Plan variante, pa’ variar

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Por: Tirso Benavides Benavides

La Variante, esa vía relativamente nueva que nos lleva de Catambuco a Daza (o viceversa), que beneficia a los que van desde la frontera al norte del país sin tener que pasar por el casco urbano, se ha convertido con el paso de los años en mucho más que una carretera que circunda a Villaviciosa.

Basta dar una vuelta los fines de semana para ver que esta obra de cemento, que sin duda es clave para descongestionar el tránsito, es ahora una opción diferente para los pastusos que arman su “Plan Variante” para pasar un buen rato y aprovechar su tiempo libre. Una muestra más de que la gente se apropia y da sentido a los espacios.

Si vas por la mañana tal vez creas que estás en un gimnasio al aire libre. El asfalto se transmuta en una larga pista aprovechada por deportistas de todos los niveles. Clubes de ciclistas y otros individualistas del pedal, trotadores de todas las edades, familias caminantes, con todo y mascotas, intentan poner en práctica aquello del “mente sana en cuerpo sano”, aprovechando las buenas condiciones del terreno.

Ya llegando al medio día la cuestión es comer… ¡Que empiecen los juegos del hambre!

Poco a poco, al lado y lado de la vía, han ido apareciendo restaurantes que centran su oferta gastronómica en los platos típicos: sancocho, frito, trucha y por supuesto, su majestad el “carilargo”, delicias que hacen parte del menú de locales tan disímiles que van desde las sencillas toldas techadas con plástico a la vera del camino, hasta otras instalaciones con mayor vocación de permanencia: cabañas con fogones y chimeneas humeantes. Hay para todos los gustos y presupuestos. Para todos hay clientes.

Para pasar la tarde no son pocas las familias que optan por un “día de campo” en las zonas verdes que bordean la carretera. Estos potreros se convierten en improvisados estadios para duelos de fútbol donde no importa quien gane, donde los arcos se arman con montoncitos de prendas de los jugadores y donde el balón casi nunca es el reglamentario, eso poco importa.  En agosto, mes de vientos, las cometas se cuentan por ciento. Otros prefieren planes más tranquilos, sobre todo los mayores que duermen plácidamente una siesta al aire libre, mientras los más jóvenes improvisan todo tipo de actividades campestres.

La Variante se ha convertido en una finca abierta para todos.

Al caer la tarde, o al llegar la noche, depende de los planes de cada quien, la afluencia de gente es menor. Nada mejor para terminar la jornada que disfrutar las bonitas vistas de una Villaviciosa que va encendiendo sus luces, jactanciosa, dejando ver cómo cada vez se va extendiendo más y más.

No faltan las parejitas que aprovechan el ocaso y la soledad para dar rienda suelta a sus deseos carnales, en los carros, a un ladito de la moto, hasta en carpas, muchos sin ser conscientes del riesgo, con tal de ahorrarse lo del Motel (negocio que por cierto y extrañamente no hace parte de la oferta de esta ruta).  Nadie está exento de un robo en la Variante. No hay que dar papaya, por más que el romanticismo lo amerite.

Lo malo de la Variante: los pocos accesos desde la ciudad. De sur a norte: Catambuco, la intersección con la carretera a la Cocha y el Putumayo que permiten el acceso por los barrios surorientales, un improvisado ingreso por Cujacal, otro por la antigua vía y de ahí hasta el túnel de Daza. Hacen falta conexiones viales.

No soy ingeniero ni arquitecto, solo observo, sobre todo lo que hay más allá de los planos y el cemento. Lo importante, como siempre, es lo que hace la gente y la Variante, además de ser muy útil para la circulación vehicular, será siempre un buen plan, una alternativa… pa’ variar.

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