El pasado 24 de marzo en el sur de Bogotá un colegio fue incendiado por la comunidad con motivo de las denuncias sobre un presunto abuso sexual de parte de un profesor de la institución en contra de un niño de 5 años. Dos días antes, “Simona”, una activista de la causa feminista irrumpió en la Catedral Primada de Bogotá en plena eucaristía denunciando la indignación de las juventudes y la ausencia de empatía ante los millones de pobres en campos y ciudades. En el último ciclo de protestas, los chivos expiatorios de la digna rabia ciudadana fueron los Comandos de Atención Inmediata -CAI- de la Policía Nacional y las estaciones de los sistemas de transporte masivo en toda Colombia.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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