Por Nina Portacio.
El Municipio de Pupiales a través de generaciones ha conservado un patrimonio artístico y cultural digno de exaltar. El arte musical es uno de esos patrimonios que ha sido transmitido de generación en generación y que en la actualidad se destaca a nivel Departamental, a nivel Nacional e Internacional.
Pupiales conserva en su patrimonio inmaterial, familias de músicos de oído y de músicos profesionales que a través de los años han unido talento y formación académica para potenciar, fortalecer y preservar los dones artísticos con los que crecieron, en un entorno donde las notas musicales, las escalas, los acordes y arpegios, los bemoles y los sostenidos, el tiempo y el compás se llevan en el código genético. La familia Vallejo, la familia Lasso, La familia Arteaga, La familia Burbano, La familia Bravo, La familia Coral… y podría seguir nombrando al pueblo entero repleto de talento en el campo artístico. No obstante, hoy quiero resaltar a dos músicos Pupialeños: Jhon Jairo Vallejo Lasso como Clarinetista concertino y Alejandro Burbano Jacome como Clarinetista; quienes participaron como integrantes de la Banda de Sabaneta (Antioquia) dirigida por el Maestro Hugo Riaño, la cual ganó en el mundial de Bandas en Kerkrade – Países Bajos, en el Word Musical Contest (WMC), 2026.
¡Felicitaciones!
El éxito es el camino recorrido.
Esta clase de logros artísticos a nivel internacional posesionan al Municipio de Pupiales (Nariño) como un territorio referente en músicos de alto nivel. A su vez, confirman al Departamento de Nariño como una Meca de artistas y a Colombia como un País donde la interpretación musical desborda en conocimiento uniendo regiones distantes por encima de sus banderas.
Los músicos de este Municipio han demostrado con el paso del tiempo una consagración artística y una excelencia académica digna de ser reconocida en Colombia y en el mundo, no solamente por un aplauso al talento sino por la disciplina y la consagración que la interpretación de cualquier instrumento conllevan. Una disciplina que requiere horas y días enteros de dedicación, repaso e interpretación detrás del telón para lograr entrar en el momento preciso que la partitura de una pieza musical lo requiere. Es una combinación de múltiples factores artísticos que hacen de un músico un experto en su arte. Porque debo decirlo y con fundamento: no cualquiera se sienta, toma un instrumento y produce una melodía con esa precisión infinita que requiere una pieza musical y que no da lugar a equivocarse en la lectura de las notas que figuran en las líneas de un pentagrama, para que la interpretación sea catalogada con el criterio de excelencia.
Cuanto daría yo -y lo expreso como una parroquiana cualquiera- por ver a todo ese talento musical y profesional del Municipio reunido algún día como un pacto de retorno al pueblo con el fin de interpretar, entre otras, unas Saetas al Cristo del Madero en Semana Santa o unos clásicos por temporada Navideña en el auditorio del Conservatorio Jorge Vallejo del Municipio de Pupiales cobrando un precio acorde o razonable por presenciar un concierto magistral de expertos, que sea instaurado como una tradición local argumentando en el proyecto desborde de talento musical en una población. Este concierto lo he soñado despierta como esos sueños mágicos que alimentan el alma mientras se vive enredado haciendo filas para pagar facturas triviales sin preludio o intentando sacar sin sonata las llaves que se quedaron por accidente dentro del coche. ¡Lo he soñado de día y también lo he soñado de noche! Por eso lo repito con pausa y silencio: Cuanto daría yo en esta vida, por ver todo ese talento musical de familias reunido en el auditorio de nuestro pueblo como una obra de arte para los sentidos.




