Cerebros fugados

Por: José Arteaga

(Twitter: @jdjarteaga)

El programa Paulo Freire es un proyecto de la Organización de Estados Iberoamericanos, OEI, que abre una oferta de postgrados en España a estudiantes de América Latina en dos modalidades: junior y senior. Este año la oferta consiste en 16 programas de maestría que van desde pedagogía musical hasta dirección de centros educativos. Las ayudas junior se extienden a tres años y las senior a cuatro años. En Colombia se dio a conocer hace poco y su plazo finaliza el 15 de febrero.

Colombia siempre ha tenido una enorme necesidad de hacer especializaciones en el exterior. Es una consecuencia lógica de nuestro sistema educativo, en el que se estudia mucho, aunque no exista una suficiente demanda laboral especializada. Esta falta de equilibrio es algo común a todos los países de la región, e incluso es más notorio en Centroamérica.

Por esta misma razón, un gran porcentaje de esos estudiantes se quedan viviendo fuera, y en el caso de los científicos eso ha sido el pan de cada día. Se quedan por muchas razones referentes a su profesión, pero sobre todo porque sus familias pueden vivir de las remesas que les envían y porque el clima de contratación laboral, si regresan a casa, es altamente inestable.

Según la Organización Internacional para las Migraciones, OIM, la fluctuación entre los colombianos altamente calificados que se van y los que llegan es de un 10% sobre el total de la tasa de migración. El país adolece de lo que se denomina “retorno a la inversión en formación”. Para una gran mayoría de estos profesionales, Colombia no es un país atractivo para trabajar, aunque todos quisieran volver.

En 2014 Colciencias presentó el programa Es Tiempo de Volver, consistente en la repatriación de investigadores con doctorado. Pero al año siguiente estalló el conflicto porque las ayudas a los científicos que regresaban no acababan de funcionar. La intención de la entidad se vio empañada por el manejo gubernamental. No hubo claridad en la información sobre desplazamiento, manutención, vivienda y otros factores más allá de la reinserción laboral.

Es evidente que Colombia tiene un problema para retener talento y así lo acreditó en 2018 el World Talent Ranking del International Institute for Management Development, IMD. Colombia era el cuarto país con peor desempeño en eso. ¿Razones? Muchas, pero sobre todo la actitud de las administraciones públicas para valorar su importancia.

Ya lo anotábamos hace unos meses en esta columna sobre el caso particular de Pasto: pastusos en el exterior hay muchos y varios de ellos haciendo trabajos realmente importantes en Singapur, Atlanta, Miami, Scottsdale y Ottawa, pero la Alcaldía ni siquiera los tiene en cuenta para recabar su opinión sobre temas determinados. Me atrevería a decir que ni esta ni las anteriores alcaldías saben quienes son, porque no les ha interesado saberlo. Sólo dicen “¡qué orgullo para nosotros!”, pero aprovechamiento de su potencial, ninguno.

Pero no todo es frustrante, pues la pandemia ha activado una serie de iniciativas que tienen su modelo en el caso español. Resulta que el Ministerio de Educación de España propuso hace algún tiempo ante la Unión Europea un plan de digitalización, formación y reciclaje de la plantilla de las universidades. Así, con un presupuesto de 387 millones de euros y una fecha límite para ejecutarlos en diciembre de 2024, cerca de 1.800 nuevos doctores y 1.400 profesores se especializarán fuera de España, mientras se le abrirá las puertas de las universidades a 700 personas que estudian fuera.

Todo esto hace parte del plan post-pandemia, pues la pérdida de talentos venía siendo altísima en España, y las carencias para gestionar la ciencia en el país han quedado al desnudo con la Covid-19. No puede volver a pasar, es la consigna, pero para poder cumplir con esta idea, hay que pedir colaboración en cada una de las 48 universidades públicas implicadas. Logística, administración financiera y trasparencia para evitar el tráfico de influencias, es lo que implica todo esto.

Con esa idea surgió el año pasado en Colombia la Convocatoria 891 “Fortalecimiento de vocaciones y formación en CTeI para la reactivación económica en el marco de la postpandemia”. Minciencias quería hacer las cosas como es debido: tender un marco de acción primero, elegir al personal adecuado después, y ofrecer 53 becas postdoctorales durante un año.

Evidentemente es un paso muy pequeño para las necesidades del país, pero es un paso enorme si vemos que antes no había nada fiable. Además, habrá que subsanar muchas cosas por el camino. Por ejemplo, la certificación, por parte del Ministerio, de los 70 centros de investigación que hay en Colombia. Pero es un camino a seguir.

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