El Día Mundial de la Bicicleta

En abril de 2018 se declaró el 3 de junio como el Día Mundial de la Bicicleta por la Asamblea General de las Naciones Unidas con el propósito de mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación y la congestión del tráfico en las ciudades. Esta es la cuarta oportunidad que se celebra, esta vez estamos ante una crisis sanitaria por la pandemia del covid-19, que, pese a las limitaciones, ha sido el transporte ideal para afrontar tal emergencia.

Esta declaratoria fue sustentada con base en los permanentes incrementos de emisiones de gases contaminantes a la atmósfera, ciertos problemas de salud a que se ve avocada la población mundial y el crecimiento poblacional que repercute en las grandes congestiones vehiculares en las ciudades.

El propósito de la celebración del Día Mundial de la Bicicleta es que se propicien espacios para el entendimiento entre las comunidades y los gobernantes para que se tracen políticas públicas para la generación de estímulos para el uso de la bicicleta como transporte sostenible, pero, asimismo, para el desarrollo de una infraestructura apropiada para su tránsito.

De igual manera, la declaratoria comprende que en esta fecha se celebren actos masivos con la participación amplia de la población, como marchas, caminatas, eventos culturales donde la población se apropie del espacio público, como una manera de democratizar los bienes que habitualmente son ocupados por los vehículos automotores, pero son momentos en los cuales se hace pedagogía para llegar a la comprensión de que el peatón es el actor principal de la movilidad.

Se optó por apoyar el uso de la bicicleta por ser un elemento muy práctico, asequible y con grandes aportes a la salud de los individuos. Según la Organización Mundial de la Salud, el uso de la bicicleta de manera moderada, contribuye a contrarrestar enfermedades cardiacas, derrames cerebrales, diabetes e incluso la muerte.

Entre otros factores contemplados formalmente por los organismos de salud, la bicicleta es un elemento que proporciona recreación, contacto con la naturaleza y el fomento del turismo, puesto que el crecimiento de su uso ha llegado hasta en un 67 por ciento en algunos países. El mercado de bicicletas creció sorprendentemente en todas las ciudades, ya no es cuestión de dirigirse a un sector determinado, como sucedía antes; ahora los almacenes donde se venden dichos vehículos se distribuyeron por todos los sectores de las ciudades.

En materia de empleo, la bicicleta también está brindando amplias oportunidades. Según Harold Montezuma, un expendedor de bicicletas con amplia trayectoria familiar en ese campo, la venta de bicicletas en los últimos años se multiplicó por seis. Lamenta mucho que no haya técnicos especializados en el mantenimiento de bicicletas; dice que el Sena debería ofrecer cursos sobre mecánica para que haya personal capacitado.

De esa misma manera, se evidencia que cada vez hay más gente que depende económicamente del mercado de productos y servicios relacionados con las bicicletas: ropa deportiva, accesorios, repuestos, mantenimiento, nutrimentos, parqueaderos, entre otros. En una ciudad como Pasto, en el sector que transite, seguro que se encuentra un negocio de bicicletas o un taller.

Asimismo, en todas las ciudades se observa el gran estímulo que generan los ciclistas hacia el sector gastronómico. El ciclista consume los productos de la gastronomía, desde un café con empanadas hasta los más deliciosos platos. Es por eso que también, ahora, se ven restaurantes temáticos, especializados en atender a los ciclistas.

En el municipio de Nariño, departamento de Nariño, ver sus calles colmadas de bicicletas, los restaurantes que no dan abasto por la gran asistencia de ciclistas y, algo muy simpático, es que se realiza un ‘bicimisa’ en la iglesia de la población, donde se observa algo poco usual, que la iglesia esté repleta de bicicletas, porque los ciclistas utilizan su espacio interno como lugar de parqueo mientras asisten a su acto de fe.

Una salida a los sectores rurales se complementa con la contemplación y toma de fotografías al paisaje, posando para compartir en las redes sociales. Pero también el desafío que impone la naturaleza con cuestas que, a veces, ponen a latir al corazón tan rápido que parece que se quisiera salir de su lugar. Son momentos de aventura que proporcionan niveles de adrenalina y paz interior.

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