El país que se hizo a tiros

“El acto se celebró a veinte kilómetros de Macondo, a la sombra de una Ceiba gigantesca en torno a la cual había de fundarse más tarde el pueblo de Neerlandia”. Con estas palabras el mítico coronel Aureliano Buendía refería el fin de la última de las treinta y dos guerras civiles que perdió, en la máquina de escribir de Gabo. En la realidad, fue en la hacienda de Neerlandia donde el general Rafael Uribe Uribe firmó la paz con el gobierno de Marroquín el 24 de octubre de 1902 y el 21 de noviembre del mismo año la firmaría el general Benajamín Herrera en el buque norteamericano Almirante Wisconsin. Finalizaba así la Guerra de los Mil Días, la última del siglo XIX. 

Un sector de pensadores latinoamericanos está reescribiendo su historia, y Colombia no se escapa a su proyecto. Estos librepensadores, descendientes intelectuales de aquellos de la Ilustración que soliviantaron a Europa para refundarla y reescribirla, tiran al piso aquel adagio según el cual “la Historia la escriben los vencedores”. Si se trata de la Historiografía inmediata estamos de acuerdo, pero cuando el oro también se convierte en polvo el único poder que se impone es el del pensamiento libre. La verdad libre, la más verdadera, quizá la única. Por eso mismo estoy seguro de que alguien escribirá más adelante todos los intríngulis de la dolorosa historia actual de nuestro país, que ya la han comenzado algunos valientes y los mitos caerán, como Pedro Páramo. Es la esperanza.

 

Gonzalo España (Bucaramanga, 1945), es otro de quienes empiezan a rebrujar nuestra “Historia patria”. El, un narrador, también ha incursionado en textos de historia colombiana. Ahora nos acaba de presentar su nueva obra El país que se hizo a tiros (Ed. R. House Mondadori. Debate. Bogotá, febrero de 2013). Pretende en ella hacernos un resumen de nuestro fragoroso y enloquecido siglo XIX, para lo cual toma las nueve guerras civiles más representativas, las únicas que podrían llamarse “guerras civiles”, todo según él, aunque de entrada admite que la clasificación como tales en los conflictos armados de cualquier país, no siempre hay acuerdo.

 

España comienza analizando la llamada “Patria Boba”, de la que hace nuevos aportes que permiten mirar con otros ojos esta guerra, demencial como todas, al igual que la que sufrimos hoy. Cada aristocracia de cada sitio quiso ser estado independiente para disfrutar el poder, la “independencia” del gobierno de los funcionarios del lejano rey. Y en cada provincia cada ciudad o villa, lo mismo. Poblaciones vecinas mirándose feo cada día, mostrándose uñas y dientes cada día, combatiéndose y matándose.

 

La última que trata es la Guerra de los Mil Días. En cada una hace un análisis social, político y económico, con una forma de narrar amena para el lector. El escritor las une todas bajo unas premisas: “¿Qué clase de motor impulsaba aquella violenta dinámica? … buena parte de aquellas guerras se libró en torno al proceso de desmonte de las instituciones heredadas de la Colonia, la erradicación de los censos sobre la tierra, la esclavitud, el tutelaje de la Iglesia sobre el Estado y la educación. A medida que el país encontraba nuevas vías de actividad económica y se creaban nuevos centros de desarrollo, el mundo naciente chocaba a cada paso con el antiguo”. O en palabras de Miguel Samper: “cada revolución o guerra civil no es más que un nuevo combate armado contra la Colonia que resiste y quiere vivir como la hiedra en sus escombros”.

 

Este es otro texto que se suma para entender cómo y por qué nuestro siglo XIX se tragó al XX transformando los conflictos que venían desde allá. Pienso que todavía no ha arrancado nuestro siglo XXI. Los intríngulis del Proceso de Paz –la acción y reacción que ha despertado y el conflicto que generará- podrían ser el verdadero despegue histórico, social, político y económico de nuestro nuevo siglo. Eso no querría decir que el conflicto se habría acabado. ¿Cómo se transformará? ¿Aprendimos la lección?

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