¡Arriba Nariño!: el eco de una promesa rota y la memoria de un pueblo que resiste

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Pablo Emilio Obando A.
En octubre de 1970, mientras el departamento de Nariño levantaba su voz con dignidad y esperanza reclamando el derecho histórico a la construcción de la Gran Refinería de Occidente, la ciudad de Pasto fue escenario de un acontecimiento cultural y político sin precedentes: la grabación y publicación del álbum doble ¡Arriba Nariño!, producido por la Industria Fonográfica del Sur bajo el decidido impulso y mecenazgo del empresario Ramiro Chávez L., quien comprendió que aquella lucha no podía quedar sepultada en el silencio ni en el olvido.
Más que un disco, ¡Arriba Nariño! constituye hoy un documento histórico de extraordinario valor político, social y económico. En sus surcos quedaron grabadas las voces de toda una generación que soñó con transformar el destino del departamento a través de la industrialización y el aprovechamiento soberano de sus riquezas naturales. Allí participaron las principales figuras del momento: el presidente de la República, doctor Misael Pastrana Borrero; el gobernador del departamento, doctor Laureano Alberto Arellano; dirigentes cívicos, universitarios, representantes de las juntas pro-refinería de Pasto y Tumaco, intelectuales, líderes sociales y ciudadanos que entendían que el futuro de Nariño dependía de romper definitivamente las cadenas del abandono histórico.
La obra fue ilustrada magistralmente por los intelectuales Carlos Pérez Londoño y Fabio Esparza, quienes lograron traducir en imágenes el espíritu de rebeldía, esperanza y dignidad de un pueblo que exigía justicia económica para su región. Cada palabra, cada discurso y cada intervención contenida en este álbum constituye hoy una radiografía dolorosa de una promesa incumplida.
Particular importancia reviste la intervención del doctor Luis López Portilla, médico e intelectual nariñense, cuya disertación permanece vigente más de medio siglo después. Citando al sabio Alexander von Humboldt, recordó aquella frase que parece perseguir la tragedia histórica de nuestra región: “Los nariñenses vivimos tranquilos sobre el peligro y pobres sobre la riqueza.” Y acto seguido, frente al presidente de la República, colocó literalmente sobre la mesa las muestras de la riqueza mineral del departamento: oro, plata, molibdeno, azufre, manganeso, cobre y más de veinticinco minerales que reposan dispersos en el subsuelo nariñense como un inmenso tesoro dormido.
Aquella escena, profundamente simbólica, representaba mucho más que una exposición de minerales: era la denuncia histórica de un territorio saqueado, marginado y condenado a sobrevivir únicamente de una agricultura realizada sobre tierras en profundo declive, mientras sus riquezas estratégicas eran explotadas por intereses externos. López Portilla advirtió entonces que, frente al avance de la ciencia y la tecnología, Nariño corría el riesgo de quedar rezagado y condenado a la dependencia económica si no miraba con decisión hacia su subsuelo y hacia la industrialización de sus recursos.
Han pasado más de cinco décadas desde aquel octubre de 1970. La Gran Refinería de Occidente jamás se construyó ni en Pasto ni en Tumaco. La promesa fue rota. Sin embargo, la vigencia del mensaje de ¡Arriba Nariño! resulta hoy más poderosa que nunca. En medio de los debates contemporáneos sobre minería, economía mixta y aprovechamiento estratégico de los recursos naturales, este álbum vuelve a interpelar a la dirigencia regional y nacional.
Es tiempo de que los representantes del departamento, sus universidades, científicos, empresarios y líderes sociales comprendan que la tragedia histórica de Nariño no ha sido la ausencia de riqueza, sino la incapacidad de sus élites para mirar con visión estratégica aquello que yace bajo nuestros pies. El oro, la plata, el molibdeno, el azufre, el manganeso, el cobre y decenas de minerales más continúan siendo testimonio silencioso de un neocolonialismo persistente y de una dolorosa pobreza política, científica e intelectual que ha impedido transformar la abundancia en bienestar colectivo.
Recordar hoy este álbum es recordar la dignidad de un pueblo que luchó unido por su derecho al desarrollo. Es reivindicar la memoria de quienes se atrevieron a pensar en grande para Nariño. Y es, sobre todo, volver a levantar aquella consigna que sigue atravesando la historia como un grito de resistencia y esperanza:
¡ARRIBA NARIÑO!

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