Escuchando nota
Por: José Arteaga
(X-Twitter: @jdjarteaga)
Tadej Pogačar es el ciclista más determinante del panorama actual. El corredor esloveno tiene un biotipo privilegiado, una capacidad de aceleración x fuerza que le permite desarrollar muchísimos vatios de forma más constante que cualquiera, y tiene una mentalidad ganadora que raya en la obsesión. Pogačar pertenece a una generación de ciclistas brillantes de la que también hacen parte el danés Jonas Vingegaard, el holandés Mathieu Van der Poel y los belgas Remco Evenepoel y Wout Van Aert. De hecho, estos cuatro son los únicos corredores que han derrotado a Pogačar en franca lid en clásicas de un día, etapas de carreras por semanas y/o contrarreloj.
La obsesión de Pogačar, que es el tema que me atañe, lo lleva a tratar de ganar en cuanta carrera compita, en más de una ocasión lanzando sus ataques a 30, 50 ó 70 kilómetros de meta, lo que en el argot deportivo se denomina exhibición. Por ello se le admira, pero también se le teme. Por ello las cámaras lo siguen, los especialistas dicen que es un privilegio, que asistimos a un hecho histórico; pero al mismo tiempo los demás ciclistas lo ven cada vez más con recelo y buena parte del público piensa que es aburrido tenerlo en carrera, porque es como saber de antemano quién se va ganar la lotería.
No es el único problema a la vista. La organización del Tour de Francia, la Amaury Sport Organisation (ASO), que pertenece al diario L’Équipe y cuyo director es Christian Prudhomme, busca alternativas para plantear un recorrido “anti Pogačar”. Esta edición 2026 fue pensada como tal, dejando casi toda la carga de montaña en la última semana. Pero la ASO tuvo la mala suerte que Pogačar y su equipo, el UAE (sigla de los Emiratos Árabes Unidos), planteó la estrategia para que el corredor consiguiera la renta suficiente para ganarla en dos etapas de las dos primeras semanas.
El problema de la ASO es que los anunciantes se quejan de un presumible descenso en el interés del consumidor. Que conocer el ganador de antemano, hace que se centre la atención en otros puntos: el podio, el mejor joven, una etapa circunstancial… Y que esos factores no valen tanto, publicitariamente hablando. La ASO recauda entre 60 y 75 millones de euros anuales por publicidad y patrocinios en el Tour de Francia, lo que supone el 40% de los ingresos totales del evento.
Según la web especializada WielerFlits, en la edición 2025 se observó una disminución de audiencia del 5 al 7% con respecto a la media en países como Italia, mientras que en España la caída fue de un 30%. Desde luego Pogačar no es el único factor. También juega en contra el momento deportivo de cada país. Si Colombia, Italia o España no tienen ciclistas destacados en las carreras World Tour, el interés cae. Por eso la audiencia francesa había crecido este año, pues se puso como favorito al jovencísimo Paul Seixas, nueva perla del ciclismo galo… Pero esas dos etapas de Pogačar desanimaron a ese público consumidor.
Varios medios especializados, como la web Ciclismo Internacional o el blog JoanSeguidor, han puesto sobre el tapete las ventajas y desventajas de este ciclismo dominador de Pogačar y UAE. Cada carrera que gana despierta el debate de si es aburrido o si es admirable. Dice Iban Vega, por ejemplo, que “sinceramente, el tema aburre, de la misma manera que admito que aburren las victorias por aplastamiento convertidas en norma”.
Esto nos lleva a los antecedentes.
La mentalidad obsesiva de Pogačar por ganar, guarda similitud con la de quien es considerado el mejor ciclista de la historia, el gran Eddy Merckx, apodado “El canibal”, precisamente por tratar de ganar todo lo que tenía a su alcance. Merckx le confesó hace años a The Guardian: “Fue una jovencita, la hija de mi antiguo compañero de equipo en Peugeot, Christian Raymond, quien me puso ese apodo. Estábamos en la línea de salida y Christian le dijo: -Este tipo no nos deja ganar nada; lo quiere todo para él-. Ella respondió: -Entonces es un caníbal-“.
Eddy Merckx ganó en 525 ocasiones, una barbaridad, que suena inalcanzable para cualquiera. Y eso, desde luego, no se consigue sin sed de triunfos, más allá de su notable talento deportivo. En cuanto al apelativo de El caníbal, su compatriota y adversario Walter Godefroot dijo alguna vez una frase que se ha acuñado: “Eddy, más que recordar sus 525 triunfos, lamenta que perdió 1.275 carreras”.
Siempre ha habido dominadores en el ciclismo. Antes de Merckx estaba Jacques Anquetil y después de Merckx estuvo Bernard Hinault, ambos auténticos depredadores de la carretera, como lo fueron luego Miguel Induraín y Chris Froome. Pero también como lo fue Lance Armstrong, despojado de todo lo que ganó entre 1999 y 2005 por doping.
Es inevitable hablar, entonces, de sustancias prohibidas en el caso de Pogačar. Desde Armstrong todos los ganadores están bajo la lupa, y sobre todo cuando son sus equipos tan dominadores. Por eso, hay más suspicacias en el UAE que el propio Pogačar, porque su control de la carrera, impidiendo las fugas que se consideren peligrosas, o imponiendo ritmos insoportables para los demás ciclistas, recuerdan al US Postal de Armstrong, que operaba una red de dopaje sistemática.
Pero aquí cabe una reflexión adicional, que desmonta esta afirmación que no tiene, además, ninguna prueba: el UAE hace eso porque tiene a su servicio a los ciclistas más potentes. ¿Y porqué los tiene? Por la infinita capacidad económica de los jeques árabes. El UAE es al ciclismo lo que el Paris Saint-Germain y el Manchester City al fútbol. El dinero del PSG proviene de Qatar y el del City de Emiratos Árabes Unidos; por eso estos dos equipos lideran el ranking de clubes con mayores gastos salariales del mundo.
Desde que el dinero árabe llegó al fútbol, se estudia aplicar un fair-play financiero, y estuvo a punto de suceder en lo que se conoció como Boxing Day. Pero la propuesta acabó enfrentando entidades, asociaciones, sindicatos e intermediarios, de modo que al menos en Inglaterra la propuesta se archivó. En su lugar surgió el Squad Cost Ratio, es decir, la relación coste-plantilla, que implicó refomar el marco de rentabilidad. En otras palabras, en lugar de poner un tope en el gasto, se puso un límite en las pérdidas económicas.
El ciclismo no mueve los millones del fútbol, pero sí está obligado a ver en este modelo de negocio para que casos como el del UAE no se salgan de las manos. Los equipos del World Tour se quejan, y con razón, que hay un desequilibrio competitivo. Hay un abismo tan grande, que la mayoría se limita a tratar de ganar etapas, conscientes de que es imposible ganar las grandes vueltas. Christian Prudhomme argumenta que permitir que un solo equipo compre a los diez mejores corredores del mundo perjudica el atractivo y resta imprevisibilidad de las carreras.
Pero la web Zikloland expone una complejidad reglamentaria en este Salary Cap, porque eso afectaría la libertad de contratación, y lo sintetiza así: un equipo tiene un tope de 100 y quiere contratar a una estrella que vale 50. Tendrá entonces que reducir el salario del equipo a la mitad para poder contratar a esa estrella.
Bien, dejemos el tema económico a un lado y volvamos al tema de la ambición.
Hablábamos al comienzo de una élite en el ciclismo actual confirmada por cinco corredores. Cada uno de ellos parte siempre como favorito. No hay forma de evitar, por ejemplo, que Evenepoel gane una contrarreloj. Es el mejor con diferencia. Y si Vingegaard, por ejemplo, se presenta en una gran vuelta en la que no esté Pogačar, también habrá una sensación de “vamos a pelear por el segundo puesto, porque el primero ya lo tiene él”. Vingegaard viene de dominar a su antojo el Giro de Italia.
Sin embargo, y aquí quiero hacer hincapié, su equipo, el Visma-Lease a Bike, no se comportó en el Giro como lo hace el UAE en el Tour. Nunca hubo un control desmedido por abortar las fugas. El Visma dejó hacer a los demás, no machacó con aumento de vatios en las subidas hasta imponer un ritmo infernal. Y esto es porque más allá de la entidad de los rivales, la filosofía del CEO del Visma, Richard Plugge, y de su Jefe de Carrera, Grischa Niermann (hasta ahora), es de control y táctica sobre todas las cosas.
La filosofía del gerente del UAE, Mauro Gianetti, y de su director general, Joxean Fernández “Matxín”, es por su parte y según sus palabras, de “ciclismo diferente y ofensivo” y de “voracidad competitiva sin especular”. De allí la teoría del aplastamiento que impera en el pelotón ciclista.
El asunto es que el Visma impulsa el fomento deportivo con programas de desarrollo de jóvenes talento, con programas específicos de ciclismo femenino y ciclocross, pero sobre todo promueve el uso de la bicicleta como vehículo y como deporte. Su patrocinador Lease a Bike difunde valores de salud, esfuerzo y trabajo en equipo. El UAE también impulsa programas de desarrollo de jóvenes talento, pero su objetivo son los récords. El año pasado sumaron 86 victorias en una temporada. Ahora buscan las 100 victorias individuales en un año.
Hay muchas formas de entender el deporte: como salud, como espectáculo, como valor social. En el deporte olímpico está la famosa frase del barón Pierre de Coubertin, creador de los Juegos Olímpicos modernos: “Lo más importante no es ganar, sino participar”. La frase data de 1908 y ha derivado con el tiempo en el cambio de la palabra “participar” por “competir”. Pero detrás de ambas palabras hay un ideal de entender la disputa deportiva como un puente de convivencia y no como una guerra.
Pero en el deporte profesional esta frase pierde su sentido porque hay otras formas de entender el deporte: como empresa, como negocio, como política. Detrás de esto se encuentra el rendimiento porque los contratos y los puestos de trabajo dependen de los resultados. Los patrocinadores exigen resultados y la mayoría de equipos de ciclismo ofrecen a cambio visibilidad de marca, intentado meter a sus corredores en las fugas, para que la televisión enfoque sus dorsales durante varios minutos. Es el sostenimiento de los modestos, dirán algunos. Son las migajas que dejan Pogačar y el UAE, dirán otros.
Vuelvo a Iban Vega y su reflexión: “creo que es totalmente legítimo que el UAE no deje nada para los demás, y que decida acabar con los sueños de corredores como Javi Romo o Richard Carapaz camino de Le Lioran sin el más mínimo titubeo. Son los mejores, ejercen como tales y lo ejecutan en la carretera. Su actitud es tan legítima como lo es el derecho del aficionado a aburrirse con este dominio”.
Sobre eso el ex-ciclista Jan Bakelants advirtió en la cadena Sporza: “Cuando te vuelves demasiado codicioso, empiezas a frustrar a los otros equipos. Me interesaría ver cómo se recibe eso dentro del pelotón. En algún momento, se forma una alianza y todo el mundo está en tu contra”.
El comentarista Yoann Offredo de France TV, por su parte, se centró más en Pogačar que en el UAE, y criticó su enorme ego, sugiriendo que se puede ganar con mayor elegancia. Por eso en JoanSeguidor se afirma: “a Pogačar no le van a perdonar el día que no carbure como lo hace en la actualidad”.
¿Y qué dice Tadej Pogačar a todo esto? Tras la etapa 10 de Tour, donde fue recibido por el público con abucheos y silbidos, el ciclista esloveno declaró: “Hay gente que me detesta. Eso pasa siempre con los campeones. Esos abucheos animan más a mis compañeros de equipo, les dan más ganas de trabajar. Quiero decirles que echan más leña al fuego”. Y a continuación se comparó con el tenista serbio Novak Djokovic, fuente de polémicas por su temperamento.
Con tales declaraciones resulta evidente que la arrogancia está instalada en el corredor y que su equipo ha buscado ciclistas a su servicio que no piensen en el público, sino en acatar órdenes, sean cuales sean. Pero la comparación con Djokovic se queda a medias. El tenista siempre ha indicado que el éxito y las victorias acumuladas estando en la élite hacen que el ego crezca de forma natural. La clave para lidiarlo, según él, está en aprender a regularlo, evitando que los errores o la frustración controlen el rendimiento.
En fin, lo que es cierto es que Colombia ve desde la barrera como se mueve este mundo del ciclismo de élite, sin tener opción de estar metido allí, salvo por las muestras de entereza y esfuerzo de Egan Bernal. La globalidad y la Era digital hacen hecho que haya hoy más medios alternativos para que los colombianos vean ese ciclismo, pero siempre dejando en el espectador un suspiro de “¡qué ganas de estar compitiendo con ellos!”.
A modo de broma, Simon Gerrands, ex ciclista y comentarista de la SBS Sport, dice: “No crean nada de eso. La verdadera batalla por el Tour se está calentando. Fíjense en eso”, y señala un singular arte creativo en la campiña francesa. Es el Crop Art, aquellas obras monumentales para que sean visibles desde el helicóptero y los drones del Tour.
Siempre nos quedará el humor.




