Los Clavijo, “la insurrección indígena”, que escondió un asesinato

Por: Walter Benavides Antia

En un negocio “echar clavija” significa engañar a alguien aumentando dolosamente una cuenta. “Los hermanos Clavijo”, o “los Clavijo”  como han sido conocidos por la historia, eran oriundos de Cartago, asesinato tramado por las élites locales de Túquerres, y oculto por la crónica y la historioagrafía, como “la insurrección indígena de Guatarilla y Túquerres de 1800”.

Veamos esa misma historia, con los mismos actores y otras variables no tenidas en cuenta.

1700. Los Habsburgos, dan paso en el Gobierno de España a los Borbón, originando un cambio en la política fiscal, buscando incrementar recaudos del Real Tesoro en los territorios de ultramar.

1751. Pedro Rodríguez Clavijo (nacido en Mariquita) y Sebastiana de Guevara y Frías (nacida en Ibagué), se residencian en Cartago y tienen cuatro hijos: Francisco (el mayor) y Anastasio comerciantes; Vicente explorador de las montañas del Caquetá y comerciante de oro en Quito; y Martin Rafael, el menor, abogado ante la Real Audiencia.

1765. En Pasto y Túquerres, criollos con poder local, resisten la presión fiscal que la Corona impone, ofreciendo velada resistencia, patrocinando y armando grupos de indígenas y mestizos para revueltas, eso sí, sin poner nunca sus propiedades y status en peligro.

1778. Según el Código de Rentas vigente de la época, se pagaban los estancos de Pólvora, Tabaco, Aguardiente y Fósforos; como impuestos directos se pagaban los del Tercio de San Juan y Navidad (uno en junio y el otro en diciembre); el Camarico (manutención del cura) y la mita. Los Diezmos se pagaban sobre el ganado vacuno, el ovino, el maíz, la papa y el trigo. Por no encontrar quien cobrara los impuestos a nivel local con eficacia y eficiencia, la Corona adopta la política de nombrar foráneos para esos cargos en los territorios.                                                                                                                                                           1781. Con la complicidad del poder local de Pasto, es asesinado con cuatro de sus escoltas, en el caserío de Catambuco, el doctor payanés don José Ignacio Peredo, Teniente de Gobernador de Popayán y Visitador General de Impuestos (sobrino del Obispo de Cartagena, Diego Fernando Peredo y Navarrete, quien había ejercido el cargo de Auditor de Guerra de la plaza de Cartagena), enviado por el Gobernador de Popayán Pedro Becaría y Espinosa, para establecer el Estanco de Aguardiente en Pasto, y luego seguir a Túquerres y Barbacoas. Para quedar bien con sus superiores, siguen un juicio, donde resulta condenado un indígena, a quien después de hacerle conocer la pena, le facilitan la huida. A raíz de ello, el Virrey Caballero y Góngorasuspendió la implantación de los Estancos de aguardiente y se redujeron los precios del tabaco.

1792. Llegan a Túquerres, los hermanos Francisco, Atanasio y Martín Rafael Rodríguez Clavijo, procedentes de Cartago. Don Francisco el mayor, llega como Corregidor de la Provincia de Pasto, dependiendo de la Gobernación de Popayán y el Virreinato de Santafé.

1792. La viuda María Joaquina Ante Valencia, (casada primero con el Teniente Francisco Ignacio Sarasti y Aybar), se casa por segunda vez, con Francisco Rodríguez Clavijo, el Corregidor.

1792. Le colabora a Francisco en sus funciones de recaudador, el abogado payanés Francisco Sarasti Ante (1770-1820, hijo de María Joaquina y por lo tanto su hijo adoptivo). Atanasio, lo hace como Recaudador de Diezmos, quien a su vez compra a Don Francisco Muñoz de Ayala (casado con la quiteña María Rojas), el partido de Túquerres y Guaitarilla (al noroeste de Túquerres). De esta manera, los Clavijo, controlan el recaudo de impuestos, el comercio de ganado, los productos de su hacienda “La Cofradía”, la introducción de víveres a Barbacoas, y el comercio de tejidos y otros productos a la provincia de Quito y de Popayán (donde su socio es Félix Restrepo), quien los distribuye para el Valle del Cauca, Cartago y el Chocó. Don Francisco es además, rematador de naipes, dados, boliches y demás juegos, y además arrendatario del monopolio del Papel Sellado.

1795. En Túquerres lugar de su residencia, funciona además de la Real Fábrica de Aguardiente a su cargo. Ese año, apoyado en una planificada red de corrupción y compadrazgos, es ratificado en el cargo por el muy ilustrado Virrey José Manuel Ezpeleta (1789-1897).

1799. Variadas denuncias contra el actuar de “los Clavijo” son enviadas al Virrey Ezpeleta, las mismas que nunca reciben respuesta. Entonces se acelera una revuelta, no contra el Rey, ni contra sus propiedades, sino contra “los Clavijo”, sus enemigos por lo que representan.

1799. En nueve largos años de gobierno de “los Clavijo”, hay huérfanos del poder. Entonces se planea un levantamiento contra los Clavijo (los forasteros), patrocinado por Miguel González del Palacio quien a decir de los vecinos, es protegido de Don Tomás Miguel de Santacruz y Caicedo ( 1739-1837) el poder detrás del poder; aspira al cargo de los Clavijo y ha perdido con ellos el control del monopolio del papel sellado; además, su nombre figura entre otros notables locales acusados por Don Francisco, de evasión de impuestos; y como si fuera poco, según los chismosos del pueblo, es un esposo cornudo, pues se afirma que se malquerencia nace, “porque este usó de su mujer”; y como cómplice espiritual, aparece el cura, Ramón Ordóñez de Lara (con intereses en la Hacienda Cuaspud), casa cural donde los Clavijo buscan auxilio y abrigo antes de ser encontrados y ejecutados en la iglesia.

1800. Aparece dos detonantes adicionales. El primero, al conocerse que el Cacique del Resguardo de Túquerres, Don Esteban Díaz Piambas (hijo de don Francisco Díaz Piambas y doña María Yangi, que fueron caciques principales de Túquerres y Guaitarilla), vende tierras del resguardo a blancos (con antecedentes), a cercanos colaboradores de los Clavijo. El segundo, cuando la Audiencia de Quito, dicta un decreto de cobro de Diezmos, aumentando la base tributaria a gallinas, marranos, cuyes, habas, cebollas, etc., es decir sobre productos de la canasta familiar, y de la industria artesanal (telares, ruanas etc), bajo penas gravísimas, como cárcel y el embargo de bienes, por el no pago. Pasto y otras comarcas no aplican la medida, a la espera que el Decreto Real sea derogado. Anastasio se vale del cura Ramón Ordóñez de Guatarilla, para que lea el decreto de los nuevos Diezmos en la misa.

1800. Llega el día señalado del mes de mayo para leer el decreto, y en plena misa, bajo el grito de “mueran los Clavijo”, “abajo el mal gobierno”, terminan tres días de desórdenes, con el asesinato de Francisco y Anastasio (linchados), logrando Martín Rafael huir disfrazado de mujer, y Francisco Sarasti Ante, viajando a Popayán.

1800. Muertos los Clavijo, y quemado el estanco y la casa de su residencia (objetivos de la asonada), el poder local se alía con las autoridades para buscar culpables.

1800. Es nombrado por el Gobernador de Popayán Diego Antonio Nieto (también de la corriente de Don Tomás Miguel de Santacruz y Caicedo), como Capitán de Milicia Disciplinarias y Corregidor Interino, Juez Comisionado por el ilustre Cabildo de la ciudad de Pasto, Don Miguel Gonzáles del Palacio, (uno de los autores intelectuales de los asesinatos).

1800. El abogado Francisco Sarasti Ante, inicia un pleito, pero termina el proceso, cuando el Gobernador de Popayán, don Diego Antonio Nieto, libera de toda responsabilidad a don Miguel González del Palacio. Sarasti Ante apela ante la Real Audiencia, denunciando los ocultos intereses de Don Tomás de Santacruz y Caicedo y sus oscuras relaciones con el Gobernador de Popayán y con el investigador Miguel González del Palacio. Nada que hacer. Hay sentencia.

1801. La investigación que se sigue, no aparece ningún blanco implicado, solo explicado por la complicidad de los criollos locales con poder, jefes indígenas y los jueces que llevaban el caso.

1802. Escribe Don Francisco Sarasti Ante, en los descargos ante el Virrey, en defensa de su padre putativo Don Francisco: “había mano oculta que podía dirigir la inquietud”, y que “era posible contener la sublevación de Túquerres porque había habido un sujeto oculto que disponía las cosas que habían de hacerse”[1].

1802. Solo tres de los chivos expiatorios reciben castigo en la plaza principal de Pasto. Los demás implicados son condenados a recibir azotes, y destierros de dos años.

1802. El 6 de diciembre se fugan los condenados a destierro de dos años.

A MANERA DE CONCLUSIÓN. Muertos “los Clavijo”, los autores ocultos del linchamiento, recuperaron el poder perdido por diez años, y siguieron mandando en las décadas siguientes (hasta que aparecen, primero Nariño y luego Bolívar, y tienen que tomar partido). Ni revolución, ni Insurrección indígena, ni levantamiento indígena, ni Revolución de los Comuneros, ni movimiento de independencia del Nuevo Reino de Granada de la Corona, nada de eso ocurrió, en el caso del asesinato de “los Clavijo”. Nunca estuvieron en peligro las tierras expropiadas a los jesuitas y entregadas en subastas públicas amañadas, ni los intereses de los gamonales que patrocinaron el levantamiento. Fue una simple asonada (protesta violenta y sonora de un grupo numeroso de personas que suele ser reprimida), con la que unos funcionarios reales forasteros ambiciosos y corruptos, fueron cambiados por otros locales funcionarios ambiciosos y corruptos. Eso fue lo que pasó.

Notas tomadas del Libro. ”El Bolívar de Antía” 1783-1830. antia53@gmail.com

[1] Fuente: Catálogo Colectivo de archivos Colombianos Declaración de Don Francisco Sarasti sobre si hay o no autores intelectuales en la muerte del Corregidor don Francisco Rodríguez Clavijo. AHNEFP, Quito, Año de 1800, Caja 268, Exp. 1, f. 80ª‐92.

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