Última noche

Por: Nixón Benavides

 

Y si esta fuera mi última noche,

y si este fuera nuestro último día,

no tengas miedo, serás poesía.

 

Así, con una voz de amor, a veces de nostalgia y a veces de olvido, pero con el evidente amor por su tierra, por este Sur, es la Poesía de Nixon Benavides. Poemas como, Mi canto al Sur, es muestra de ello.

Éste es apenas un pedazo

de nuestras largas noches.

 

Un pedazo de ese Sur,

que es grande y es eterno.

 

Mi voz

es una gota

en un mar de recuerdos.

 

Luego, de manera sutil el poeta nos estaciona en moradas de amor cuando leemos:

 

Tejí estos versos en la piel de una mujer,

y a una mujer le escribo.

 

Esta es la hora de los abrazos,

y no estás en mis brazos.

 

Esta es la hora de los besos,

y no tengo tus besos.

Esta es la hora del olvido,

y olvidarte no he podido.

 

Aroma de la noche, es el segundo libro del poeta Nariñense Nixon Benavides, libros como este, son la muestra de la grandeza cultural de Nariño.  Ese Aroma de la noche, también tiene aroma de nostalgia cuando leemos:

Si al pasado pudiera volver

y volver a soñar lo soñado…

Volvería al beso,

volvería a tu lado.

 

Y cuando de nostalgia se habla, vine un poema donde Pasto la ciudad del carnaval es escenario de una promesa:

Un huerto de manzanas

incita a las tardes a quedarse.

 

Si es prohibido amar,

cuando se apaguen las estrellas

y Pasto no este de carnaval,

voy a dejar de amar.

 

Y del amor viene la ensoñación:

Las lunas del futuro

se formarán de sueños

y el sueño será la vida.

 

Y antes de leer la Noche de las Fabulas leemos la última evocación del poeta:

Aunque haya tardes sin luna,

candados sin puertas,

mejillas con lágrimas

y labios sin besos:

No volveremos a amarnos.

 

Luego nos sitúa en pasto, en un homenaje a Galeras  cuando dice:

Hijos de tu linaje,

en nuestras venas corre tu coraje,

nacimos bajo tus pies

y mil veces,

lo haríamos otra vez.

Y al final. Al viento da sus versos y reza al cielo para que hallen las márgenes del Guaitara y el juanmbu y puedan llegar sus páginas a la tierra del chambu.

Asi concluye uno de los relatos del fantástico pueblo del Ilisman que bien puede ser nuestro Macondo, el Macondo del sur.

 

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