Kiko Villamizar y las raíces andino amazónicas de la Remolacha

Kiko villamizar nació en Miami, pero de muy pequeño su raíz andina amazónica lo haló hacia la tierra de sus ancestros y lo hizo regresar a la montaña colombiana de la cual asegura que no saldría si no tuviera una pequeña de 4 años esperándolo en su casa actual en Texas donde vive en un pueblo tranquilo al que compara con Pasto, por ser un lugar donde la gente es muy amable, creativa y donde se siente el talento musical en sus rincones, tanto que a veces pareciera quedarle pequeño.

 

Pasó su infancia bajo la sombra de los paisajes paisas en una finca cafetera que le siguió sus pasos hasta que se graduó del bachillerato. Buscando sus sueños de estudiar música y queriendo encontrar los sonidos del buen jazz se encontró con Miami, la ciudad del sol.

 

La música le llegó desde el vientre de su madre, cada etapa de su niñez tenía un sonido nuevo que ofrecerle, por eso no fue sorpresa que su primera experiencia estuviera precisamente al lado de su familia con la cual crearon un coro en el cual Kiko fue dando sus primeros pasos a una aventura musical que lo ha formado profesionalmente desde hace más de 16 años.

Su música es la mezcla de muchos ritmos latinoamericanos, reggae, ritmos afrocolombianos, jazz y música tejana. Kiko reconoce que al principio no sabía muy bien qué ritmo escoger de entre todos los que había visto y escuchado y al final simplemente decidió no decidir y tocar todos los ritmos que pudo en español.

 

“Yo prefiero la música con saborcito, indígena o africano no tan europeo”.

 

Su música es el reflejo de su personalidad, donde cada palabra tiene su tono. En su trabajo se aprecia su búsqueda por integrar y armonizar las diferentes melodías para que se capte la fusión, su verdadera fusión esa que él no se inventó sino de la que no se pudo separar ni decidir y finalmente la expresó, así como le llega al corazón, como sacada de raíz de la pura tierra.

Su inspiración la saca de las historias nativas de aquellos que las cuentan por sus años, esas voces de los viejos que guardan grandes historias en esos amores pasados, en las ramas de los árboles, los colores de los pájaros, las plantas con las que se curan, las montañas donde viven, el mar que los rodea o la tierra donde se dejan morir.

 

Kiko ha venido a la zona sur de Colombia a pedirle permiso a esos ancestros de los cuales hoy les extrae sus historias, a esas raíces que de las que cuelga su música. Como él mismo nos dice, ha venido a pedirle al viento del sur que sople a su favor.

En su gira que ha denominado Colombia Tour realiza el lanzamiento de su trabajo discográfico “La Remolacha”, que en inglés se traduce beet y que al igual que beat que significa ritmo, es una metáfora con la que se explica este bajo tierra (underground) donde Kiko quiere que la gente se meta para entender un poco más la situación de los nativos del continente americano que por los efectos de la colonización vieron interrumpida su libertad de trueque que antes realizaban sin límites y que hoy aún están vigentes en las fronteras que se levantan y que los marcan de ilegales cuando deciden cruzarlas, víctimas de deportación, Remolachas sembradas en la tierra, con la raíz quebrada pero no cortada.

 

Entonces la visión de Kiko es correcta, la colonización es temporal. Ahora el camino nos conduce a nuestras raíces, allí en ese lugar primario del que todos salimos emergen sonidos auténticos, nuevos y mágicos que crean música donde la gente joven ha encontrado su identidad. Nuevos movimientos musicales propios de la región de Nariño, 2 bandas que gozan del reconocimiento y admiración de este hijo adoptivo de Colombia: La Bambarabanda y Los Alegres de Genoy.

Y es este álbum donde se sienten los sabores colombianos, la cumbia es mezclada con el reggae muy al estilo Kikoniano y este sonido de tambores que nos identifica a nivel mundial se convierte en el himno para cualquier nación que lo adopte, como un camaleón que se transforma, sonando al ritmo que lo toquen, una cumbia argentina, peruana o mexicana. Una cumbia que con gaitas y tambores es capaz de prender cualquier fiesta en cualquier época del año.

La música es medicinal, ese el mensaje de Kiko Villamizar, es ese calmante para las situaciones tensas de la vida, eso él lo sabe muy bien, pues en los momentos oscuros que tuvo que vivir a raíz de un grave accidente automovilístico donde perdió a un ser querido, fue ella la que le dio la mano para seguir y transformar ese dolor que tenía en el cuerpo en notas musicales.

 

También la violencia de Colombia y especialmente de Medellín le han movido su piso y puesto a pensar y reflexionar. Vivir tan de cerca con la situación de pobreza y falta de oportunidad le dieron sonido a su voz y en su música se siente la fuerza de sus palabras combinadas con los ritmos de su fusión para que la gente entienda que después de los problemas viene la solución.

“No soy de izquierda ni de derecha soy de la pachamama. la gente del pueblo está entre los dos grupos y eso, la izquierda y la derecha son una ilusión”.

 

Kiko hace su música hablando de lo que tiene que hablar, curando al que quiere escucharlo, regalando sonrisas y haciendo gozar a la gente que aprecia la vida y que se agarra de ella como una raíz de remolacha.

 

Su Tour Colombia continúa visitando las ciudades de: Medellín, Manizales, Pasto, Leticia, Bogotá y Villa de Leiva para regresar su casa en Texas el 1 de abril.

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