¿Alivios o trampas financieras?

Tremenda y desagradable sorpresa nos hemos llevado los usuarios del sector bancario que hemos tenido la desgracias de acudir por un crédito que nos permita solventar alguna o algunas de nuestras necesitadas cotidianas y/o urgentes y llevar de esa manera algún bienestar a nuestra familia. Y digo sorpresa por cuanto no esperábamos tanto despropósito del sector financiero. Y desagradable por la sencilla razón que lo que parecía ser un alivio se ha convertido en un verdadero y cruel dolor de cabeza para cientos y miles de colombianos.

Al declararse la pandemia en Colombia (marzo de 2020) e implementarse políticas de confinamiento y toque de queda fueron muchos los trabajadores colombianos que se quedaron cesantes y a merced de las ayudas humanitarias o del gobierno nacional, departamental o municipal. Se cerraron empresas y con el transcurrir de los días se informa a los empleados que su trabajo se da por terminado.  Inicia un viacrucis interminable que con el tiempo lejos de amenguar, ha crecido. Muchas familias empiezan a padecer los rigores de la falta de empleo, de unos ingresos o tan solo de los recursos mínimos para solventar sus necesidades más urgentes y apremiantes.

En este escenario de tristeza y zozobra aparecen los bancos ofreciendo alivios crediticios para quienes “deseen” acogerse a ellos.  El planteamiento es simple, durante un término de seis meses o un año el banco congela cuotas e intereses, que el cliente cancelará en una prórroga de tiempo convenida con el banco. La felicidad es inmensa y la tranquilidad permite a sus clientes unos meses de reposo y tranquilidad.

Pero la sorpresa es mayúscula cuando se empieza a recibir llamadas en las cuales se les advierte que de no pagar una deuda que ha crecido desmesuradamente en capital e intereses se les reportará colgándoles el INRI de “malos clientes”, amén de cobros jurídicos y onerosos o embargos y pérdida de casas o apartamentos.

Ahí comienza el calvario. Al covid19 se le suma la deplorable situación de ser poseedores de un crédito impagable e impensable. Crecieron los intereses, se sumó el capital y las llamadas y acosos se hacen evidentes generando todo tipo de malestar físico y emocional.  Los tales alivios fueron mentira, fueron un simple engaño que facilitó la captura de millones de ingenuos que creyeron en las bondades de los bancos.

Seducidos por cantos de sirena, muchos caímos “facilito” al punto de sentirnos agradecidos con estas corporaciones.  Lo extraño es que el Estado colombiano destinó cincuenta billones de pesos para que los bancos ofrezcan verdaderos alivios representados en intereses bajos y facilidades de pago debido al factor covid19 y su consecuente ola de desempleo e iliquidez económica en las familias colombianas.

El pueblo, la verdad sea dicha, no puede más. Se encuentra absorto y atormentado. Necesita una explicación justa y en derecho.  Requiere el pronunciamiento de las entidades competentes, de nuestros líderes regionales, del sector financiero que se hace el de las orejas mochas ante este clamor ciudadano y generalizado. ¿Acaso a estos bancos les parece poco las exorbitantes ganancias obtenidas durante esta crisis general y que superan los veinte billones de pesos…?  Ese dinero lo amasaron con el dolor y las angustias del pueblo colombiano. No fueron alivios, fueron señuelos. Hoy el pueblo empieza a organizarse en procura de justicia y verdad. No más abusos y atropellos del sector bancario.

Comentarios

Comentarios