Encantamiento de sirenas

Las sirenas fueron mujeres-pez de gran belleza y con una preciosa voz. La leyenda del mar del sur cuenta que eran seres humanos en el pasado, pero fueron convertidos en un pez por poderes desconocidos.

La sirena varada 

Era la mulata más apreciada del puerto; tenía piel canela, ojos verdes, y una dentadura muy blanca que servía para localizarla en las noches cuando reinaba la oscuridad. Ella sentía que era la admiración de todos los hombres, a pesar de estar casada con aquel agricultor, el único hombre que la supo conquistar, quien, gracias a su elegancia, y capacidad de trabajo que le había permitido lograr un capital, producto del cultivo grandes extensiones de cacao en la finca, que estaba a media hora de viaje en canoa.

Estaba obsesionada con su hermosa casa en la playa: colgaban coloridas hamacas en la terraza, jaulas de aves tropicales, y la adornaban rosas rojas por toda la sala. El camino hacia a la playa estaba cubierto de palmeras, y empedrado con rocas y caracolas molidas, que la daban consistencia para que la espuma de las olas no se atravesara hasta el jardín que estaba a espaldas de la casa.

Nunca tuvieron hijos. El agricultor atormentado por los celos que le producía ver a la mujer codiciada por los demás hombres del puerto, se entregó al alcohol. Desde ese momento, la casa playera, y la fértil finca, comenzaron a sufrir transformaciones, que nadie podía explicar.

En el delirio producido por el alcohol, el agricultor salió al muelle aquella noche a esperar al Maravelí, buque fantasma que recogía a los hombres sinvergüenzas, y convertirlos en tripulantes eternos de su periplo por toda la costa pacífica. Era tan grande la alucinación de este hombre, que aquella vez, no bastaron sus ruegos para que lo embarcaran, y el capitán del buque Maravalí desistió de llevarlo a los confines del infierno en lo profundo del mar.

Con el tiempo, tuvo tantos problemas con la adicción al alcohol que no podía dormir. Alucinaba con personas del buque fantasma y hablaba con ellas Con el guayabo de la ingesta de licor de la noche anterior, se levantó de la cama para ir caminando solitario hacia la playa. El calor del momento le hizo ver animales que salían del mar, y platicó con ellos. Los pescadores que pasaban por la playa lo vieron hablando con una sirena, a quien le prometió aparearse durante todo el año y tener la cría que no había podido tener con su esposa, si le ayudaba a localizar el buque fantasma.

La sirena le respondió que estaba ahí en la playa viendo caminar a los seres humanos, para aprender a desplazarse fuera del mar. No soportaba estar tanto tiempo en el agua fría del océano, y que no tenía intención de enamorarse de uno de ellos. Le pidió el favor de desaparecer de su vista, porque él parecía un loco que hubieses tragado mucha agua salada.

Luego, en su desvarío, el agricultor dijo que iba a galopar en el caballito de mar hasta el mismo infierno, y como el animal lo eludió, al final, se recostó sobre una tortuga para que lo desplazara sobre las olas en busca de las ánimas del buque fantasma, pero, la tortuga perezosa y enfadada porque no la dejaba dormir, le dijo que se largara.

Pero, el agricultor, siguió con la insistencia de embarcarse, hasta que una noche el Maravelí se lo llevó. La pérdida de su esposo, y la obsesión por la casa, hizo que la mujer se encerrara. No había otro mundo para ella. La apariencia física desmejoró y ningún hombre volvió a sentir admiración por los hermosos ojos color mar. Las vecinas le compraban los víveres en la tienda del pueblo, y le colaboraban con los asuntos personales. No volvió a salir hasta el día de su muerte.

Cuentan que una noche, la sirena quedó atrapada en las redes del Maravelí, y desde entonces es la amante del capitán del buque fantasma que navega por siempre en las aguas tenebrosas del tiempo.

Diálogo en mar adentro

Aquella mañana que Ulises salió a pescar, la marea estaba baja, y jamás regresó. A Greta la invadió la tristeza, y decidió esperar siempre en la playa para reencontrarse. Se quedó vestida con el mismo traje azul que lucía en la ocasión de la partida. Cansada de esperar lo que nunca llegó, le pidió al mar que también se la llevara.

Ella creó un mundo delirante por esperar a su esposo. No le fue infiel, y más bien se enamoró con obsesión del fantasma de su amado. Esa tarde que estaba nadando con sus familiares, llegó una fuerte ola y la arrastró. La búsqueda fue inútil, por ningún lado volvió a aparecer.

Al poco tiempo, un grupo de marineros que llegaban de la faena de pesca, asustados, comentaron en el muelle que, habían escuchado mar adentro el diálogo de una pareja de esposos, en el que ella le recriminaba por qué la había abandonado, y él respondía que se iba a casar con Nereida quien lo tenía embrujado. Su esposa le decía que explicara su encantamiento, y él le respondía que “El Señor de los Mares” le brindó a la sirena Nereida la oportunidad de encontrar el verdadero amor entre los humanos, haciendo bajar la marea para permitirle llegar a la playa, donde lo encontró aquella mañana, y sometió su voluntad con el canto. Pero, puso como condición que, si la búsqueda amorosa fracasara, la marea regresaría y ella se convertía en espuma de mar. La esposa terminó diciendo que, él había preferido a ese ser mitad mujer y mitad pez, y que nadie los iba a separar, y que, de ser posible, hablaría con el mismísimo “Señor de los Mares”.

Después de transcurrido un largo tiempo, los familiares vieron acostado el cuerpo de una mujer sobre la espuma del mar, con la misma ropa que llevaba Greta el día de su desaparición. La levantaron, y con asombro observaron que gozaba de signos vitales, pero no recordaba dónde había permanecido durante aquel tiempo. Le dieron hospitalidad con el objetivo de conseguir información sobre dónde estaban Ulises y Greta. Todo fue inútil…

Los familiares no sabían que la sirena Nereida podía vivir hasta cien años sin adquirir recuerdos. Esa fue la condición que el Señor de los mares impuso, para que encontrara otro amor en el mundo de los humanos, y que Greta. después de haber demostrado el gran cariño que sentía por Ulises, se quedara conviviendo con su esposo en el reino de los castillos dorados.

Para Nereida fue difícil conseguir el hombre que la cautivara. Todos se ahuyentaban al oler su aroma de marisco. La piel bronceada por el sol no tenía vellos dorados sino pequeñas escamas. Permanecía mucho tiempo en el mar. No recordaba nada. En el puerto la llamaron la loca de la playa.

Desesperada, cierto día visitó la pequeña librería del puerto para encontrar una solución al dilema de vivir. El librero notó ciertos rasgos marinos en ella, e intuyendo (lo que no se atrevió a decirle) le sugirió que leyera el cuento de Franz Kafka titulado “El silencio de las sirenas”. Al leer el segundo párrafo, Nereida entendió quién era y de dónde venía. Le preguntó al librero si él conocía las sirenas, y si dicha historia era creíble. El respondió que salvo algunos pescadores que las habían visto en el mar del sur, para la mayoría de los humanos era inconcebible una mujer-pez.

Una noche, con marea alta, la sirena Nereida se echó a nadar en las aguas profundas que había olvidado con el tiempo, y se ahogó. No cayó en cuenta que todavía era un ser humano.

Celos marinos 

El delfín del acuario del puerto no iba a permitir, una vez más, que las sirenas lo apartaran de su show ante cientos de turistas. Un encantador silbido fue lo último que escuchó el instructor del acuario antes de perder el sentido, mientras sus extremidades inferiores se perdían en el hocico alargado del celoso animal. Fue entonces, cuando el delfín recordó que muchos años atrás, había sido la atracción en el mar del sur, hasta que llegaron las voluptuosas sirenas que acecharon a los marineros con su seductor canto, y mandaron al pez al destierro marino.

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