El grafiti es un arte callejero que ha sobrevivido a través del tiempo alimentándose de las emociones, sentimientos, desgracias y pensamientos de la sociedad. Su naturaleza ilegal, clandestina y anónima marca a quien desee romper silencios o gritar realidades a través de paredes blancas que no marcan límites ni barreras a sus razonamientos. Sus autores caminan en la delgada línea que separa lo que está correcto o no y la diferencia estará en cómo deciden empuñar su aerosol. Ya decía Norman Kingsley “Siempre hubo arte en un acto criminal”.
Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.
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