Colombia debe recuperar su autonomía

Estamos ad portas de un nuevo gobierno en un país sumido en una profunda crisis moral y económica. Para quién llegue a ocupar la primera magistratura no será tan fácil debido al gran endeudamiento del país con la banca internacional, el mal manejo de la economía, la creciente inflación y el costo de vida tan elevado, tanto que no se había vivido en los últimos tiempos.

El mal manejo de la pandemia también deja unos coletazos fuertes. Fuimos testigos de cómo el gobierno de Iván Duque entregó las reservas pensionales de los departamentos al sector financiero para evitar que tuvieran pérdidas a causa de la pandemia de la Covid 19. No obstante, a los sectores más deprimidos de la sociedad no les llegaron las ayudas, ni la renta básica que se planteaba. Unos tres millones de colombianos perdieron de manera temporal o definitiva su empleo, con lo que se aumentó la pobreza. Pero también pequeñas empresas tuvieron que cerrar como efectos de la crisis sanitaria.

Nos preguntamos por qué el gobierno no ayudó a los más pobres, y, en cambio, cuando se aproximan las elecciones dice que se incrementaron las ayudas; se anunció unos pírricos aumentos al personal vinculado a la Policía Nacional, sujeto a un código disciplinario. Mientras que los anuncios de campaña jamás se cumplieron.

De igual manera, en un acto arbitrario el gobierno promovió la eliminación de la Ley de Garantías para derrochar el presupuesto e incidir en la compra de votos. Pero en un acto de dolor de Patria, la Corte Constitucional devolvió a la vida legal la ley que busca garantizar la transparencia en el proceso electoral, y, con ello, tendrán que devolver los recursos que se entregaron a las regiones y que no se invirtieron, como el sonado caso del parque del Municipio de Funes que se pretendía remodelar con una inversión de $3.500 millones.

Con esta sabia decisión de la Corte Constitucional, seles quita el dinero a los corruptos que se aprestaban a comprar el voto para el candidato del oficialismo. Bien por la transparencia en el proceso electoral: no se le puede llamar democracia cuando se constriñe al electorado mediante dádivas que pretenden modificar la verdadera voluntad del ciudadano; practicas perversas que contribuyen a la malversación del erario. ¿Cuántas veces han dicho los candidatos a la Presidencia que quieren llegar a ese cargo para acabar con la corrupción, si se hacen elegir por mecanismos corruptos?

Noticias Uno denunció en su emisión del domingo 15 de mayo, que el candidato Federico Gutiérrez, para llevar a la gente a la concentración que tenía en la plaza de Bolívar, repartieron bonos para reclamar hamburguesas de $20.000, siempre y cuando se tomen una foto con la bandera del candidato y la envíen a un correo electrónico. De igual manera, se ofrecía $200.000 para servir de testigos electorales. Lo hicieron a nombre de una constructora que opera en Pereira y Dosquebradas.

Lo que necesita el país es unas ciudadanías libres, que tomen las decisiones sobre su propio país y sobre su propia vida. La democracia no es solo cada dos años: elegir alcaldes o congresistas. Hay democracia cuando la gente hace uso de su dignidad, expresada en seguridad, se hace valer la soberanía territorial y alimentaria.

Colombia puede recuperar su autonomía si los procesos democráticos dependen con prioridad de unos procesos democráticos libres de las dadivas. De lo contrario, no podemos convencernos de que de verdad vayan a combatir la corrupción si el voto deja de ser libre. Y quienes ponen la plata para la compra de votos son grandes empresarios y mafias que luego van a obtener jugosos rendimientos con los contratos o las ayudas que les brinda el gobierno corrupto.

El dinero fácil hace carrera en Colombia, mediante el gota a gota que obliga a pagar intereses del 20 por ciento con la presión del gatillo de revolver. Mientras no exista una banca en favor de los pobres o los adultos mayores que no tienen un ingreso permanente, las mafias tendrán su caldo de cultivo.

Ya es tiempo de que Colombia haga valer su autonomía, persiguiendo a las mafias y negociando de manera igualitaria los tratados internacionales. Todo es posible si el presidente que llegue a la Casa de Nariño no ha hipotecado su poder a las mafias.

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