La ausencia del mandatario en Guachucal reabrió el malestar en el departamento. César Pachón explicó que Petro tenía intención de asistir, pero no pudo llegar por razones de agenda y movilidad. No es la primera vez: la ausencia más simbólica fue en la firma del Pacto Territorial por la Vida y la Paz de Nariño.
Nariño volvió a mirar hacia una tarima donde el protagonista anunciado no llegó. Este 19 de junio, el presidente Gustavo Petro era esperado en Guachucal, municipio del sur del departamento, para acompañar una agenda relacionada con proyectos agropecuarios, economía campesina y desarrollo rural. Sin embargo, el mandatario no asistió.
La visita había sido anunciada previamente como una jornada para presentar iniciativas de desarrollo rural en Nariño, entre ellas proyectos de agroindustria, transformación productiva, adecuación de tierras y fortalecimiento del campo.
Pero la expectativa terminó en frustración. Publicaciones locales reportaron que el evento inició sin la presencia del presidente Petro y que fue el propio César Pachón quien explicó ante la comunidad las razones de la ausencia.
César Pachón: “Tenía toda la intención de acompañarnos”
Durante su intervención, César Pachón intentó bajar el tono de la molestia y transmitió un saludo del mandatario a las comunidades reunidas en Guachucal.
“Les traigo un saludo muy cordial de nuestro presidente, el presidente de la Reforma Agraria, el doctor Gustavo Petro. Realmente tenía toda la intención de acompañarnos hoy, pero pues también estos días ha tenido bastante agenda, tiene una agenda importante también en Cali y bueno, tal vez los que organizan la agenda ayudaron a decir eso, su movilidad y no pudo estar acá, pero toda la intención de él de estar acá. Pero igual estamos sus funcionarios, sus soldados de una causa”, expresó Pachón.
La explicación, aunque buscó justificar la ausencia presidencial, no evitó que en Nariño volviera a crecer una sensación conocida: la de un departamento que ha respaldado al Gobierno, pero que muchas veces termina recibiendo excusas en lugar de presencia efectiva.
Guachucal no esperaba únicamente un saludo. Esperaba al presidente.
No fue la primera vez que Nariño quedó esperando
La inasistencia de Petro a Guachucal se suma a una lista de ausencias y aplazamientos que han dejado malestar en diferentes sectores del departamento. Nariño fue uno de los territorios que más respaldó el proyecto político del petrismo, pero al cierre del Gobierno persiste la percepción de que ese apoyo no se tradujo en una relación institucional constante ni en cumplimiento pleno de las grandes expectativas regionales.
El caso más simbólico fue la firma del Pacto Territorial por la Vida y la Paz de Nariño, presentado como uno de los acuerdos más importantes para el futuro del departamento. El pacto contempla 255 proyectos estratégicos en 13 subregiones, con una inversión superior a 12,2 billones de pesos, orientados a salud, educación, campo, energía, transporte, paz y cierre de brechas.
Sin embargo, pese a que el acto fue promovido como un hito histórico, la ausencia presidencial generó inconformidad.
Ese episodio pesó más que cualquier otro, porque no se trataba de una visita menor. Era la firma de una hoja de ruta de largo plazo para Nariño, construida durante años, con alcaldes, comunidades, organizaciones sociales y autoridades territoriales. Para muchos, ese era el momento en el que el presidente debía estar.
Un departamento que esperaba más que funcionarios
La frase de Pachón —“estamos sus funcionarios, sus soldados de una causa”— resume una parte del problema. Nariño ha recibido ministros, directores, delegados y voceros. Pero en momentos decisivos, la ausencia del presidente ha dejado una señal política difícil de ignorar.
En Guachucal, tierra lechera, campesina e indígena, la presencia presidencial tenía un valor simbólico. Era una oportunidad para hablar directamente con productores que enfrentan altos costos, problemas de comercialización, falta de transformación agroindustrial, vías insuficientes y dificultades para competir en condiciones justas.
Pero la ausencia volvió a desplazar el debate. En lugar de hablar de compromisos concretos para el campo nariñense, la conversación terminó girando alrededor de una pregunta incómoda: ¿por qué Petro vuelve a dejar plantado a Nariño?
Nariño no quiere más anuncios: quiere cumplimiento
El malestar se entiende mejor si se mira el contexto. El departamento sigue esperando respuestas estructurales en temas como la doble calzada Pasto–Catambuco, la vía Panamericana, la seguridad en el Pacífico, la sustitución de cultivos, la transformación productiva, la frontera con Ecuador y la inversión rural.
Por eso, cada ausencia presidencial se siente como algo más que un cambio de agenda. Se interpreta como una señal de distancia con una región que ha sido leal electoralmente, pero que sigue reclamando hechos.
El Gobierno puede argumentar problemas de agenda, movilidad o prioridades simultáneas. Pero para las comunidades, la lectura es más sencilla: cuando se anuncia la presencia del presidente y el presidente no llega, el territorio queda plantado.
Guachucal fue el nuevo capítulo. Antes fue Tumaco con el Pacto Territorial. Y en medio de esas ausencias, Nariño sigue esperando que las promesas se conviertan en obras, recursos, proyectos ejecutados y presencia real.
Porque a un departamento no se le cumple solo con discursos ni con funcionarios enviados a explicar ausencias. A Nariño se le cumple estando, escuchando y ejecutando.




