Luis Efrén Delgado Eraso
Presidente de Asoinagro
El presidente de Asobancaria, en un artículo titulado “Otro desastre para el agro”, menciona la modificación de los TDA (Títulos de Desarrollo Agropecuario). El texto me pareció interesante y me permitió profundizar en un tema clave: los TDA son instrumentos de inversión obligatoria que deben adquirir los establecimientos de crédito. Estos recursos son administrados por Finagro para financiar líneas de crédito agropecuario en condiciones preferenciales.
En términos sencillos, los bancos están obligados a invertir una parte de sus recursos en TDA, y ese dinero se transforma en créditos para pequeños, medianos y grandes productores rurales.
Durante el estado de emergencia, el Gobierno expidió decretos que ajustaron las reglas de esta inversión forzosa, con el propósito de aumentar la disponibilidad de crédito en el campo, especialmente en un contexto de desaceleración económica, choques climáticos y tensiones comerciales que también impactan a Nariño.
El decreto reciente modifica dos aspectos clave:
1. Los ponderadores de sustitución, que permiten reemplazar parte de la inversión obligatoria en TDA por colocación directa de créditos agropecuarios. En términos prácticos, esto puede traducirse en una mayor exigencia para que los bancos coloquen crédito rural.
2. Cambios en los costos financieros para las entidades bancarias. Desde una perspectiva técnica, aumentar la exigencia de TDA puede generar un efecto inmediato: más recursos disponibles para el crédito agropecuario. Esto podría fortalecer programas de capital de trabajo para pequeños productores, modernización tecnológica, reconversión productiva y mitigación de riesgos climáticos.
Para el departamento de Nariño, donde predomina la agricultura familiar, un mayor flujo de crédito formal puede representar una oportunidad para reducir la dependencia del crédito informal, que históricamente ha castigado al productor con tasas usureras. Sin embargo, también existen riesgos: si los bancos perciben mayor riesgo en las solicitudes, podrían endurecer los requisitos para otorgar créditos. De igual manera, si no hay acompañamiento técnico, el crédito por sí solo no garantiza productividad.
Lo cierto es que el crédito sin asistencia tiene un mayor riesgo. Siempre he manifestado que el crédito es una herramienta poderosa, pero sin asistencia técnica, planificación productiva y enfoque empresarial, puede convertirse en sobreendeudamiento. Por esta razón, estos recursos deben articularse con asistencia técnica pertinente, frecuente y de calidad, así como con proyectos productivos viables, sostenibles y con resultados.
No basta con colocar dinero; hay que asegurar que ese dinero se transforme en productividad, valor agregado y rentabilidad.
Los ajustes en los TDA pueden ser una herramienta estratégica para dinamizar el agro colombiano, pero su éxito dependerá de la objetividad en la colocación de los recursos y de la focalización en pequeños y medianos productores con verdadera vocación agropecuaria.
El campo colombiano no necesita únicamente más crédito; necesita crédito inteligente. La invitación es clara: esta modificación no debe ser solo normativa, sino el inicio de una verdadera política de fortalecimiento productivo rural, porque el desarrollo agropecuario no se decreta: se construye, se financia bien y se fortalece cuando se garantiza un acompañamiento técnico constante.
En Nariño, nuestros agricultores necesitan recursos, pero también requieren visión empresarial y coherencia institucional, para que cada peso invertido en el campo se traduzca en prosperidad rural.




