elemento central de la gestión de riesgo. Pero ha habido muchos problemas para implementarlos, por la falta de estudios previos, por la falta de participación comunitaria, por el rechazo de la población, y por el desconocimiento de cual tecnología era la adecuada para cada territorio.

Por eso las leyes han ido cambiando. La Tragedia de Armero fue un punto de inflexión para ello y en 1989 se puso en marcha el Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres. En 2012 este dio paso al actual Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, y a la creación de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD. Por este ente pasa toda la gestión, incluyendo supervisar la cooperación internacional oficial y privada.

Hay empresas extranjeras que han adelantado estudios de terreno y entre sus recomendaciones está la implementación tecnológica en algunas zonas y la actualización de equipos en otras. Pero siempre tropiezan con los altos costos de mantenimiento que vienen dados por ley. Y eso que Colombia ocupa la séptima posición en preparación tecnológica y digital en la región y el puesto 47 en el mundo, según el indicador DRI. Ese indicador también advierte que el país tiene un coeficiente muy alto en lo que se denomina Entorno de Emprendimiento, y aquí en esta columna hemos mostrado muchos concursos de Conciencias y Minciencias donde abundan proyectos ingeniosos de emprendedores.

Sin embargo, no estamos aprovechando todo eso, aunque cada día aparezca un mayor número de emprendedores y hayan más solicitudes de patentes de invención. Patinamos a la hora de hacer crecer nuestra capacidad tecnológica. Esos nuevos equipos para mejorar los sistemas de alerta temprana debían llegar, pero también la formación de su manejo entre la población de las regiones afectadas. De lo contrario seguiremos pagando enormes cantidades de dinero por su mantenimiento.

En el caso del Galeras, la actividad volcánica es monitoreada por el Servicio Geológico Colombiano, y hace tres años se instaló en La Florida un sistema de sirenas direccionales para alerta temprana. Buenísimo, pero es apenas un proyecto piloto. Las sirenas sirven para alertar en un radio de dos kilómetros, pero también para educar e informar; o sea, hay que construir una estación de radio y que en caso de evacuación, pueda ser monitoreada a distancia, en tanto que otros equipos funcionen por vía satelital.

Dice un estudio de Juan David López, Yesid Carvajal y Angélica Enciso, de la Universidad del Valle, que los SAT no deben ser tan simples que no cumplan con su cometido, ni tan complejos que no se puedan mantener sin ayuda externa, y que un ejemplo a seguir es el SAT de Medellín que utiliza tecnología desarrollada en la región. Por eso hay una empresa española que propone utilizar el conocimiento, la innovación y la educación en la región afectada para establecer una cultura de seguridad. Ese es el primer paso antes de comprar un equipo y pagar millones por mantenerlo.

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