Las fugas de cerebros

De acuerdo con la Academia Rusa de Ciencias, cerca de 20.000 científicos abandonaron Rusia entre 2010 y 2013, 50.000 lo hicieron entre 2014 y 2019, y muy posiblemente la cifra se duplique en estos tiempos de conflicto, debido a las sanciones económicas de Occidente que lastran la economía rusa.

Es lógico pensar que un país en conflicto empuja la emigración. 200.000 rusos han salido ya de su país vía Georgia y vía Finlandia. Pero como se ve, la emigración ya viene dándose desde hace tiempo por otros factores. Según el Centro de Relaciones Internacionales de Estados Unidos, la mayoría salió por salarios bajos y por la disminución del prestigio del trabajo intelectual y falta de oportunidades para la ciencia (Putin, desde luego no ha apostado por ella).

Pero un 40% lo ha venido haciendo por la amenaza de un estallido social. Al final se dio, y fueron los científicos quienes se dieron cuenta e hicieron las maletas, algunos a tiempo. La incertidumbre gubernamental trae eso, y como se ha visto en países como España, también la polarización política hace que el futuro se vea negro. ¿Cómo creer en un candidato de izquierda o de derecha cuyo principal objetivo durante la campaña es desacreditar a su oponente?

Colombia no es el país donde más fugas de cerebros se dé en América Latina. Cuba es el rey de la migración forzosa y Argentina lidera las estadísticas de migración voluntaria. Lo que tiene Colombia es un problema para retener talento. En 2018 el World Talent Ranking del International Institute for Management Development, IMD, mostró a Colombia como el cuarto país con peor desempeño en retención. ¿Razones? Muchas, pero sobre todo la actitud de las administraciones públicas para valorar su importancia. O sea, un cúmulo de factores que vienen a ser los mismos de la emigración rusa.

Bien. Ya sabemos que la ciencia no es prioritaria en un país como el nuestro. Lo vemos, por ejemplo, en alcaldías como la de Pasto; algo que anotábamos en esta columna. Hay pastusos haciendo trabajos notables en Singapur, Atlanta, Miami, Scottsdale y Ottawa, pero la Alcaldía ni siquiera los tiene en cuenta para recabar su opinión sobre temas determinados. En otras ciudades sucede igual.

No somos un país donde se potencie la educación superior más allá del título universitario. Aquí se estudia mucho, pero no exista una suficiente demanda laboral especializada. Y los avances científicos los consideramos como algo fortuito, fruto del empeño de un emprendedor, o del proyecto de una facultad, o un asunto que sólo compete al Ministerio de Ciencias. Es más, pienso que para algunos políticos es bueno que el científico se vaya, porque tarde o temprano enviará remesas y eso si que repercutirá sobre la economía colombiana.

De hecho, esto sucede. Un estudio de Paula Remicio, de la Universidad de los Andes, dice: «A causa de la gran cantidad de colombianos que cuentan con un alto nivel educativo y que residen en el exterior, las remesas constituyen uno de los flujos más importantes del ingreso en Colombia». Lo malo es que por lo general, un talento con master o postgrado en el exterior, difícilmente vuelve.

En 2014 Colciencias (aún no Ministerio) presentó el programa Es Tiempo de Volver, consistente en la repatriación de investigadores con doctorado. Hubo mucho lío por el tipo de ayudas, y no se supo más. En 2020 se hizo la Convocatoria 891 «Fortalecimiento de vocaciones y formación en CTeI para la reactivación económica en el marco de la postpandemia». Minciencias ofreció 53 becas postdoctorales. Un primer paso para el retorno, porque aquí viene el gran problema.

Un país sin desarrollo científico es un país dependiente, importador, subdesarrollado, sin fortalezas propias. Es vital que nos talentos ayuden a fortalecer nuestra industria y tecnología, lo agrario y lo ambiental. No es un asunto de cultura elitista, de acceso de unos pocos y riqueza puntual. Es progreso, simple y llano progreso.

A Rusia se le ha venido encima una catástrofe y trata de conquistar por lo bélico lo que no ha podido conseguir por lo científico, habiendo sido hace décadas la principal potencia mundial en la materia.

En Colombia no vamos a vivir una guerra de estas características, pero estamos dejándonos llevar, y eso equivale a seguir anclados en el pasado.

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