A las carreras tomó juramento el presidente Abelardo de la Espriella; una vez que el congreso aprobó el traslado de la posesión a la ciudad de Cali. El partido de los Gómez, salvación nacional propuso que la posesión se diera en una guarnición militar, como lo pidió el presidente, desde que el CNE lo proclamara, su obsesión tuvo un traspiés porque el congreso aprobó la ceremonia primero en Popayán y después en Cali, pero nunca aprobó que fuera en una guarnición militar y finalmente el presidente engañó al congreso y al país, porque una vez tomó juramento, se apagó la luz en la universidad Santiago de Cali, salió raudo al batallón pichincha desde donde dio su primer discurso como presidente y dejó al congreso de Colombia, a millares de invitados nacionales e internacionales a que siguieran el discurso por pantalla de TV, configurándose el primer engaño ante el país del presidente de los “Nunca”.
Se afirmó en campaña que el tigre reduciría el gasto público y se combatiría el despilfarro del erario público y sin que sea ajeno a esa promesa los costos de la posesión del presidente de la Espriella superaron los $14 mil millones, cifra que superó casi en cinco veces la de sus antecesores; Gustavo Petro $ 3.571.000 y Iván Duque $ 3.288.000.
La mayor afirmación de la campaña de los “defensores de la Patria” fue de que representarían a los “Nunca”, negaron en público el apoyo de los partidos de la derecha, pero estos entraban por la cocina a la campaña y clanes como los Char, Gómez, Los genecos y otros reflejan la distribución matemática del primer gabinete del Tigre y se le suma el nepotismo del laureanismo con tres miembros de este clan en el gobierno.
Fueron 14 los anuncios del nuevo presidente, sobresalen los bloques urbanos para combatir la inseguridad, que esperamos no sean una copia de las convivir que tanto dolor causaron por sus prácticas criminales; primer regalo a los poderosos, eliminaría el impuesto al Patrimonio que privaría a las finanzas de la nación a no percibir cerca de dos billones de pesos anuales, a pesar que insistieron que con el achique del estado y la reducción del gasto público no requerían una reforma tributaria, la van a presentar y ya hay rumores que podrían grabar aún más la canasta familiar.
Los estados tienen dos alternativas para enfrentar la guerra y el conflicto, la negociación política o la tierra arrasada, el presidente Abelardo opta por la segunda, ultimátum a los actores armados, terminación sin fórmula de juicio de los conversaciones adelantadas por el gobierno anterior y traslados de cabecillas a cárceles de alta seguridad, declaratoria de guerra; tristemente asistiremos a los velorios que seguramente serán de víctimas colocadas por los pobres, porque los ricos no van a la guerra.
Esperamos que el presidente Abelardo de la Espriella renunciará a su nacionalidad gringa, no solo no lo hizo, sino que anunció como lo dijo en campaña, “fracking a lo que dé”, fumigación muy a pesar que la corte constitucional la tiene prohibida y reafirmó que afiliaría el país al “escudo de las Américas”, estrategia militar de la llamada nueva derecha del binomio TRUMP-RUBIO.
Una de las mayores conquistas de la constitución del 91, fue el de declarar al país, como un estado laico, su esencia fue burlada por el desfile de religiosos, sin inmutarse cuando un rabino en representación del estado genocida de Israel y además de los anuncios de uno de los exponentes de la nueva derecha, el canciller que manejará las relaciones diplomáticas con sectario enfoque imperial; y resulta contradictorio que el argumento para trasladar la posesión presidencial sea con base en la descentralización, el ministro Lara anuncia que retirará la ley que reglamenta lo ordenado por el acto legislativo que modificó los porcentajes de participación y competencias que debe subir de 24% existente hasta el 39.5% gradualmente.
Termino la narrativa de achacarle todos los males que ocurrían al expresidente Gustavo Petro, les llegó el tiempo de gobernar, la vara del gobierno del cambio la deja muy alta, llegó el gobierno del “tigre”, claro que no puede haber mejor deseo que acierte y lo más importante, que gobierne para todos los colombianos sin distingos, sin sectarismos, sin fundamentalismos y con apego a la constitución política de Colombia.



