Todo por la plata. “La delgada línea entre lo ético y no ético”

Por: José Luis Guerra Burbano

Exsecretario de Gobierno de Pasto

 

Muy oportuna la denuncia del periodista Francisco Terán Sánchez sobre los cuestionados contratos de prestación de servicios profesionales, que le otorgó la directora del Instituto Departamental de Salud de Nariño Elizabeth Trujillo al señor Juan Pablo Ortega, para dictar unos talleres de capacitación a directores locales de salud y gerentes de ESE, en los cuales según Terán, le pagaron hasta $500.000 la hora, pues me parece que pone sobre la mesa nuevamente la relación desafortunada de algunos periodistas y el poder.

Es vergonzoso, como altos funcionarios se dejan presionar por esta clase de “periodistas”. El caso que más produce escozor es el de este señor Juan Pablo Ortega, ya que no es la primera vez que pasa de la emisora a trabajar como contratista de una entidad oficial, a desempeñar funciones que realmente no necesita la entidad contratante, ni sus funcionarios.

 

El tema de los periodistas fletados debería ser un ítem de importante discusión. Deberían existir sanciones a los funcionarios públicos que contratan a periodistas para labores que la entidad no necesita.

 

Resulta paradójico, escuchar al señor Juan Pablo Ortega, como el gran defensor de la moral, y denuncia cuando gobernantes y burócratas que no son de sus afectos, saquean descaradamente el erario público o adjudican contratos que perjudican el patrimonio público. Denuncia a gritos la inmoralidad pública y pide moralización; pero simultáneamente no tiene inconvenientes en firmar contratos onerosos y sin justificación para la entidad contratante, y ve como algo normal que por su condición de director de noticias le tengan preferencia. Poco importa el uso de las palancas!

 

La responsabilidad social de los periodistas es enorme. Su actividad puede perfeccionarlo o degradarlo. Cuando sus acciones se convierten en un medio penoso para usufructuarse a costa del erario público se transforma en un periodista oportunista y deshonesto.

 

Que apetito tan desmedido. Todo por la plata. Ya no importa la decencia. Se inventan la manera de arrancarle un pedazo al erario público, no son capaces de vivir por su esfuerzo, sin el dinero oficial. Cuando todo se sacrifica por el dinero, sobreponiendo las debilidades a los valores y principios, el sentido moral se degrada y la decadencia se aproxima. 

 

Esta clase de periodistas tienen como propósito ablandar el espíritu de sus interlocutores por medio del temor. No está diseñado para obtener la verdad sino para obtener victorias psicológicas, estableciendo un dominio evidente sobre la mentalidad del funcionario público, que por su falta de carácter cae bajo las presiones del mal llamado periodista. Por eso se ha afianzado la idea falsa, de que con ésta clase de periodistas, es mejor no contradecir. Por ello, cada acto de comedia, es decir después de una serie de entrevistas sin capacidad de crítica en las que el perdedor neto es el ciudadano, deben ser correspondidas por una concesión institucional. 

 

Lo más grave sería que los temas de los contratos y los honorarios los proponga el periodista. 

 

Todo lo que se haga bajo estas circunstancias resulta pecaminoso. Es inconcebible observar como altos funcionarios públicos, actúan con sorprendente blandura frente a estos periodistas y tan dictadores frente a la comunidad.

 

Estas acciones son antidemocráticas, se convierten en un despliegue millonario de contratos y de publicidad unilateral. Y se agrava la situación cada vez que estos funcionarios, abusando de los dineros del contribuyente, bañan a la sociedad en una ducha de publicidades que no dejan espacio para la contradicción. Ante esta situación el único control externo que queda es la opinión pública.

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