Después de las redes ¿Qué?

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Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

¿No estamos cansados de las redes sociales? En lo que a mi respecta es agotador ver tanta fake news en Facebook, tanto debate insubsistente en Twitter (X), tanta pose en Instagram, tanto “perreo” en TikTok. Pues he preguntado por ahí y aunque las redes ya hacen parte de nuestra vida cotidiana, todos los preguntados se han sentido más tranquilos cuando no han tenido que hacer uso de estas. Pero justamente allí está el dilema: vivimos con ellas, pero nos invaden. Entonces, ¿cómo debería ser una red social ideal para nuestros gustos?, o mejor, ¿qué vendrá después de las redes?

Lo he contado varias veces. En 2009 Bernardo Hernández, en ese momento director mundial de marketing de producto de Google, hacía un perfecto desglose de nuestra evolución digital: primero fue el tiempo del email, luego de las webs y los buscadores, después el auge de los blogs y más tarde el apogeo de las redes sociales, que hasta hoy siguen siendo determinantes. Y eso que tras ellas han llegado las Apps y los servicios de mensajería instantánea. El resultado es que sin un teléfono móvil no tenemos vida.

Hernández predecía que las redes acabarán siendo más cerradas, más exclusivas y más cercanas. De esos ciberespacios en los que colgamos fotos, vídeos y opiniones, pasaremos a micro grupos que, a su vez, nos permitirán sentirnos más cómodos, menos juzgados y con la posibilidad de enlazar el ser digital con el ser real.

Por supuesto, el futuro de las redes pasa por sus dueños. Desde que Marc Zuckerberg, dueño de Facebook, compró Instagram, dio un paso hacia la evolución natural de las redes. En Facebook se compartían historias personales y el hecho de hacerlo solamente con fotografías lo hacía más sencillo y natural, y eso lo facilitaba Instagram. Pero para no descuidar la redes original, se creó el sistema de validaciones automáticas. No había necesidad de crear un nuevo usuario, sino de asociarlo a la cuenta anterior, lo que garantizaba la permanencia en Facebook del nuevo usuario de Instagram, aunque nunca más volviese a usar Facebook. ¿Cuántas cuentas inactivas hay en Facebook? Millones.

Pero eso no quiere decir ni muchos menos que Facebook haya muerto o esté muriendo como afirma algún “gurú” como Juanjo Villalba, de Yorokobu. La red se ha convertido en un nicho de especialistas en determinados temas; coleccionistas, por ejemplo, que encuentran más facilidades de comunicación aquí que en otras redes menos populares como Pinterest, por ejemplo. En este sentido las facilidades que cada vez brinda más sobre comercio y marketing ayudan a estos grupos a desenvolverse en Internet. Sólo le falta enlazar con eBay.

Por todo esto, Zuckerberg y compañía están desarrollando el metaverso de Facebook, una plataforma en la que se podrá jugar y hacer negocios en un mundo 100% digitalizado. Si las redes sociales nos llevaron a tener un Avatar, o sea un alter ego digital, el metaverso es el espacio ideal para que ese “otro yo” se mueva con comodidad.

El caso de Twitter (X) es diferente y tiene más que ver con un problema de contenido. Desde el comienzo, cuando aún estaba limitado a expresar ideas con 140 caracteres, Twitter se convirtió en una pasarela de periodistas y políticos, los más idóneos para sintetizar un pensamiento en pocas palabras. Cuando la gente vio que eso era suficiente para sentirse informado, los medios de comunicación tradicional perdieron fuelle y Twitter emergió como la red de las noticias. Pero dejar la información en manos de Twitteros es un error porque no son profesionales de la comunicación, lo que derivó en noticias sin contrastar y llenas de odio. Los políticos airearon sus debates allí, lo que equivalió a apagar el fuego con gasolina. Hoy Twitter es la red social del odio por excelencia. Justo lo que la gente quiere evitar, pero lo que la política quiere controlar.

Llena de zozobra por las decisiones de su dueño Elon Musk y acosada por la nueva plataforma textual Threads, esta red social acabará reinventándose e integrando comunicación y servicios financieros. De modo que la apuesta está en la economía, de la misma manera que Instagram, que lleva una doble vida: por un lado, generar negocios a través de la función Creators; y por otro, competir con TikTok mediante los reels o microvídeos.

Y llegados a TikTok estamos frente a la red juvenil por excelencia, hasta tal punto que un adolescente prefiere buscar en la propia plataforma que irse a Google, y esto vale para tutoriales de clase o para bailes eróticos. Es un fenómeno parecido al de YouTube, donde la herramienta más utilizada es el buscador. TikTok y YouTube copian cosas del otro y se retroalimentan. Los tutoriales los inventó YouTube, los Shorts los inventó TikTok. En cualquier caso el vídeo es el mejor negocio y por ello hasta Instagram le apuesta a ello.

Nos queda una red que es la más antigua, pero que va camino de ser la número uno: LinkedIn, durante mucho tiempo página para encontrar trabajo y hoy red social a donde han ido llegando todos los decepcionados de las otras redes. Su actividad a día de hoy es frenética y su futuro pasa por enlazar de una mejor manera las conversaciones y por la formación profesional Online. Así como a Facebook sólo le hace falta eBay, a LinkedIn sólo le hace falta asociarse con TED.

En fin, como ya hemos dicho, estamos en los inicios de la era digital. Os queda muchísimo por ver y apenas estamos conociendo un mundo infinito y nuestra propia capacidad para manejarnos allí. Se supone que la Inteligencia Artificial ayudará a movernos mejor ese mundo, una herramienta nada desdeñable. Sin embargo, debo insistir en el razonamiento de Bernardo Hernández:

Estamos en la tercera década del Siglo XXI conectamos con un montón de gente, pero está claro, según la teoría del Número de Dunbar, que acabaremos desconectándonos de la mayoría de esos contactos y quedándonos sólo con los más cercanos. La teoría dice que los seres humanos hoy por hoy no somos capaces de relacionarnos eficazmente con una red mayor a 150 personas. No estamos preparados por educación digital, trabajo mental, capacidad de gestión y el tamaño de la neocorteza cerebral. Se nos escapan cosas. Es natural.

Y además, hay un hecho indiscutible: quienes estamos conectados somos apenas una tercera parte de la humanidad. Aún falta la llegada de otra generación (los que hoy son niños), el acceso al mundo digital de los sectores pobres y aislados de la población, y un conocimiento total de las tecnologías. La generación a la que pertenezco es intermedia, una transición entre la analógica y la digital. Por eso somos la última oportunidad para enseñar a los más jóvenes los valores de ese pasado.

No me refiero a la historia, sino al razonamiento abstracto, a la lectura, a la experimentación real con la física, a la resolución de problemas matemáticos, y a la atención en general. Argumentar y construir una teoría es distinto en el mundo digital, al igual que el uso de conceptos y unidades de medida, por citar un caso. La base teórica de las universidades se está transformando poco a poco hacia lo práctico, porque los conceptos básicos se ven muy rápido y no hay reflexión sobre su importancia.

¿Y porqué eso es tan importante? Porque hoy en día las redes sociales, que son la tendencia digital predominante, basan su éxito en el uso de la popularidad. Nuestro teléfono es un espejo y nos gusta usarlo como tal. Pero de la popularidad a la vanidad hay sólo un paso vía “Me gusta”. Es lo que alimenta a los Influencers, nuevos “gurús” de la sociedad, como nuevos médicos fueron los curanderos, culebreros y vendedores de ungüentos milagrosos hace poco más de un siglo. Tener millones de seguidores no te convierte en un sabio, como muchos chicos creen.

Según la psicología la popularidad es la aceptación y fama que tiene una persona o cosa entre la mayoría de la gente. Según Cloudflare, la red de servicios de seguridad de Internet, la popularidad es el tamaño de una población de usuarios que buscan un dominio por unidad de tiempo. En otras palabras vivimos una burbuja de Influencers. Mañana ya no será así y habrá que estar preparados.

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