La política electorera da para todo, hasta para arroparse fácilmente de mentiras y creérselas. Además del riesgo de autoengañarse como ocurre en tantos fanáticos, muchos rayando en la anarquía. Los llamados jefes políticos (que son débiles en liderazgo legítimo) se mueren de la risa al ver las confrontaciones de sus vasallos y seguidores. La mayoría de despistados (que se creen politólogos) se trenzan en peleas intestinas y absurdas con mutuas acusaciones en modelo ping pong.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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