El día del lápiz

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Por: José Arteaga 

(X-Twitter: @jdjarteaga) 

 

Me llamó muchísimo la atención que se le dedique un día del año al lápiz. Hay días para celebrar todas las cosas, pero sobre todo los grandes logros. Lo que pasa es que este, que es el 30 de marzo, contradice la creencia que era digital y los dispositivos han acabado con los utensilios tradicionales de escritura. Pues no, ni siquiera las tizas, que se siguen fabricando y vendiendo en Amazon por millones. 

 

Quizás la razón es que un utensilio que por su humildad, sencillez y precio está alcance de todos. De tal forma es el primer recurso de comunicación no oral, y aunque hoy en día el lápiz digital se ha popularizado, el original es el ideal para la enseñanza. Todos aprendemos con él y dede niños tenemos la costumbre de usarlo. No es un desconocido. Es algo que siempre está allí. Nuestra primera opción en caso de necesidad, o nuestro último recurso, según se vea. 

 

El asunto es que el lápiz, consistente en una mina de grafito metida en un cilindro de madera, genera grandes dividendos. El principal fabricante del mundo es Faber-Castell, una empresa alemana que elabora 2.300 millones de unidades al año en 10 países distintos. El más importante de estos diez países es Brasil. ¿Porqué? Porque es el segundo mayor productor de grafito del mundo y tiene sus propios bosques reforestables. El resultado es que elabora casi seis millones de lápices diarios, esto es cerca de 2.000 millones al año. 

 

Este bosque, por supuesto, está lejos de la Amazonía, que es el mayor pulmón de la tierra. Son 10.000 hectáreas en el estado de Minas Gerais, donde se planta la Pinus caribaea, una especie de árbol propio del terreno seco y arenoso de la sabana brasileña. “De esta manera, explican, Faber-Castell consigue una producción de cerca de 20 metros cúbicos de madera cada hora. Los bosques de pinos en Brasil se utilizan principalmente para abastecer la planta más grande del mundo en São Carlos (estado de São Paulo). 

 

Lo interesante de todo esto es que un tercio de este bosque permanece intacto. Así ayudan a proteger la diversidad de especies (algunas en peligro de extinción), los ecosistemas y la diversidad genética. Es parte de los programas medioambientales Arboris y Animalis de Faber-Castell, que consisten en hacer un seguimiento de las diferentes especies de animales. Todo se graba y las huellas que dejan son tomadas para ayudar en la investigación ambiental del área, en la gestión forestal sostenible y por supuesto, en la protección de especies. A día de hoy hay 64 especies de mamíferos, 237 especies de aves y 60 especies de reptiles y anfibios.  

 

También se han sembrado nuevas especies de plantas útiles a fin de proporcionar un hábitat para la fauna local, crear un equilibrio en las poblaciones de insectos para el control natural de plagas y ejercer una influencia positiva en la calidad del suelo y el agua a fin de evitar la erosión. 

 

¿Ideal, no? ¿Y se podría hacer en Colombia? 

 

Pues ya lo hace. Como negocio, Faber-Castell Colombia vende más de diez millones de lápices al año y mueve cerca de nueve millones de dólares anuales, teniendo en cuenta que esta firma también fabrican otros productos de escritura. Por eso, dado su crecimiento exponencial, desde hace unos años esta firma cultiva árboles en 2.000 hectáreas en la rivera del río Magdalena. La intención ecológica y ambiental es la misma, y el proceso que se sigue es similar.  

 

Por eso en su última visita a Colombia, el propietario de esta corporación, el conde Anton Wolfgang Von Faber Castell, dijo que la idea de la empresa era reponer buena parte de la madera empleada en su proceso de fabricación. Y se ha pasado de 2.000 a 3.000 hectáreas en una zona que está particularmente afectada por la erosión. 

 

De esta forma se beneficia a 51 familias agricultoras locales, en cuyas zonas era muy difícil cultivar algo hasta que llegó la firma alemana. Ahora crece la Gmelina arbórea, conocida como Melina. Es un árbol de rápido crecimiento que alcanza 30 metros de altura. Su madera es amarilla y cuando se tala y se procesa, se convierte en una madera muy estable, resistente a podrirse y a las termitas. Por eso no sólo se utiliza para lápices, sino para construcciones, muebles, automóviles, artículos deportivos, instrumentos musicales y prótesis. 

 

Eso el interior, “pero la raíz y la corteza se usan como laxante estomacal, antihelmíntico, galactogoga, estimulante del apetito y tratamiento de hemorroides, dolores abdominales, ardor, fiebre y descarga urinaria. Un emplaste de las hojas se aplica para aliviar el dolor de cabeza y su jugo se utiliza para lavado de las úlceras externas. Las flores son astringentes y se aplican para aliviar las enfermedades de la sangre y la lepra. Una decocción de la raíz y la corteza es administrada en el tratamiento de mordeduras de serpiente o picadura de escorpión”. 

 

En otras palabras, la búsqueda de materia prima para un lápiz ha obligado a empresas como esta a apostar por el medioambiente y a aportar beneficios en otras industrias como la medicinal.  

 

Pero claro, no todo es color de rosa. Y ya que los problemas no vienen de la madera, sí que vienen del grafito. 

 

Resulta que el grafito en escamas de malla -100 es el ideal como materia prima para la elaboración de ánodos de batería para automóviles eléctricos, y en general para todo dispositivo que incluya una batería de iones de litio. De modo que hay una altísima demanda en estos tiempos en que los autos eléctricos están de moda. Y ya no hay suficiente grafito en el mundo para abastecer esa demanda. Esto hace que todos sufran, comenzando por los fabricantes de lápices. 

 

¿Y quienes se benefician? Pues los principales países productores que son China, Brasil y Mozambique. Depender de China sería un problema adicional por la manera en que este país maneja sus negocios. De modo que queda Brasil como principal opción latinoamericana. La segunda sería México y la tercera Estados Unidos, porque en Colombia no existe minería de grafito y todo el que se necesita es importado.  

 

Una cosa en la que podría invertir Colombia (aunque los últimos Ministerios de Minas no lo hayan tenido en cuenta) es en “incentivar y estimular la exploración y explotación de grafito en el área de la Cordillera Central, región que ofrece las mejores perspectivas de su existencia”, según lo recomiendan investigaciones como la de Abigail Orrego López. 

 

Bueno, hasta ahí en un tema sobre el que seguro se seguirá hablando en próximos años. Mientras tanto hay que ver su buen estado de salud para ser un utensilio tan antiguo. El lápiz nació en 1564 en Inglaterra como instrumento para marcar ovejas, pero el modelo actual data de 1760 en Italia como objeto de carpinteros. Y según cuenta Sara Corbel en Noticias Clave, “El 30 de marzo de 1858, hace 166 años, el estadounidense Hymen L. Lipman recibió la patente de un lápiz con una goma de borrar pegada al final. Por ello, este 30 de marzo se celebra el Día Internacional del Lápiz, coincidiendo con el creciente movimiento de padres contra el uso y abuso de las pantallas en los colegios”. 

 

Precisamente por esta última reflexión y por todo lo que hemos contado sobre Faber-Castell, el lápiz se ha convertido en símbolo de la lucha por los beneficios de la tierra y la sostenibilidad. Cuenta Corbel que el lápiz de la firma SproutWorld, “el lápiz Sprout patentado, ha vendido más de 65 millones de unidades y se convierte en girasol, berenjena, pepino, albahaca, tomate cherry o árboles cuando ha quedado demasiado corto para escribir. Sólo hay que plantarlo”. 

 

¿Maravilloso, no? 

 

 

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