En Nariño hay que parir una democracia

La movilización debe elevarse al plano de las ideas. Hay que quebrar el sentido común. Hay que crear el lenguaje en las calles y en las pantallas. La revolución profunda es la conciencia, las mentes, el lenguaje, el sentido de la tierra y los valores espirituales y comunitarios. De esto brotará otra materialidad.

Ahora, organización, democracia y pensamiento. A mi gusto, la democracia electoral en Colombia y Nariño es un sistema infame sustentado en el culto al voto y justificado por la libre conciencia (que no existe en la miseria), que empodera individuos, sectas y élites de burocracia. Lo contradictorio es que en este momento es el siguiente paso.

La democracia se hace sobre la base de ideas. Esas ideas son lenguaje: imágenes y palabras que expresan visiones del mundo. Esto, claro, es el ideal de la democracia griega, en Colombia es la garantía de preservación en el poder para quienes tienen más dinero, tierra, burocracia y medios de comunicación, y no procesos sociales, comunitarios y territoriales. Ante esa realidad, mejor, no romantizar las narrativas del cambio.

En Nariño queda por parir una democracia de nuevos actores, discursos y conceptos de organización. Somos un departamento de comunidades y territorios con lógicas propias y profundas. Nuestras fuerzas culturales son fuerzas políticas que hoy y siempre, en conexión con la tierra, interpelan el sistema de valores y las construcciones hegemónicas del centralismo colombiano.

La Colombia y el Nariño de las generaciones de la pos-guerra-fría, del Internet, de lo digital, del pos-acuerdo, debe tener sobre la mesa el debate de la descentralización y la configuración de un modelo de regiones. Es momento de elevar la conciencia política y nuestras ideas desde la raíz de nuestra tierra.

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