AÚN SOMOS ESCLAVOS

Fotografía: Andrés Ceballos

Por: Julio Andrade

Para tener referencia de cuanto valía un negro en tiempo de la esclavitud, podemos observar por ejemplo que una cuadrilla de negros podía costar 1.500 pesos oro, mientras que la mina en pleno funcionamiento costaba alrededor de 500 pesos oro.

El negro valía por su fuerza y su capacidad de producción. La condición de esclavitud nunca fue aceptada por los negros. Desde su llegada a la Nueva Granada empezaron a buscar su emancipación. Esta iba desde el suicidio, el infanticidio, las rebeliones, el cimarronaje, hasta el ahorro de dinero para comprar su libertad.

A pesar de que en 1.812 en la Carta de Cartagena se plasmó la primera legislación sobre libertad de esclavos, en 1.821 durante la presidencia de Simón Bolivar fue declarada la libertad de vientres, para todos los hijos de los esclavos nacidos a partir de ese año podían obtener su libertad a los 18 años, fue apenas el 1 de enero de 1.852 que mediante la Ley de Manumisión Estatal alrededor de 16.000 esclavos fueron declarados libres.

 

Han transcurrido 162 años y aún los negros seguimos reclamando nuestra libertad, libertad para hacer lo que hacen los demás, libertad para exigir nuestros derechos, libertad para no ser discriminados por nuestro color de piel bajo ninguna circunstancia a prepararnos y competir con los demás en igualdad de condiciones y tener las mismas posibilidades que nos brindad la Constitución y la Leyes.

 

Por eso es repudiable desde todo punto de vista, que aún en pleno siglo XXI sigan existiendo personajes que emulan a los negreros de la época de la esclavitud y pretendan seguirnos vendiendo, ya no por nuestra fuerza y nuestra capacidad productiva, sino como esclavos mentales cuya conciencia se puede comprar con baratijas de oropel.

Al contrario de los negreros españoles, los que hoy nos ferian como animales de uso doméstico, son nuestros propios hermanos, que aprovechando su condición de ventaja y viveza se han hecho mayorales de guayaberas y zapatos de charol, para engatusarnos con unas cuantas monedas de judas.

 

Si en tiempos de la esclavitud un buen negro cimarrón; un Carabalí, un Mina, un Lucumí, un Biáfara, un Cambindo, un Cuenú o un Congolino, costaba 12.000 maravadíes, hoy nos compran la conciencia y con ella nuestra fuerza y nuestra alma por solo 50 mil devaluados pesos cada cuatro años. Es decir 34 pesos con 72 centavos diarios.

 

Han cobrado más valor los cangrejos y las chautizas.

 

De hoy en adelante, nuestra conciencia no está en venta, la vamos a utilizar para despertar, para luchar por nuestra total independencia

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