Vándalos se roban 70.000 millones de pesos y no pasa nada

“Tranquilos, que no va a pasar nada”, fueron las palabras de la ministra de las TIC, Karen Abudinen, cuando ya se había fraguado el ilícito.

En diciembre de 2020 se otorgó una licitación del Ministerio de las TIC para darle continuidad al programa Vive Digital, para instalar 15 mil puntos digitales en las zonas rurales del país. Participaron 10 consorcios; una de estos tenía como representante a una persona que era asesor de la ministra, el señor Camilo Valencia. Es decir, participaba de la licitación y a la vez trabajaba en el Ministerio.

Entre los 10 proponentes había empresas muy importantes a nivel internacional, pero a la vez empresas muy cuestionadas, como el Consorcio Centros Poblados, conformado por cuatro empresas: una empresa involucrada en el carrusel de la contratación en Bogotá, otra empresa con contratos irregulares en La Guajira y Norte de Santander, otra más sin experiencia, y, una más, dedicada a vender materiales de ferretería (nada que ver con el tema de conectividad). A pesar de conocerse estos antecedentes, el Ministerio termina entregándole la mitad del contrato a este consorcio.

Como el contrato se había se había divido en dos regiones, la región A se la ganó Comcel, la más grande en el sector de las comunicaciones en Latinoamérica y Región B, Centros Poblados. Cada una se ganó un billón de pesos para instalar 7.500 puntos en la zona que les adjudicaron. Según la ministra, la adjudicación se hizo porque no había proponentes descalificados y se comprometieron conectar más escuelas a mayor velocidad.

En entrevista que le hacen a la ministra en medios de comunicación nacionales, jura que la plata no se va a perder, ofrece su palabra y que si incumplía que la lleven al cementerio. En el mes de junio (6 meses después de adjudicado el contrato), se descubre que el Consorcio Centros Poblados no ha instalado ni el primer punto de centros digitales, mientras que Comcel lleva 700 puntos instalados.

En recientes pronunciamientos de la ministra justifica que es normal el incumplimiento, pero que se revisará. No obstante, el ministerio le sigue un proceso sancionatorio a Centros Poblados por no cumplir con los tiempos del contrato. En las audiencias, la representante del Banco Itaú manifiesta que esa entidad no ha expedido ninguna póliza, lo que se constituye en un fraude y en un delito.

Ante tal despropósito la ministra dice que les va a terminar el contrato por caducidad, lo que quiere decir que les quita el contrato para recuperar el dinero entregado. La suma entregada en el mes de febrero fue de 70.000 millones de pesos como anticipo. Después de eso no se les entregó más, pero, lo peor de todo es que los contratistas inescrupulosos sacaron del dinero del país. Lo más seguro es que esos recursos fueron a parar a paraísos fiscales para que queden bien resguardados.

Pero como todas estas empresas conocen de los contratos con el Estado, la recuperación de ese dinero es sumamente complicado porque estos usualmente se firman con ventajas con el sector privado y en detrimento de lo público; lo que quiere decir que, si el Estado demanda el cumplimiento del contrato, este, literalmente, les puede quedar debiendo por la irregularidad en la firma del contrato y las pólizas falsas.

El Presidente Duque dice que respalda a la ministra y que va a pedir ayuda al gobierno de Estados Unidos para recuperar esa astronómica suma de dinero, con la que se pudo brindar alimentación y entregar computadores a todos los niños y jóvenes del país para favorecer la educación. Pero como todo lo que sucede en esta nación macondiana, como lo hizo la Claudia de la Alcaldía de Bogotá, al entregarle al Esmad, los cuartos de pollo a 25 mil pesos, almojábanas a 9.000, todo queda en el escándalo sin que se castigue a estos vándalos.

Las posibilidades de recuperar ese dinero son nulas, esa platica se perdió a pesar de una cláusula penal que estipula que en caso de incumplimiento se obligan a pagar 42 mil millones de pesos. Lo cierto que esta historia se repite y se seguirá repitiendo. ¡Vándalos, malditos vándalos, que están destruyendo el país!

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