Escuchando nota
Por: José Arteaga
(X-Twitter: @jdjarteaga)
¿Las noticias tendenciosas son Fake News? No necesariamente. Una serie de informaciones verdaderas sobre algo en concreto pueden desviar tu atención y hacerte creer que es lo único que ha sucedido. De esta forma se oculta todo lo demás y tú sólo crees en lo que has visto. Es como funcionan los algoritmos: te encierran en una burbuja informativa, haciéndote ver apenas un trozo de lo que sucede en el mundo. Y quedas convencido de que ese es todo el mundo.
Me sucedió hace poco. Compartí un meme sobre el favoritismo manifiesto de la FIFA hacia Messi y Argentina en el Mundial de Fútbol. Había visto desfilar en Scroll decenas de comentarios al respecto, incluso de medios de prestigio como L’Equipe o The New York Times. Lo asumí como un escándalo del que todos tenían conocimiento. Pero nada más erróneo. Mis amigos no lo sabían y el verdadero escándalo para ellos era el atropello masivo de unos hinchas mexicanos cuando celebraban. Mis algoritmos me habían encerrado, consiguiendo que sacase una conclusión equivocada. Lo de la tarjeta roja perdonada a Messi existió. Es una verdad comprobable. Pero, desde luego, no es la única verdad.
Fernando Belzunce, Director editorial de Vocento, ha recogido una serie de opiniones sobre la desinformación en su recomendable libro “Periodistas en tiempos de oscuridad”. Una de ellas es de la bielarrusa Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura: Svetlana Alexiévich advierte que la desinformación masiva ha anulado el pensamiento crítico, anestesiando a la sociedad y fomentando el odio. Y dice una cosa muy interesante a modo de ejemplo: “Yo voy a ver a una persona que es tu vecino en el tiempo, y a hablar con ella. La cuestión es: ¿quién es el que hace la pregunta?, ¿hasta qué punto eres interesante para el otro?”.
En otras palabras, estamos tan encerrados y tan convencidos de nuestra forma de pensar, que cuestionamos a todas las personas que se acercan con un discurso distinto. Lo he dicho muchas veces: creemos solamente en lo que queremos creer. Lo demás no se toma en cuenta, llegando a cuestionar, incluso, al autor de una opinión ajena, aunque sea un experto en la materia. Si yo estoy convencido que este Gobierno ha sido un desastre en materia económica, ya puede venir el Nobel de Economía a contradecirme, que no le voy a creer.
¿Suena bastante engreído ese comentario, verdad? Pero es que nos hemos vuelto engreídos. Las redes sociales privilegian la imagen personal y los Likes. Hacemos parte de una pasarela y desfilamos por ésta como modelos, convencidos de la belleza de nuestros argumentos. Nuestra verdad es LA verdad. El problema es que justo por eso, somos caldo de cultivo para la manipulación.
El periodista y escritor español David Alandete Ballester, cuenta en su magnífico libro “Fake News: la nueva arma de destrucción masiva”, cómo llegó a ser blanco de la ira de Julian Assange, creador de Wikileaks, en 2018, cuando era subdirector del diario El País. “Tropecé con él durante la investigación de la alarmante proliferación de noticias falsas y bulos en los días previos al referéndum de independencia de Cataluña… hasta el día del referendo, compartiría unos 48 mensajes en inglés, español y catalán, todos abogando de forma apenas disimulada por la independencia, comparando la acción policial española con la represión del régimen chino en las protestas de la plaza de Tiananmen”. En fin, que Assange acusó a Alandete de trabajar para Washington y allí fue Troya… para Alandete, por supuesto.
“Esa es la nueva realidad del ejercicio del periodismo: si un informador publica una noticia incómoda, se le apunta con el dedo para invalidar lo que dice tratando de desacreditarle a él personalmente”. Cualquier parecido con la realidad no es sólo coincidencia. Esto se ha visto en Colombia, en Argentina, en Brasil, en Estados Unidos y en cualquier país por donde han pasado gobernantes obsesionados por el poder y el control de los medios estatales.
Pero, ¿es la desinformación un mal sociológico, propio de esta Era digital que vivimos?, ¿o es algo más maquiavélico?, ¿hay alguien ganando dinero con todo esto?, ¿así como hay medios oficiales publicando noticias verdaderas, hay medios clandestinos generando noticias tendenciosas y falsas?, ¿así como hay escuelas de periodismo y facultades de comunicación, hay formación en Fake News y desinformación? Pues todo indica que sí.
La primera persona señalada como el “origen” de la desinformación política a gran escala es Margarita Simonián, periodista rusa, directora del canal de televisión Russia Today (RT) y de la agencia estatal de noticias Spútnik. La ONG Reporteros Sin Fronteras la ha acusado de difundir desinformación masiva, y la Unión Europea la ha sancionado varias veces por tratar de influir en elecciones extranjeras.
Como el veto de la Unión Europea es inflexible desde la guerra de Ucrania, RT y Spútnik han enfocado sus baterías (léase, prestar servicios) hacia Latinoamérica. Las investigaciones policiales han revelado cómo Rusia capacita a Influencers y periodistas para promover agendas alineadas a Moscú.
¿Cómo lo hacen? Lo más habitual es el empleo de una técnica conocida como Firehose of Falsehood, que traduce algo así como manguera de mentiras y que consiste en desencadenar una secuencia de informaciones parcializadas y/o falsas que conduzcan a una desinformación generalizada.
Otro sistema es lo que se denomina Posverdad, descrito así por Alandete: “De una fuente no oficial, que expresa algo que no es más que una opinión, extrae un titular contundente y de unas implicaciones enormes sobre la vida política de un continente y sus aliados y, sobre todo, en la línea de lo que le interesa a Moscú” (léase, mejor postor o contratista).
Todas las redes sociales son proclives a ello, pero también las redes de mensajería, especialmente Telegram, tan publicitado en 2024 por Nicolás Maduro, justo cuando hubo una ola de bloqueos digitales en Venezuela. 79 sitios web y servidores DNS bloqueados, según el observatorio de internet NetBlocks.
No es de extrañar. Resulta que el fundador de Telegram, Pável Dúrov, tiene desde hace años una serie de demandas en Bruselas y La Haya por el favorecimiento a mafias internacionales para que usen su plataforma como canal de comunicación libre. Las demandas van desde narcotráfico hasta pornografía infantil. En el mundo de la comunicación digital, Telegram es el reincidente habitual que siempre se escapa de las manos de la justicia.
Pero Dúrov es sólo un socio, por así decirlo, de la maquinaria de Simonián. Su brazo armado se hace llamar The Company, algo así como los mercenarios del Grupo Wagner, pero especializado en ciber-ataques y operaciones clandestinas digitales. Hace poco se detectó un ala de The Company en Buenos Aires, que inyectaba de desinformación constante los medios locales, con el propósito de incidir negativamente en reformas gubernamentales. La policía argentina desmanteló el ala y sus miembros fueron extraditados, siendo recibidos con honores por Vladimir Putin.
The Company nació en San Petesburgo en 2013, como fruto de un proyecto llamado Lakhta. ¿Su misión? Manipular redes sociales, sembrar división política e influir en elecciones presidenciales. Y todo bajo contrato, al mejor postor. Se dice, aunque no hay confirmación oficial, que su primer gran cliente fue Donald Trump, no para apoyarlo a él, sino para atacar, mediante Trolls y Bots a su rival Hillary Clinton, lo cual, en efecto, ocurrió. Julian Assange y Wikileaks también se sumaron a esos ataques.
Un dato curioso: ¿Saben ustedes quién puso de moda el término Fake News? Efectivamente, Donald Trump. ¿Y saben cuándo? Efectivamente, cuando surgieron los ataques a Hillary Clinton. Fue una vuelta de tuerca suya para desacreditar y atacar a los medios de comunicación y a los periodistas que lo criticaban. Cuando llegaron las elecciones, Trump apareció como la víctima. Cuenta Martin Baron, ex director del Washington Post, en su libro “Frente al Poder”, que la injerencia de Putin en las elecciones americanas era un secreto a voces, pero que nunca se pudo verificar, al menos entre los medios tradicionales.
“Los medios de comunicación no son un monolito. Cada medio tiene sus propias ideas respecto a lo que debe publicar o emitir. BuzzFeed News había dado un paso que nosotros en el (Washington) Post y muchos otros grandes medios habíamos decidido no dar. Nosotros estábamos apegados a un método tradicional: si no se verifica, no se publica”.
Cuando Baron habla de BuzzFeed News, se refiere a un diario Online muy criticado por ser proclive a anteponer la rapidez por encima del rigor informativo.
Hace tres años escribí una columna titulada “Quién hace las Fake News”, y en ésta hacía eco de una noticia singular: la supuesta muerte de José Luis Perales. La investigación de entonces sobre el origen del bulo conducía a 12minutos.com, parte de una network de páginas webs llamada Mediavibes con sede en Binic, una comuna de la región de Bretaña, al norte de Francia. MediaVibes había creado 12minutos.com para que cualquier colaborador pudiese crear contenidos falsos justificados bajo la expresión “contenido divertido”.
La cadena televisiva española Antena 3 contactó a un creador de FaKe News, quien confesaba: “Gano un beneficio según los clicks en las Fake News. Las difundo por internet con el afán de que la gente las siga reenviando. Cuanto más se expanden, más clics se hacen y más dinero gano… Normalmente la gente pica en este tipo de noticias falsas porque tiene un interés personal en que esa noticia sea verdadera. Una noticia ideológica o política va a hacer que la gente, sin contrastar la información, la pase porque les viene bien según su ideología”.
Pues justamente estos personajes son los soldados de los grandes jerarcas de la desinformación, y estas Networks son sus cañones de guerra. La pólvora es la viralización, un método digital que también hemos tratado aquí. Así lo describe el analista Diego Ruzzarin: “a través de sistemas automáticos y de IA, miles de tarjetas SIM se conectan a un centro de mando; y a través de diferentes programas de gestión se manda un comando que se replica N veces al número de aparatos que estén conectados sobre la red”. Esas son las granjas de Bots. Y por supuesto, el dueño de una granja puede ganar millones de dólares.
La desinformación es más que un negocio; es una red intrincada y fraudulenta, puesta al servicio de intereses determinados. En otras palabras, es una mafia. Actúa como tal y piensa como tal.
¿Quién se beneficia? Pues los contratantes de estos servicios. Por ejemplo, los partidos políticos británicos euroescépticos como el UKIP, que lograron el Brexit; o los partidos políticos independentistas de todo el mundo, para quienes se celebró en Moscú una especie de convención en septiembre de 2016 y que se ofrecieron estos “estímulos separatistas”.
Y volviendo al tema ruso, ¿quién financia The Company? En teoría el Kremlin, pero su primer mecenas fue el oligarca Yevgeny Prigozhin, quien creo en 2013 la Internet Research Agency. Esta agencia dio origen al proyecto Lakhta y éste a The Company. Su primer ataque se dio en Ucrania y luego en Estados Unidos. Según Jeff Horwitz, autor del libro “Código Roto”, más de 126 millones de estadounidenses vieron en algún momento la propaganda rusa.
Yevgeny Prigozhin, fundador del Grupo Wagner, acabó enfrentándose a Putin y falleció en un misterioso accidente aéreo en 2023. La Internet Research Agency, también conocida como Glavset, pasó a manos de la red de información estatal que maneja Margarita Simonián.
Decía hace poco Fernando Belzulce en una entrevista para el diario El Correo, que “los extremismos políticos se potenciaron en las redes sociales porque supieron utilizar mejor que nadie su tremendo potencial algorítmico, a menudo mediante oscuras campañas de manipulación. Pasa aquí y en otros muchos lugares de Occidente”. Y cita el caso de Carole Cadwalladr, periodista británica, quien destapó el caso de Cambridge Analytica, una consultora política que accedió ilegalmente a los datos de 87 millones de usuarios con el fin de manipularlos electoralmente en el Brexit. Jeff Horowitz da cuenta en “Código Roto” como Mark Zuckerberg, fundador de META y Facebook, fue multado con 5.000 millones de dólares y tuvo que comparecer ante el Congreso estadounidense.
El asunto es: ¿vamos a seguir así?, ¿estamos a merced de estas mafias?, ¿cualquier político populista las puede contratar?, ¿sucedió realmente en Colombia en 2021 y 2022, como varias investigaciones apuntan?
Es complicado asegurar, pues como dice Martin Baron, “si no se verifica, no se publica”, algo de lo que deberían aprender los medios alternativos Online y los Influencer. Elon Musk ha fomentado la creencia de que “el medio eres tú”, y hoy todos nos sentimos capaces de ser informadores o de ser críticos. Nadie verifica en redes si esa información viene sesgada o manipulada.
Pero hay síntomas, indicadores, pistas a seguir en este entramado de falsedades y medias verdades que inunda el mundo digital y nos leva de un lugar a otro en nuestra manera de comportarnos. Uno de estos síntomas es la forma en que los políticos de turno se refieren a los medios de comunicación que critican sus gestiones.
Fernando Belzulce lo resume así: “Los discursos de estos movimientos extremistas respecto de los medios y los periodistas se parecen mucho en los distintos países. Es curioso que cuando se generan campañas de desinformación se multipliquen con las mismas frases, traducidas y multiplicadas hasta el infinito. No sé si hay conciencia de esto en la sociedad”.




