En el corazón del Pacífico colombiano, Tumaco, una figura extranjera marcó para siempre el rumbo de la educación y la cultura. Max Seidel, un pedagogo alemán, llegó en 1911 con la misión de fundar un colegio que ampliara las oportunidades educativas en la región. Su legado, plasmado en el Liceo Nacional Max Seidel, sigue vigente más de un siglo después.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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