Bomba social.

El mundo celebró el Día Internacional del Trabajo bajo unas circunstancias totalmente anormales, adversas y fuera de serie como nunca antes ninguna nación las había vivido. La pandemia y su crisis derivada por el covid-19, puso al planeta entero literalmente, contra las cuerdas.

Hoy los aparatos productivos, la empleabilidad, la fuerza laboral de los países están en cuidados intensivos y no hay oxígeno que alcance para reanimarlas, porque cada vez la pandemia avanza con más fuerza por más esfuerzos que se hagan.

En ese orden de ideas, Colombia es un paciente en estado crítico, somos el quinto país con la tasa de mortalidad más alta del globo, solo superados por India, Brasil, Estados Unidos y Polonia, incluso, estamos por encima de México, una nación que enfrenta duramente la arremetida del virus.

Cuando el mundo ya supera los 150 millones de contagios con unas cifras que alcanzan más de los tres millones 200 mil muertos y que, para el caso de Colombia, lastimosamente ya tenemos más de 73 mil decesos, el panorama es totalmente crítico por donde se le mire, bien sea; en el plano económico, social y desde luego de salud. Hoy están colapsados los hospitales de todo el país, no hay cama para tanta gente, las Unidades de Cuidados Intensivos están a tope y no hay una respuesta efectiva por parte del gobierno, que permita amainar la situación.

Ahora, sí analizamos el plano laboral, es mucho más complejo, los colombianos han perdido poder adquisitivo, a dos semanas de empezar la pandemia, ya muchos hogares habían agotado lo de sus ahorros de toda una vida, y por eso, aún vemos en muchas fachadas de barrios de pueblos y ciudades trapos rojos en señal de que están pasando serias dificultades económicas, lo que se traduce en hambre y más pobreza.

Pobreza que según el último informe del Departamento Nacional de Estadística -DANE-, aumentó durante el 2020 debido precisamente a la crisis desatada por la pandemia. Según ese organismo, la pobreza el año pasado llegó al 42,5 %, lo que significa que más de tres millones 550 mil colombianos ahora engrosan esa penosa cifra. Mientras que la pobreza extrema se ubicó en más del 15%, es decir, en ambas condiciones, tenemos entonces, un 57% de compatriotas sumidos en este grave flagelo. Una bomba social que aumentó la desigualdad, que nunca en la historia de Colombia la habíamos tenido.

En ese ranking de pobreza extrema monetaria están las personas que ganan menos de 145 mil pesos mensuales, es decir, en esa condición estaban cuatro millones 689 mil personas durante el 2019, pero en el año de la pandemia, la cifra subió y hoy se ubica en siete millones 470 mil personas, una situación sumamente precaria en la cual están sometidos hoy millones y millones de connacionales. En idéntico escenario, según el informe del DANE, en la capital del país el 40% de los bogotanos están en pobreza. Si esto pasa en plena capital del país, ¿se pueden imaginar al ciudadano promedio que habita la Colombia rural, profunda, marginal y excluida? Algo, sin duda desgarrador y más en medio de una pandemia.

Y es que, según el DANE, las personas en condición de pobreza pasaron de 17,4 millones en 2019, a 21,2 millones en 2020, es el aumento más grande en toda la historia de las mediciones de este flagelo social. Es decir, se tuvo un aumento de 6,8 puntos porcentuales alcanzando el 42,5%, convirtiendo al 2020 en el peor año de la última década, tal como lo reafirma un informe de El Espectador, que, a renglón seguido, asegura también que el coeficiente Gini (mecanismo utilizado para medir la desigualdad en los ingresos) llegó a 0,54, una cifra nunca antes vista en la historia de este indicador.

Esto amerita definitivamente emplear el Estado más a fondo, en defensa del sector social, de los pobres, con la Renta Básica Mensual, en respaldar el aparato productivo colombiano, renegociar Tratados de Libre Comercio para proteger el producto interno de los colombianos, fomentar el empleo nacional y recuperar las fuentes de trabajo. Asimismo, debe haber una lucha frontal contra la evasión, elusión, el contrabando y la corrupción que son los otros males que hoy tiene Colombia y que tanto daño les hacen a las finanzas públicas.

Por eso, estamos convencidos que no es momento para nuevas reformas tributarias que grave con más impuestos a los sectores populares, a la clase media y trabajadora, no es justo en un momento tan crítico arremeter desde el Estado contra la gente pobre del país. Por fortuna, la presión ciudadana y el pueblo unido tumbó esa nefasta Reforma Tributaria que tanto daño le hacía al bolsillo de la gente, en eso, nuestra posición siempre fue contundente, desde un principio le dijimos NO a esa y a todas las iniciativas que afecten la economía del pueblo colombiano.

Necesitamos en estos momentos a un gobierno que le dé la mano a los ciudadanos y a su gente, que los respalde en momentos de crisis, que no sea indolente y sí escuche el clamor popular, ya estamos cerca de esa transición, en la que el poder lo tenga alguien con sensibilidad social, que promueva las grandes reformas que necesitamos y que le dé un cambio de rumbo al país para enfrentar la grave crisis social y económica que viven los colombianos por estos tiempos.

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