Hablar de María Fuell es hablar de un territorio que canta. Su voz no solo interpreta canciones, interpreta montañas, ríos, volcanes y memorias. Al escuchar su música, es imposible no sentir el calor del Galeras, el frío místico de La Cocha, el viento nostálgico de las montañas nariñenses, el calor del hogar, los recuerdos del carnaval y el espíritu de un pueblo que resiste y se reinventa.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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