Amérika, no invoco tu nombre en vano

67 visitas

Compartir artículo en:

Es el amanecer del 27 de octubre de 1492. En las costas de Bariay las aguas se mecen plácidamente. Sus playas semejan una blanca cabellera bordeada por una mar turquesa, con una luminosidad especial en este día. Sus pacíficos habitantes han despertado a continuar con su rutina en la pesca, la agricultura y la alfarería. En el horizonte se alcanza a divisar la presencia de tres puntos que avanzan hacia ellos. Ya llegan. Son las tres carabelas de la Corona Española. Sus hombres descienden ávidos de riquezas. Durante más dos meses han soñado con el oro y las más exquisitas especias. ¡Al fin… las indias prometidas!

Esta nota es parte del archivo histórico de Página 10.

Desde $20.000 COP el día

Comentarios de Facebook

SOBRE EL AUTOR

Compartir en:

NOTICIAS RECIENTES