Mis memorias de taller con el poeta X-504

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Una tarde jueves, por allá en la década del 80’, entré con un cuaderno debajo del brazo a la Biblioteca Piloto de Medellín, con la intención de asistir al Taller de Poesía de Jaime Jaramillo Escobar, a quien sus cofrades nadaístas le llamaban simplemente “X”, aludiendo a su nadanombre escogido por él, X-504. Del vestíbulo de lectura de periódicos y revistas seguí a las escaleras para el segundo piso; preguntando, pasé frente a la oficina de la bella Vicky, luego por el zaguán de las secretarias adjunto a la oficina de Gloria Inés Palomino, su inolvidable y diligente directora, luego por un hall y, por fin, llegué a un saloncito con una inmensa mesa rectangular. Al otro extremo, se encontraba una persona de riguroso pantalón, camisa y zapatos blancos de incorpórea edad madura, muy madura; ojos inteligentes pero bondadosos, calvo con una que otra hebra, delgado de cuerpo y tez blanca, casi un ángel con un bigote pequeño. Yo andaba por alrededor de los 30 años.

Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.

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