Mural ¿Un libro más sobre la toma del Palacio?

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Por Tirso Benavides Benavides 

Quizá uno de los hechos de la historia reciente de Colombia sobre el que más se ha escrito es la toma del Palacio de Justicia, y no solo se ha escrito, este aciago episodio ha inspirado toda clase de expresiones artísticas y culturales desde obras de teatro como La Siempreviva, de Miguel Torres, hasta el performance de Doris Salcedo compuesto por sillas vacías colgando de los muros del edificio, pasando por numerosas publicaciones que abarcan todos los géneros periodísticos y literarios.

A este inventario de creaciones y recreaciones se suma Mural, de Ricardo Silva Romero, quien, al abordar un tema tan manido, se arriesga a caer en la repetición de la repetidera.  Para afrontar el reto, el escritor bogotano optó por una narración polifónica, sin protagonistas principales, un relato coral en el que el autor da voz a una diversidad de personajes que tuvieron alguna relación con los acontecimientos de ese recordado noviembre de 1985.

Las figuras públicas como el presidente Belisario Betancur, los magistrados de las altas Cortes, con el Dr. Reyes Echandía a la cabeza; los comandantes Almarales y Otero que dirigieron la toma guerrillera del M-19; los militares que emprendieron la cruenta retoma para “defender la democracia maestro”, como dijo en ese entonces a los medios el coronel Plazas Vega, oficial condenado a la postre por estos hechos, no están ausentes en estas páginas, pero Silva Romero incluye a cientos de hombres y mujeres que desde el anonimato también tuvieron un papel en la tragedia. Vigilantes, personal de aseo, secretarías, abogados internos y externos, estudiantes de derecho, combatientes rasos, civiles torturados y desaparecidos, incluso algunos de los futbolistas que ese día disputaron el partido entre Millonarios y Unión Magdalena, cuya transmisión obligada por televisión nacional impidió la difusión en directo de lo que estaba pasando en plena Plaza de Bolívar.

De esa forma el libro pretende presentar un panorama más amplio, menos excluyente, una especie de mural que da cabida a puntos de vista diferentes a las que ya se han dado a conocer.

Se destacan historias peculiares, como la del “Rambo criollo”, un joven exmilitar que decide actuar por su cuenta, ingresa al Palacio en medio del fuego cruzado, rescata a algunos sobrevivientes y da de baja a varios combatientes, actúa como si fuera parte del Ejército sin serlo, pero con la anuencia y hasta la colaboración de las fuerzas oficiales, o la del viejo radio aficionado que en un aparato improvisado captó, desde el vecino barrio de La Candelaria, las comunicaciones entre los mandos castrenses que grabó en unos casetes, cintas que fueron un valioso material probatorio en investigaciones posteriores.

Otro elemento que hace diferente este libro es el hecho de que para el escritor el Palacio de Justicia no era un sitio extraño, su madre trabajaba como abogada en la rama Judicial por lo que Silva Romero era un visitante frecuente. Jugaba en despachos y corredores, a veces con la complicidad de los magistrados. Esta cercanía da lugar a que surjan en quien por ese entonces era un niño, sentimientos y percepciones distintas a la de aquellos observadores ajenos e imparciales. El drama nacional convertido en drama familiar, en una tragedia próxima.

Además ser un prolífico escritor, el autor es un experto en cine, conocimiento que usa para llevar el hilo narrativo, hablando en términos de escenas, planos, tomas y enfoques, un recurso creativo que busca ubicar y guiar al lector, pero que puede resultar confuso para aquellos que no están familiarizados con los tecnicismos del séptimo arte.

Al final del libro se incluye un extenso listado en el que figuran los nombres de las cientos de personas que aparecen en él. Una manera de hacerles un reconocimiento, un aporte a la memoria colectiva y una muestra de la magnitud de lo acaecido ese par de días infaustos que cambiaron la vida de mucha gente, de mucha más de la que podría pensarse si la historia se limita, como ha sido lo habitual, a aquellos de más renombre ya sea por sus cargos o por el destino que corrieron tras este oscuro capítulo de la historia nacional.

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