Jorge Amable Vasquez

En 1978 la Vuelta a Colombia arrancó de Ipiales. Por Nariño había dos equipos: la Licorera y la Gobernación. Hubo mucha expectativa, muchísima, no sólo por lo deportivo, sino por las necesidades de una región pobre. Tanto fue así, que cuando llegaron a Pasto, al término de la primera etapa, el gobernador Jaime Erazo López aprovecho para pedir mayor atención para el departamento. Al día siguiente en El Bordo, los habitantes llenaron las calles pidiendo agua potable. Hechos similares se sucedieron en todas las etapas hasta que al llegar a Giradot los ciclistas se declararon en huelga y dijeron que no corrían más.

La razón era el horario. La organización programaba las salidas en las tardes por razones de audiencia y logística, pero el calor era insoportable. Así que se plantaron y ganaron la lucha por sus condiciones. Rafael Antonio Niño conseguiría su quinta Vuelta y un pastuso, Jorge Amable Vásquez, acabaría 20 en la general, pero con el orgullo de haber triunfado en la quinta etapa entre El Cerrito y Pereira.

Jorge Amable Vásquez era un buen corredor. Para ese entonces llevaba diez años corriendo. Se había iniciado en 1968 en Ciclo Cóndor y su combatividad lo habían llevado a la Selección Colombia que participó por primera vez en 1973 en el Tour de l’Avenir, el Tour de los ciclistas aficionados y los más jóvenes.

Leandro Coco dirigió un equipo que acabó ovacionado en Paris en una tarde de lluvia. La edición de aquel año la ganó Gianbattista Baronchelli, pero los corredores (Rafael Antonio Niño, Abelardo Ríos, Luis H. Díaz, Edgar García, Jorge Eliecer González, Olinto Rueda y Jorge Amable Vásquez) permitieron ver que el ciclismo colombiano estaba en capacidad de competir de tu a tu con los grandes de Europa.

Gran coequipero, muy rápido, se le daban bien las metas volantes, pero sobre todo era muy sacrificado por sus compañeros, llámese Carlos Campaña, Luis Tovar o Wilfredo Insuasti. Para ellos trabajó, pero muchas veces acababa mejor que ellos en la clasificación final. En la Vuelta a Colombia del 73 fue quinto, en la del 75 fue sexto, y en la del 77 no pudo con Fabio Arias en la llegada final a Bogotá. Corría en ese tiempo con un equipo mixto, Bogotá-Ferreina-Nariño, pero también hizo cosas muy buenas con el equipo de la Contraloría Departamental.

Compitió en España, en Italia, en Venezuela, aunque eso si, su mayor logro fue en 1982 cuando ganó la Vuelta al Ecuador. Acabó en hombros de sus leales fans.

¿Porqué cuento todo esto? Porque la quinta edición de la Vuelta a Nariño, que se llevará a cabo del 30 de septiembre al 3 de octubre le rendirá un homenaje especial. Se lo merece, que duda cabe. Fue un orgullo de la ciudad, del departamento y del país. Y cuando se echa la mirada atrás, siempre aparece él con su coraje a cuestas y su capacidad de sacrificio. Un ejemplo.

La Vuelta tiene un nombre: Mi Nariño, en defensa de lo nuestro, y seis etapas desde La Cruz hasta Carlosama. Y la idea es que sirva de ventana para mostrar las bondades de los 21 municipios por los que pasa y el proceso de reactivación económica que vive el departamento. Y aparte de eso, claro, la inclusión deportiva, privilegiando a las personas con discapacidades.

Hay 15 categorías, desde master hasta infantil, lo que demuestra no sólo el avance del ciclismo, sino su influencia social. Ha llovido mucho desde 1978, cuando al paso de Jorge Amable Vásquez y la caravana, la gente salía a pedir plata y comida al pie de la carretera.

En ese año se celebró en Medellín un Foro Ciclístico y la principal conclusión fue que era necesario convertir la Vuelta a Colombia en un instrumento de cultura. Y aunque no ha podido ser así, la idea sigue siendo válida. De la misma forma en que sigue siendo válido rendir homenaje a nuestros pioneros.

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