En política, las diferencias ideológicas suelen levantar muros difíciles de cruzar. Pero hay momentos en los que una región debe mirar más allá de los partidos, de las campañas y de las controversias, para reconocer hechos concretos. En el caso de Nariño, uno de esos reconocimientos tiene nombre propio: Germán Vargas Lleras, exvicepresidente de Colombia, fallecido el 8 de mayo de 2026 en Bogotá.
Su paso por la Vicepresidencia, durante el gobierno de Juan Manuel Santos, quedó asociado a una palabra que para el sur del país era mucho más que una promesa: infraestructura. Y dentro de esa agenda, la doble calzada Pasto–Rumichaca ocupó un lugar especial. Para muchos dirigentes, gremios y veedores de Nariño, Vargas Lleras convirtió ese proyecto en una causa personal, casi en una obsesión administrativa, porque entendió que no se trataba solo de construir una carretera, sino de conectar al departamento con el país y con la frontera.
La historia tiene un punto clave en 2014, cuando el debate regional giraba alrededor de la antigua concesión Devinar. Para Nariño, ese contrato se había convertido en un obstáculo para avanzar hacia las vías de cuarta generación. Mientras no se resolviera jurídicamente la salida de Devinar, la doble calzada Pasto–Rumichaca seguía en riesgo de quedarse como otro anuncio incumplido.
En esa época, Página 10 registró la preocupación de la veeduría Rumichaca–Pasto–Chachagüí, del Comité Intergremial de Nariño y de diferentes sectores sociales y políticos. También dejó constancia de la expectativa que generaba la visita de Vargas Lleras a Pasto para tratar directamente el futuro de la concesión y destrabar el camino hacia la nueva obra. Una nota de nuestro archivo histórico, publicada el 3 de octubre de 2014, titulada “La caducidad de Concesión Devinar hará parte de la agenda del vicepresidente Vargas Lleras”, recogió precisamente ese momento de presión regional y decisión política.
El propio relato de la época recuerda una escena significativa: durante el X Congreso Nacional de Vialidad y Tránsito Expovial Colombia 2014, realizado por la Cámara Colombiana de la Infraestructura, se le planteó al entonces vicepresidente la preocupación por las demoras en la concertación con Devinar. La respuesta de Vargas Lleras fue directa: en pocos días estaría en Pasto para hablar del tema. No fue una frase de cortesía. Luego anunció públicamente su visita y puso el asunto en la agenda nacional.
Ese gesto fue importante porque Nariño no pedía un favor menor. La vía Pasto–Rumichaca era, y sigue siendo, un corredor estratégico para la movilidad, el comercio, la competitividad, la integración fronteriza con Ecuador y la seguridad vial de miles de ciudadanos. Una doble calzada en ese tramo significaba reducir tiempos, mejorar condiciones de transporte, conectar municipios como Ipiales, Pupiales, Gualmatán, Funes, Iles y Pasto, y fortalecer la salida del departamento hacia el resto del país.
En noviembre de 2014 llegó otro paso decisivo: el anuncio de que la vía Rumichaca–Pasto sería incluida en la segunda ola de concesiones viales de cuarta generación. El Conpes aprobó recursos por $2,2 billones para construcción y mantenimiento del corredor, con 80 kilómetros de doble calzada, una inversión de $1,6 billones para obra y $683.000 millones para mantenimiento.
También registramos en febrero de 2015 el avance definitivo bajo el título “Vía libre para doble calzada Rumichaca–Pasto”, donde se destacó que el proyecto entraba en la segunda ola de concesiones 4G y que la terminación de la antigua concesión era un prerrequisito para abrir paso a la nueva infraestructura.
El 11 de septiembre de 2015, el Gobierno Nacional firmó el contrato de la Autopista 4G Rumichaca–Pasto. La Agencia Nacional de Infraestructura informó que el proyecto contemplaba obras entre Rumichaca, Ipiales, Pupiales, Gualmatán, Funes, Iles, El Pedregal y Pasto, además de variantes como Las Cruces I, Las Cruces II, San Juan, El Capulí, Pilcuán, Pilcuán Viejo, El Pedregal y Alberto Quijano, así como la segunda calzada de la variante de Ipiales.
Ese contrato no nació de la casualidad. Fue el resultado de una presión regional constante, de la gestión del entonces gobernador Raúl Delgado Guerrero, de los gremios, de la clase parlamentaria nariñense, de la veeduría ciudadana y de una decisión política nacional en la que Vargas Lleras jugó un papel central. Su estilo podía generar adhesiones y críticas, pero en materia de infraestructura tenía una característica difícil de negar: hacía seguimiento, exigía resultados y asumía públicamente los compromisos.
Por eso, este reconocimiento póstumo no pretende borrar debates ni diferencias. Germán Vargas Lleras fue una figura política fuerte, polémica y con una larga trayectoria como senador, ministro, vicepresidente y candidato presidencial. Pero para Nariño, su nombre quedó ligado a una obra que durante años pareció imposible y que terminó convirtiéndose en una de las apuestas viales más importantes del sur del país.
Nariño también tiene razones para hacer memoria. La doble calzada Pasto–Rumichaca no fue solo cemento, maquinaria y contratos. Fue una lucha contra el aislamiento histórico. Fue la posibilidad de decirle al país que el sur también existe, produce, comercia, estudia, viaja y necesita vías dignas.
En esa historia, Germán Vargas Lleras tuvo un papel determinante. Independientemente de las ideologías, reconocerlo es un acto de justicia con la memoria regional. Porque hubo un momento en que Nariño necesitó que alguien desde el poder nacional pusiera los ojos en esta tierra, entendiera la urgencia y dijera, como lo repetía su propio lema de trabajo: manos a la obra.
Hoy, desde el sur, queda este reconocimiento: gracias por haber entendido que la infraestructura no es un lujo, sino una condición básica para el desarrollo. Gracias por haber puesto la doble calzada Pasto–Rumichaca en la agenda nacional. Gracias por haber contribuido a abrirle camino a Nariño.




