En 1978 la Vuelta a Colombia arrancó de Ipiales. Por Nariño había dos equipos: la Licorera y la Gobernación. Hubo mucha expectativa, muchísima, no sólo por lo deportivo, sino por las necesidades de una región pobre. Tanto fue así, que cuando llegaron a Pasto, al término de la primera etapa, el gobernador Jaime Erazo López aprovecho para pedir mayor atención para el departamento. Al día siguiente en El Bordo, los habitantes llenaron las calles pidiendo agua potable. Hechos similares se sucedieron en todas las etapas hasta que al llegar a Giradot los ciclistas se declararon en huelga y dijeron que no corrían más.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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