Nos duele Tumaco

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Dantescas imágenes las que se han difundido a través de los medios de comunicación por el atentado criminal que han cometido guerrilleros de las Farc. Este es un daño sin precedentes en la historia de nuestro país; ya no nos quedan adjetivos para condenar el perjuicio ambiental. No es una guerra usual. Hasta para hacer la guerra existen normas y tratados internacionales. Aquí no se respeta el Derecho Internacional Humanitario; esto ya dejó de tener nombre, sólo merece la condena desde todo punto de vista. No hay de otra.

¿Pero, por qué se ensañaron tanto contra Tumaco? La razón fundamental es que en la zona se asentaron cultivadores de plantaciones de coca provenientes de departamento del Putumayo, donde hasta hace 20 años los cultivos se hacían en esa zona. Pero con el ataque frontal de las autoridades a los cultivadores y traficantes, se trasladan y colonizan la zona selvática de la costa pacífica nariñense. Sumado a ello la gran ventaja que representaba estar muy cerca del mar, vía de embarcación con destino al mercado norteamericano y mexicano.

La alta rentabilidad del ilícito negocio hace que requiera de la protección de grupos armados, pero también el beneficio que pueden obtener los grupos guerrilleros para financiar sus acciones bélicas en contra del orden constitucional. Asimismo, llegan otros grupos ilegales como los paramilitares que combaten a la guerrilla pero principalmente a sus colaboradores.

Las mafias del narcotráfico también organizan sus propios grupos armados, que por su carácter de ilegales no tienen otro escenario para dirimir sus conflictos que la justicia por propia mano, con el consecuente resultado de 200 asesinatos por año en la actualidad.

Muchos emulan el mal ejemplo de solucionar sus conflictos de manera directa, con las amenazas y los atentados. De ello se derivan los crímenes que se presentan de manera frecuente como resultado de la intolerancia y de esa cultura de resolver las diferencias por la vía armada, que se convierte en una práctica extendida.

El clima de violencia se ve favorecido con los altos niveles de pobreza, falta de oportunidades educativas y carencia de plazas laborales. La gente deriva su sustento de la informalidad: una de las mayores fuentes es la práctica desarrollada del mototaxismo con cerca de dos mil motocicletas.

Pero el abandono perenne también ha hecho carrera en la población con la falta de incentivos e inversión por parte del gobierno central. Desde el mismo momento de la conquista española lo que han hecho es saquear el oro, el cacao, entre otras riquezas. Y ahora la solución que le dan al problema de violencia es el aumento del pie de fuerza, desentendiéndose con la parte social que brinde oportunidades de progreso.

Tumaco es inmensamente rica pero con carencia de inversión. De aquí han salido los mejores futbolistas del país; poseen una gastronomía exquisita; unos recursos turísticos maravillosos; la cultura del pacífico nariñense con el Carnaval del Fuego y el Concurso de Currulao, la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad de la marimba y los cantos tradicionales del Pacífico; la producción pesquera y los cultivos de palma. Todos estos elementos hacen inmensamente grande al Pacífico nariñense.

Lo que queremos es que los actores armados, los terroristas, abandonen la zona y dejen a Tumaco en paz, no más daños irreparables. Con estos actos sólo se incrementa la pobreza y no se ven afectados los objetivos de sus acciones.

Pero el gobierno central debe dejar de aplicar pañitos de agua tibia con comisiones, consejos de seguridad y aumento del número de policías y soldados. La seguridad es necesaria, pero se debe acompañar de inversión social. ¡Tumaco también es Colombia!

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