Ataques del 11S: ¿Conspiración de George Bush?

Existen dudas sobre los ataques terroristas ocurridos el 11 de septiembre de 2001 en el Bajo Manhattan de la ciudad de Nueva York, que dio como resultado el derribamiento de las Torres Gemelas del World Trade Center; el ataque al Pentágono y la caída de un avión en Pensilvania; atentados en los cuales se contabilizan 2.996 fallecidos, 26.000 heridos y 24 desaparecidos. No nos queda claro que la nación vigilada con mucho celo sea vulnerada por un grupo pequeño de fundamentalistas musulmanes y pongan en jaque el poder imperial.

Por ninguna parte aparece el avión que impactó por el costado oeste de la edificación, cuando el bombazo corresponde al de un misil por el tamaño del orificio. Allí no hubo caja negra, ni videos, solo se observa un fogonazo que despierta sospechas más que certezas.

Con tan elevada tecnología de guerra que emplea esa nación, es digno de sospecha que ocurra un ataque al lugar medular de la seguridad, como el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, ubicado en el edificio pentagonal. Al parecer todo fue una conspiración del expresidente George Bush para justificar una guerra al medio oriente y apropiarse de los recursos minero energéticos.

Cuando los aviones chocaron contra las Torres Gemelas, Bush se encontraba en una reunión con un grupo de niños de una escuela primaria; al ser enterado por un asesor de que una aeronave se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center, se mantuvo en el lugar de manera impasible, como si nada pasara, o como si estuviera enterado que eso iba a pasar. En un momento, el jefe de personal le informa del segundo ataque a la Torre Sur, pero igual se mantiene tranquilo, no se levanta del lugar. De otra manera, en un acto de consternación, se hubiera sentido afligido, pero se mostró pasmosamente tranquilo, como si nada pasara.

Entre el primero y segundo ataque transcurrieron 17 minutos, en los que se pudo efectuar una medida de choque, sobre todo con el reporte de las torres de control. Pero las órdenes que se dieron, como obligar el aterrizaje de todas las aeronaves que transiten en el espacio aéreo cercano a Nueva York, fueron tardías, cuando debieron actuar de manera preventiva. La nueva doctrina de guerra del presidente George W. Bush era hacer la guerra de manera preventiva, es decir, derrocar gobiernos bajo el pretexto de que son un peligro para la seguridad de los Estados Unidos.

Del avión caído en campos de Pensilvania, que supuestamente estaría destinado a estrellarse contra el Capitolio de Washington, sede del Congreso de la República, no ha quedado ni el polvo.

Pero lo que se hizo fue culpar del atentado a la red afgana de Al Qaeda y su líder Osama Bin Laden, que en los años ochenta había sido aliado de los Estados Unidos, en su lucha por sacar a los comunistas de Afganistán.

Por otra parte, se debe tener en cuenta que el clan Bush y la familia Bin Laden fueron cercanos a través de un holding empresarial que incluía obras civiles, petroleras y fabricación de armamento militar. Osama era un multimillonario saudí, que después resultaría perseguido por quien antes había sido su socio comercial.

La guerra emprendida por los Estados Unidos buscaba derrocar a los talibanes del poder, como así lo lograron al poco tiempo y posteriormente la invasión a Irak en 2003, bajo el pretexto de encontrar armas de destrucción masiva, las que nunca aparecieron. Con ello devino el derrocamiento del Sadam Husein por tratarse supuestamente de ser un auspiciador del terrorismo mundial. Husein fue sentenciado a la horca.

A veinte años de guerra, los Estados Unidos se declaran cansados e incapaces de sostener ese fortín militar; por eso Donald Trump acuerda con el gobierno de los afganos retirarse de manera paulatina. Con ese anuncio, en el 2021 los talibanes de inmediato se hicieron al poder, haciendo anuncios de la imposición de las normas extremas que les dicta su religión por tratarse de una organización extremista que se guía por los principios fundamentalistas de la religión del islam.

Por su parte, los Estado Unidos se han reservado el derecho de sojuzgar a las naciones y, también, en nombre de Dios juran vencer, matar y destruir, dejando un lastre de desolación y arrasando la naturaleza. En el reparto mundial surgido de la Segunda Guerra Mundial, se adueñaron de todo el continente americano, por eso quitan y ponen gobiernos, y Latinoamérica vive en la pobreza gracias a las políticas económicas impuestas por Norteamérica.

 En nombre de la democracia y la libertad han violado los derechos humanos, como los violan de manera tan flagrante y cruel en el centro de tortura de Guantánamo en un territorio que ilegítimamente ocupan en la isla de Cuba.

 Los Estados Unidos de América representan en el mundo una sociedad fallida sin sustento cultural, ni un pasado histórico propio, con una economía de guerra basada en las invasiones a las naciones más empobrecidas del mundo, y, por demás, destruyendo democracias erigidas por la voluntad de sus pueblos.

No les ha faltado pretexto para provocar conflictos bélicos con los países que basan su economía en el petróleo, pero no lo han podido hacer con países como Venezuela, que, aun siendo productor de combustibles fósiles, se mantiene incólume. Tampoco lo han hecho con Cuba, porque la revolución les dejó una enseñanza en abril de 1961, cuando las tropas invasoras, apoyadas por el gobierno de John F. Kennedy, fueron derrotadas en 62 horas en un acto épico para los cubanos.

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