Hasta donde el pueblo quiera

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“Cercano está el momento en que veremos si el pueblo manda, si el pueblo ordena, si el pueblo es el pueblo y no una multitud anónima de siervos”

Jorge Eliecer Gaitán

Hace más de un lustro que no salía a la marcha del 1ro de mayo, la cual se celebra en conmemoración de los y las trabajadoras que han luchado y luchan por un mundo más justo. La de este año se vivió como una verdadera fiesta de la clase trabajadora. La cita dejó de ser la de años atrás donde la esperanza parecía ahogada y la dignidad era mancillada mediante gases y garrotes tan pronto se plantaba cara a la Casa de la Democracia en la Plaza de Bolívar. En esta ocasión no solo llego incólume, sino que fue más allá de la Plaza de Bolivar. Llegó a la Plaza de Armas donde escuchó con mucha atención el discurso del presidente Gustavo Petro, el primer presidente de Colombia en el siglo XXI que se dirige a las y los trabajadores en su día.

Ahí, entre la algarabía, entre iguales y entre quienes creemos genuinamente que el futuro de Colombia no puede ser el de la guerra, la miseria y la desigualdad, escuché un planteamiento del presidente Petro que retumba en mi cabeza desde entonces: las reformas del Gobierno Nacional irán hasta donde el Pueblo quiera. Este planteamiento arrancó cientos de aplausos y un coro in crescendo que decía: ¡si se puede! ¡Si se puede! ¡Si se puede! Debido a los vicios adquiridos de mi formación profesional e intelectual, al escuchar afirmar esto no pude evitar pensar históricamente y recordar a Alfonso López Pumarejo -referente constante del actual presidente-, quien al cierre de su segundo mandato afirmó, palabras más palabras menos, que su gobierno había sido inferior al mandato popular de La Revolución en Marcha o dicho en palabras de Gaitán en la postrimería de su vida: el pueblo es superior a sus dirigentes.

Con su planteamiento Petro zanja la discusión: el gobierno debe estar a la altura del pueblo y éste a la altura del momento histórico. Escrito en esta pantalla se ve muy sencillo, pero la sola afirmación produce vértigo. El gobierno deberá redoblar esfuerzos como lo ha solicitado el mismo presidente, lo cual es perfectamente factible si existe la voluntad política. El pueblo, incrementar sus niveles de organización y movilización, lo cual, como ya lo he señalado en columnas previas, es una tarea difícil. Por paradójico que parezca, el Gobierno del Cambio llegó en el marco, sí, del mayor ciclo de protestas que hemos conocido en nuestro país, pero quizás en el peor momento organizativo de los sujetos políticos de las principales reformas y en general, producto del reflujo del ciclo de protestas, pero también por el letargo causado por la victoria electoral que nos hizo creer que la tarea estaba cumplida.

¿Hasta donde quiere el pueblo que llegue este gobierno? ¿Será acaso que en esta ocasión los papeles se invierten y el pueblo será inferior a sus dirigentes? Vivimos tiempos de definiciones.

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