Hidrógeno verde

Sustituir los combustibles fósiles por energías renovables, modernizar la economía y transformar los modelos de producción y de consumo, y enfrentar de la mejor manera el cambio climático, es parte de lo que está en juego con la sanción de la llamada Ley de Transición Energética, que una gran cantidad de países han puesto en marcha. Entre ellos, Colombia, que la sancionó el pasado 10 de julio.

Esto coincide con algo en lo que se venía trabajando en el país desde hace algún tiempo y es el uso del hidrógeno verde como fuente de energía limpia, un proyecto que el Ministerio de Minas y Energía han trazado de aquí a 30 años. La idea es que el hidrógeno verde sea la base de la producción de calor, de la energía eléctrica y de lo que esta pueda generar para la movilidad. Como el hidrógeno es una sustancia capaz de almacenar energía, tras ser liberado se transforma en una pila o una batería que almacena electricidad.

¿Y como así que liberado? Porque el hidrógeno no está solo, sino que hace parte de otros elementos como el gas metano, CH4; o el agua, H2O. Si se consigue separarlo, se convierte en un vector energético.

Existen varios tipos de hidrógeno: el negro, que viene del carbón; el gris, que viene el del Gas Natural; el azul, también de allí; y el verde, que es el que nos ocupa y que se obtiene a partir de la electrólisis del agua utilizando electricidad procedente de fuentes renovables. Por ejemplo, molinos y paneles solares.

El problema que tiene el hidrógeno verde es que es muy caro, porque las energías renovables y los electrolizadores son costosos y lentos. Por eso, la Unión Europea, por ejemplo, ha hecho la mayor apuesta económica de la historia en su favor, y que hace parte de los 1,8 billones de euros destinados a la reconstrucción de la Europa posterior a la COVID-19. La transición energética corresponde al 30% del presupuesto previsto para combatir el cambio climático.

Colombia, desde luego, no tiene mucho dinero para ir rápido en esto, pero cuenta con una gran ventaja: la cantidad de agua. Según lo aclaró Luis Barallat, del Boston Consulting Group en la web Portafolio, “hoy el país produce las tres cuartas partes de su electricidad con generación hidráulica. Esta es una fuente renovable de producción, competitiva y a bajo costo”.

Entonces su gran reto es reducir los precios de la electricidad renovable y de los electrolizadores. Según la Agencia Internacional de las Energías Renovables, el precio tendría que bajar de los 5 dólares por kilogramo de hoy, a 1 dólar el kilogramo.

Y mientras el Gobierno se come el coco con el tema, diferentes empresas ya han comenzado a trabajar en el tema. Es el caso de Solenium, firma de energía solar paisa, que tiene un proyecto piloto en el que una red de paneles solares producen excedentes de energía eléctrica, y de un electrolizador y agua se produce hidrógeno verde.

Al final Colombia apostará por este tipo de empresas y experiencias para ese proyecto a 30 años, pero ya puestos en el camino del cambio, ¿porqué no mirar los pequeños experimentos que chicos visionarios van desarrollando en el campo y en la provincia?

El programa A Ciencia Cierta sacó el año pasado a relucir un montón de proyectos alternativos interesantes, 16 de ellos nariñenses. La electrólisis no estaba allí, pero es que desde hace años hay emprendedores que vienen pensando en la generación de energía alternativa.

Por ejemplo. En 2018 el estudiante Cristian Delacruz, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Nariño, presentó un proyecto titulado “Optimización de las condiciones para la generación de hidrógeno para aplicaciones vehiculares a partir de la electrólisis de la orina humana”.

Su idea era trabajar con depuradoras de agua y demostrar que la orina es “una fuente para producir hidrogeno económicamente más viable que otras fuentes. Por esto los excrementos podrían aplicarse como precursores inmediatos para sustituir fuentes energéticas convencionales”.

Como cambian las cosas. Hace tres años se veía esto como algo ingenioso, pero imposible de implementar. Hoy sería parte de un banco de ideas hacia el que debería encaminarse la nueva ley.

“Quizás no nos damos cuenta, pero estamos ya en ese futuro en el que el hidrógeno ya está dando sus pasos”, dijo el profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Concepción, Chile, Alejandro Karelovic, a BBC World. Y tiene toda la razón.

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