Petro culpa al alcalde de Pasto por la doble calzada y desvía el debate sobre una obra que su gobierno no logró destrabar

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Después de cuatro años de gobierno, la doble calzada Pasto–Catambuco sigue sin una solución clara. En medio de las críticas por el incumplimiento, el presidente Gustavo Petro responsabilizó al alcalde de Pasto por supuestamente afectar la financiación de la obra, mientras crece el malestar en Nariño por la falta de resultados concretos.

La doble calzada Pasto–Catambuco volvió a convertirse en tema de discusión nacional, pero no por el inicio de las obras ni por el cierre financiero del proyecto, sino por una nueva controversia política. El presidente Gustavo Petro aseguró que el alcalde de Pasto estaría “destruyendo la financiación” de una obra que calificó como muy importante para Pasto, Nariño, Colombia y la conexión hacia Ecuador.

El mandatario sostuvo que el problema estaría relacionado con la valorización de los terrenos necesarios para la construcción de la vía. Según Petro, se estarían valorando exageradamente los predios requeridos para ejecutar el proyecto y luego se responsabilizaría al Gobierno nacional por no enviar los recursos suficientes.

El pronunciamiento causó molestia en sectores políticos y ciudadanos de Nariño, donde la lectura es distinta: después de cuatro años de gobierno, la administración Petro no logró garantizar lo mínimo para sacar adelante una obra estratégica para la movilidad de Pasto y del sur del país.

Una explicación que no resuelve el incumplimiento

El presidente aprovechó su mensaje para desarrollar una extensa reflexión sobre la valorización predial en las obras públicas. Según su argumento, cuando el Estado construye vías, genera valorización sobre los terrenos cercanos, y esa ganancia debería ser cobrada a los propietarios beneficiados, especialmente a personas y empresas con mayor capacidad económica.

Petro afirmó que no cobrar valorización ha sido uno de los grandes errores de las obras de doble calzada en Colombia, porque, según él, los recursos públicos terminan aumentando el valor de predios privados y enriqueciendo a sectores ya poderosos.

Sin embargo, más allá del debate técnico sobre valorización, el punto político de fondo sigue sin respuesta: la doble calzada Pasto–Catambuco no quedó financiada ni lista para su ejecución durante el gobierno Petro.

Para Nariño, la explicación presidencial suena tardía. El departamento no esperaba una cátedra sobre urbanismo, valorización y desigualdad social, sino decisiones concretas, recursos asegurados y una ruta clara para ejecutar una obra que lleva años en discusión.

Eduardo Enríquez también quedó en el centro del debate

La controversia también tocó al exviceministro de Transporte y actual senador electo Eduardo Enríquez Caicedo, quien hizo parte del gobierno Petro durante cerca de dos años y medio.

El periodista Jorge Benavides cuestionó públicamente el papel de Enríquez al señalar que, habiendo sido viceministro de Transporte, tuvo tiempo suficiente para gestionar y concretar la doble calzada Pasto–Catambuco. Su pregunta fue directa: si estuvo en un cargo clave del sector transporte, ¿por qué ahora habla de negativas del Gobierno?

El cuestionamiento refleja una molestia más amplia en Nariño: varios dirigentes regionales ocuparon espacios importantes en el Gobierno nacional, pero las grandes obras para el departamento no avanzaron al ritmo esperado.

Ahí aparece una de las críticas más fuertes: Petro les cumplió a algunos nariñenses con burocracia, pero no le cumplió a Nariño con infraestructura estratégica.

Una obra que no puede seguir siendo excusa política

La doble calzada Pasto–Catambuco no es un lujo ni una obra menor. Es una intervención clave para mejorar la movilidad de la capital nariñense, descongestionar uno de los accesos más importantes de la ciudad, fortalecer la conexión con Ipiales, Rumichaca y Ecuador, y reducir riesgos en un corredor con alto flujo vehicular.

Cada retraso afecta a transportadores, comerciantes, estudiantes, trabajadores, turistas y familias que diariamente se movilizan por este sector. También limita la competitividad regional y profundiza la sensación de aislamiento que históricamente ha marcado al departamento.

Por eso, en Nariño el debate no puede quedar reducido a quién tiene la culpa. La pregunta que sigue vigente es más simple y más dura: ¿por qué después de cuatro años no se dejó garantizada la financiación de la doble calzada?

El sur sigue esperando

Petro llegó al poder con un fuerte respaldo electoral en Nariño. El departamento creyó en un discurso de cambio, justicia territorial y reparación histórica para las regiones olvidadas. Pero en materia de infraestructura vial, el balance deja más dudas que certezas.

La respuesta presidencial contra el alcalde de Pasto no borra el hecho central: la doble calzada no quedó contratada, financiada ni asegurada en su totalidad.

Nariño no necesita más explicaciones tardías. Necesita obras, cronogramas, recursos y responsabilidades claras. Porque mientras en Bogotá se discute sobre valorización, en Pasto la gente sigue enfrentando congestión, incertidumbre y promesas inconclusas.

La doble calzada Pasto–Catambuco se convirtió, una vez más, en símbolo de una deuda histórica: la de un Estado que habla mucho del sur, pero que sigue sin cumplirle al sur.

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